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EFE
Miércoles, 9 de enero 2008, 02:35
Meike Köhler y Salvador Moyà, científicos del Instituto Catalán de Paleontología (ICP), afirman que el hombre de la isla indonesia de Flores -que vivió hace 18.000 años, medía un metro de altura, pesaba 25 kilos y tenía un cráneo extremadamente pequeño- era un individuo con malformaciones y no de una especie nueva. En un artículo publicado en 'Trends in Ecology and Evolution' echan así por tierra el argumento mantenido por diversos paleontólogos de que las particularidades del esqueleto del 'homo floresiensis' se deben a adaptaciones a la insularidad de su hábitat.
En octubre de 2004, 'Science' publicó un trabajo dirigido por Dean Falk en el que afirmaba que los restos del hombre de Flores no eran de un hombre moderno afectado por enanismo o microcefalia, sino que era consecuencia de la evolución del 'homo erectus' o de una especie anterior.
Köhler y Moyà dicen que en las adaptaciones de los mamíferos a la vida insular y a la falta de recurso se observan tres características. La primera es «una reducción de los órganos sensoriales y motores y sus áreas relacionadas: por ejemplo, los ojos y las cuencas son más pequeños de lo que normal, pero éste no es el caso del hombre de Flores, que mantiene el rango de dimensiones propios del 'homo sapiens', con ojos pequeños de acuerdo con sus dimensiones reducidas».
Glaciación
Destacan sus huesos de movilidad difícil, con húmero y tibia malformados, además de asimetrías entre las partes izquierda y derecha del cráneo, y entienden que no son adaptaciones a la vida insular, «sino malformaciones que no les permitían ser buenos cazadores». «Para decir que el hombre de Flores era un enano, usan el argumento de que el elefante enano Stegodon apareció en esta isla, pero éste se extinguió hace 800.000 años y hasta ahora no hay pruebas de que el Stegodon enano existiera hace 18.000 años».
Hace 18.000 años ocurrió la última gran glaciación, con un descenso del nivel de los océanos y la posibilidad de mayor movilidad: «Seguro que este hombre no estaba aislado, por lo que el argumento de que su morfología sea fruto de una adaptación a la vida insular no tiene fundamento».
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