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Domingo, 10 de agosto 2008, 03:17
El viajero para en seco el coche en una esquina de Montroig al ver una señal que indica el camino hacia Miami. Piensa que ha visto mal. Pero no. Pregunta por ahí y se lo explican. «¿No, no, Miami no es un pueblo! Empezó en los 60 y era una urbanización con cuatro casas, porque a la playa no iba nadie. Y mira ahora... Es más grande que el pueblo», dice una vecina con cierta contrariedad. El viajero nota enseguida el pique ancestral entre los del pueblo y los veraneantes.
Es verdad que a la playa antes no iba nadie, era algo de ricos ociosos. El viajero intenta imaginarse a los hombres prehistóricos en la playa, tumbados sin hacer nada, peludos y con el garrote. Sin duda es una cosa moderna. ¿De qué viviría España ahora si no se hubiera inventado el turismo? El viajero enfila hacia Miami, a ver cómo es. Un Miami en Tarragona le suena como la película de 'París, Texas'. Pero en vez de una ex mujer que trabaja en un club, como en el filme, el viajero encuentra a dos señoras muy simpáticas de Vitoria. Aunque están vestidas con lo puesto, de playa, tienen un aire elegante. «Aquí, esperando el tren chu-chú de los guiris para ir a Hospitalet», explican.
Resulta que es el único medio de transporte, porque no hay autobús ni nada. El viajero piensa que por fin el maldito trenecito tiene una utilidad. Las señoras vienen desde hace 23 años, les parece que las calas de la zona tienen encanto, pero aunque Miami ha crecido mucho sigue muy mal. «Es que hasta hace poco no había ni aceras», apuntan. Se ve que, cuando llega el ladrillo, todos contra la pared. Lo primero es construir, luego ya se verá. Según la gente, este descontrol se debe a que es municipio de Montroig, se quedan allí con el dinero y no se preocupan de Miami. A las señoras de Vitoria el nombrecito también les hace gracia. «Cuando digo que me voy de vacaciones digo a Miami, Tarragona, no a 'Maiami'», explica una.
El viajero las saluda y se mete en el descapotable. Luego piensa que es más educado ofrecerse a llevarlas hasta el pueblo, pero rechazan amablemente la invitación. Le parece que quizá desconfían de entrar así en el coche de un extraño, y la verdad es que nunca se sabe, con lo que se lee en los periódicos. Antes de salir el viajero pregunta en la oficina de turismo. Hay una en cualquier playa de España, con una despensa de folletos. Ésta la regenta un chico joven, y le pregunta por el nombre del pueblo. Responde sin pestañear:
-Bueno, tiene relación con Miami Beach.
-¿Ah, sí? ¿Qué relación?
-No, el nombre.
Para tocarle un poco las narices, el viajero le pregunta por la central nuclear de Vandellós, que está ahí al lado. Pero el chico ni se inmuta y mecánicamente coge un plano. «Nosotros estamos aquí y la central está aquí, tiene que coger esta carretera...». El viajero opina que es muy profesional.
El viajero quiere husmear en la central nuclear, al menos verla, pero no sabe por dónde se entra, porque no lo indican. Sólo pone 'C.N. Vandellós'. ¿Qué podrá ser 'C.N.'? ¿Campo de Nabos? ¿Centro de Neurasténicos? ¿Cultivo de Nísperos? Así que el viajero sigue su camino. Sólo ve una fábrica rarísima al borde del mar. Hace poco hubo un accidente en la central de Ascó, que está también muy cerca, pero se ocultó durante meses. Días después leerá en el periódico que hubo otro percance, justo en esos días, en Vandellós. También ponía que ambas eran las centrales más chapuceras de España, otro superlativo del Mediterráneo. Quién sabe si fue ahí, en esa fábrica tan rara al lado de las playas de Miami.
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