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CACERES

Un libro recuerda la obra y figura del médico extremeño Ramón Díaz Mora

Fue médico en Perales, Garrovillas y San Sebastián Contó la verdad del asesinato de Melitón Manzanas por ETA en el Juicio de Burgos

SERGIO LORENZO

Viernes, 16 de noviembre 2007, 02:51

«Este libro es un homenaje a los médicos rurales de la mitad del siglo XX en la figura de mi padre», afirma el periodista Luis Carlos Díaz García (Perales del Puerto 1945). El libro lleva por título 'El médico Rural que tocaba a J. S. Bach' y se presentará el día 21, a las ocho de la tarde, en el Colegio de Médicos de Cáceres.

La obra cuenta de una manera muy entretenida la vida de Ramón Díaz Mora, que nació en San Martín de Trevejo en 1907 y murió en San Sebastián en 1975. Ejerció como médico 35 años (de 1930 a 1965), primero en Perales del Puerto y luego en Garrovillas, en donde falleció uno de sus seis hijos. Murió electrocutado cuando tenía 11 años, «habrá gente de Garrovillas que recordará lo que pasó mi padre en aquella época». Luego se animó a ir a San Sebastián porque el hijo mayor acababa de terminar Medicina en Navarra, y en Navarra estaban empezando a estudiar otros dos hijos. Fue médico de la Seguridad Social en San Sebastián y médico forense.

Primer asesinato de ETA

Como médico forense le tocó hacer la autopsia, en 1968 a Melitón Manzanas, jefe de la Brigada Político-social de Guipúzcoa, que fue la primera víctima mortal en un atentado de ETA, el primer asesinato político premeditado. La declaración del médico extremeño en el juicio que tuvo lugar en Burgos fue muy importante para saber la verdad del asesinato. Su hijo recuerda que pasados los años, cuando ya estaba ejerciendo de periodista se lo comentó el abogado Juan María Bandrés, que fue diputado, «Bandrés me dijo que mi padre se había jugado el bigote en el juicio de Burgos, porque declaró lo que había puesto en el informe, que Melitón tenía tres impactos de bala, uno de ellos mortal de necesidad, y no 60 impactos como decía el fiscal militar togado. Cuando el fiscal le dijo que ese disparo mortal de necesidad fue a bocajarro, mi padre dijo que no, que fue a metro y medio de distancia».

Recuerda Luis Carlos Díaz de su padre que cuando no estaba ejerciendo la medicina, siempre estaba leyendo, estudiando o tocando el piano, «tocaba muy bien el piano, ese era su relajo y su diversión. Era un enamorado de Juan Sebastián Bach y de Beethoven. Él también compuso y llegó a hacer varios chotis».

En 'El médico rural que tocaba a J. S. Bach' se recogen escritos que él publicó en revistas de la época, la mayoría médicas, y también anécdotas que le habían pasado a él o familiares suyos, ya que los médicos de San Martín de Trevejo, Valverde del Fresno y Eljas eran sus cuñados.

Contra las lombrices

Son muchas las anécdotas llenas de ironía y humor, como cuando narra la visita que hizo a su consulta del pueblo el Tío Fidel, en la que le descubrió el remedio que había usado para acabar con las lombrices: «Llamé al enterraol y tras mucho palrao, le tuve que dar una peseta pa que se convenciera: entramus una nochi en el cementeriu. Rebuscamus en un montón y me llevé pa casa tres o cuatro huesus de los más blanquitos que encontré. Los tosté en la piedra de la lumbri, los molí bien molíos y los eché en media azumbre de aguarduiente. Toa la nochi anduve, tragu va, tragu viene, hasta que dejé vacío el jarru. Cuando me desperté al día siguiente a eso de la meyudía, me tiré de la cama y aquellu fue manu de santu. Me entró una soltaera de barriga y una dagarrina que por lo menus eche un celemín de bichus. Entoncis me dije: agora sí que estoy curao. Y se fue. En jamás de los jamasis las he vueltu a tenel».

Ramón Díaz era un defensor del 'mañegu', la forma de hablar de su tierra que él decía que procedía de El Bierzo.

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