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MANUEL-M. NÚÑEZ
Sábado, 3 de noviembre 2007, 01:45
La Liga se transforma para el Cáceres. Ni siquiera una Liga sin tanto aparato mediático ni glamour como la LEB Plata se presenta a estas alturas como un paseo triunfal para los extremeños, que añoran ya su racha victoriosa del inicio de temporada. Ayer, el Básquet Muro pasó el rodillo por el Multiusos. Todo un detalle si se considera que su ración de derrotas duplicaba hasta ayer a la de victorias. Sin embargo, el cuadro de Fede Pozuelo volvió a sufrir la falta de fuelle que genera la escasez de efectivos, con Félix Ortiz, David Patten y Manu Valdivieso en funciones de observación. Vale la explicación física, porque el baloncesto es mucho más que un deporte de cinco, pero en la caída también hubo mucho de errores propios, de falta de concentración defensiva por momentos y, además, de tiro exterior.
Panadero y Alberto Aspe, los dos aleros titulares, llegaron al último cuarto sin anotar. El capitán, por si fuera poco, lo hizo acumulando tiros triples que se le resistían. Hasta siete al final. Claro que Peña, que engordó su estadística, firmó una serie estrepitosa de uno de nueve, y el propio Aspe se quedó en cero de cuatro. Demasiadas balas de fogueo.
El consuelo del Cáceres , que vivió de sus torres con Grúber como principal referente, fue que ni en sus peores momentos el Muro logró irse en el marcador. El primer acto concluyó casi con una tregua, una especie de pacto de no agresión (32-34) que dejaba en al aire la resolución del asunto para la segunda parte. Y el Muro entró a sacó. Jeffrey Bonds anotó con cierta regularidad, López jugó minutos de calidad y Cage hizo el resto.
Pero el gran mérito fue repartir papeles y responsabilidades, con cuatro hombres al final por encima de los 10 puntos. El Cáceres se fue desangrando y acabó desquiciado con un parcial en contra de 2-17 que puso un vergonzoso 47-68 en el marcador. Su fuerte no fue, desde luego, el ataque contra zona, en parte por la poca puntería de sus tiradores. A partir de ahí, sacaron su orgullo los jugadores de Fede Pozuelo y confirmaron que estaban de vuelta con una remontada de tono épico que se quedó a medias por una cuestión de lógica. Y de física.
Sidao, fiel a sí mismo, se fue antes de tiempo y Peña dio el susto de una posible lesión que al final no fue. El parcial de 16-2 no se tradujo en un triunfo pero hizo posible una derrota digna. Tercera seguida. La cuestión es si con siete basta. Sobre la pista, el equipo está dando la respuesta a viva voz.
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