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LEB

El Cáceres sube al ático de la Liga con los de casa

Panadero y Sanguino protagonizan un festival de triples ante un Tarragona combativo que siempre fue a remolque

MANUEL-M. NÚÑEZ

Sábado, 6 de octubre 2007, 03:55

Los tiempos cambian, los jugadores también. De los tiempos ACB a los de la LEB Plata. De una competición tan profesionalizada que hasta se controlan las comas de la estadística a otra en la que se mira hacia arriba con la mejor voluntad. En Cáceres la adaptación a la nueva realidad ha sido tan rápida como modélica. Panadero y Sanguino, dos jugadores de la casa que tuvieron que emigrar para encontrar su lugar sobre una pista de baloncesto, fueron los motores de la tercera victoria del equipo de Fede Pozuelo. Alternaron momentos ambos de verdadera lucidez ofensiva y protagonizaron un festival de lanzamientos exteriores que encontró en la línea de 6.25 un tesoro. El Tarragona, un equipo combativo que da la impresión de no haber asimilado aún su descenso de la LEB, siempre fue a remolque y apenas dio con la fórmula para controlar a un Cáceres que se ha instalado, con sus 'canteranos' y un buen juego colectivo, en el ático de la LEB Plata.

Arrancó la noche de manera extraña, con una salida en tromba de los locales (6-0) que resultó tener un efecto similar a la gaseosa. Apenas duró. La remontada visitante dejó en evidencia a los extremeños, que tuvieron altas dosis de intensidad de la mano de Félix Ortiz. El ex escolta del Mérida se retiró en el primer cuarto con un golpe en una pierna y no volvió a haber noticias. El Cáceres echó de menos su fuego intensivo contra los ataques visitantes, su capacidad para dar siempre un paso adelante y ponerse al mando de la defensa. Pozuelo se la jugó durante muchos minutos con Busciglio en lugar de un Kelvin Peña que luego se entonó, y al que se le vieron hacer lanzamientos de auténtica larga distancia, más cerca de los siete metros que de los clásicos 6.25.

Sin embargo, el partido apenas presentaba doblez. El primer tiempo concluyó con una ventaja aceptable en el marcador (46-35), pero sideral en la valoración (57-19). La estadística no dejaba dudas sobre lo que estaba sucediendo entre un Cáceres con tres jugadores por encima de los 10 puntos de nota, y con los dos locales, Sanguino y Panadero, como estiletes. La tónica se prolongó en la reanudación en un derbi de la capitalidad de neto color cacereño. Como referencia, ningún jugador de los ocho que alineó Esteban Albert en el primer acto se acercó siquiera a la decena de puntos en su valoración.

A Sanguino «4 puntos, dos triples) se le recuerda por Cáceres como último pívot, como un chico de la casa que caía simpático y resultaba insustancial. De la ACB no queda nada ya por el Multiusos, de aquel Sanguino, tampoco. Su carácter amigable con el paisanaje, si acaso. Ahora es un jugador letal, que cuando pisa la pintura decide y que cuando se sale fuera no encuentra defensor. Lo mismo vale para un Panadero (5 de 5 en triples) consolidado como líder natural en su especialidad, el tiro de tres. El ático de la Liga ya es territorio conquistado, aunque compartido.

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