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SERGIO DANIEL BOTE S. D. B.
Domingo, 24 de agosto 2008, 13:46
Nadie es profeta en su tierra, dice el viejo refrán popular, aunque por suerte es una realidad que está cambiando. Hacerse un hueco en el campo de la música lírica no es fácil, y eso lo sabe bien la soprano Delia Agúndez (Cáceres, 1982). Con apenas 20 años, tomó una decisión difícil pero necesaria: tenía que dejar Extremadura para formarse lejos de su tierra, en el prestigioso Conservatori del Liceu de Barcelona. Allí ha pasado los últimos cuatro años, «casi cinco», matiza. Además de completar su formación en Cataluña, en ese tiempo se ha licenciado en Historia y Ciencias de la Música en la Universidad de la Rioja con mención de honor al mejor expediente académico de su promoción. Como solista, ha recorrido la comunidad catalana, pero también ha actuado en numerosos puntos de Extremadura. Estos días ha regresado a su ciudad natal para actuar en las ruinas del campamento romano de Cáceres el Viejo. Actualmente, forma parte de la Compañía Joven de Ópera del Liceu, y también ha sido integrante de su coro de cámara femenino a las órdenes de Daniel Mestre.
-¿Cómo recuerda sus primeros pasos en la música lírica?
-Como extremeña, mis primeros momentos en la música se han dado aquí. Antes de irme a Barcelona me he curtido en pequeños y grandes escenarios dentro de Extremadura. En Cáceres he cantado en pequeñas salas, en el conservatorio, en el Auditorio, en el Gran Teatro... También he cantado en el López de Ayala de Badajoz y en el Teatro Romano de Mérida. Todo este rodaje ha sido una base formativa importante en mi carrera.
-Además del Teatro Romano de Mérida, también acaba de cantar en las ruinas de Cáceres el Viejo. ¿Siente algo especial actuando en lugares con tanta historia a su alrededor?
-El sitio es mágico, lo percibimos desde que fuimos a conocerlo y hacer los ensayos. No todo el mundo sabe dónde está y hasta hace poco tiempo estaba abandonado. Ahora se ha creado allí un centro de interpretación precioso que da una visión muy bonita de los inicios de mi ciudad. Además, tiene de especial para mí que es el primer lugar donde actúo después de marcharme a Cataluña y de mi experiencia en el Liceu de Barcelona. Mucha gente estaba esperando para ver cómo ha vuelto la pequeña niña que se fue a Barcelona, convertida ya en mujer.
-Usted es extremeña y tiene una intensa relación con Cataluña... ¿qué opina sobre las recientes polémicas que se han sucedido entre ambos territorios?
-Llevo casi cinco años en Cataluña y no me puedo quejar. Es cierto que hay piques, pero a la hora de la verdad los catalanes son muy acogedores y muy abiertos, y cuando ellos vienen aquí alucinan con nuestra región, les encanta. Siempre me dicen «no tenéis ni idea de las cosas que tenéis en Extremadura y de lo preciosa que es». Son más de juegos políticos y de tirar piedras sobre el tejado del otro que de realidades.
-Además de solista, a lo largo de su carrera ha pertenecido a diversos coros. ¿Qué le aporta esta experiencia?
-En realidad yo me considero polifacética. Creo que la formación de un cantante debe realizarse en muchos ámbitos para convertirse en un músico completo. En el ámbito solístico me he formado como soprano, pero en los coros he aprendido a escuchar, a trabajar con los demás, y no sólo desde el punto de vista musical, sino también humano. También he estudiado Historia y Ciencias de la Música porque creo que es tan importante la parte práctica como la teórica.
-Aparte de su ascendente carrera musical, continúa con sus estudios de Historia del Arte...
-Así es. Yo empecé esa carrera en Cáceres pero me fui, luego acabé otra carrera... y me quedó la espina clavada porque me parece una carrera preciosa y humanísticamente te llena, y tengo mucha ilusión por acabarla. Es pura vocación, no es por temas laborales.
-¿Cuáles son sus iconos de referencia en el mundo de la música, a quién desearía parecerse?
-Las cantantes somos muy orgullosas, no nos queremos parecer a nadie, y las comparaciones son odiosas (sonríe)... Sí es cierto que tengo dos iconos de primera línea, Cecilia Bartoli y Renée Fleming, pero no solamente porque tienen unas voces increíbles y saben trasmitir, sino porque da la sensación de que fuera del escenario son personas, y eso para mí es fundamental. Hay muchos músicos que llegan a ciertos niveles en los que empiezan a mirar por encima del hombro, y ellas las admiro como sopranos pero también como personas.
-Huye, pues, del divismo.
-Estoy en contra del divismo. Yo creo que se puede ser un gran intérprete pero a la vez hay que seguir siendo humano cuando uno se baja del escenario.
-¿Se valora lo suficiente a artistas como usted en Extremadura?
-Hay que hacer más. He de reconocer que se están haciendo esfuerzos. Con Cáceres 2016 se está intentando llevar a cabo muchas ideas y otorgar oportunidades, pero nunca es suficiente. Necesitamos que las instituciones estén ahí. Yo me tuve que ir, y eso no es fácil, me hubiera gustado tener más apoyo. Ahora vuelvo y todo es muy bonito, pero no ha sido sencillo, salir de la tierra es duro. Hay que aprovechar el tirón cultural que tiene Extremadura, es un buen momento para dar un empujoncito a todos los jóvenes valores, ya sea en el canto como en otros ámbitos artísticos. Sus primeros pasos en la música se dieron en la ciudad de Cáceres, en el Conservatorio, donde estudió piano y canto, y eso pesa mucho, aunque después se haya seguido formando en la capital catalana. Así, actuar en las ruinas del campamento romano de Cáceres el Viejo, ayer por la noche, enclavado en el trazado de la antigua calzada romana de la Vía de la Plata, es para ella «algo mágico y precioso».
Por eso asegura que le «hacía mucha ilusión volver a actuar en Cáceres». Prácticamente no hay espacio escénico de la ciudad en el que ella no haya cantado antes (ha pisado el escenario del Gran Teatro, el Auditorio, el propio conservatorio y otras salas de menor tamaño), así que la oportunidad que le han brindado los 'Encuentros con la Música' -que llevan celebrándose tres años en la Vía Plata- era algo «alucinante».
En el centro de interpretación de las ruinas romanas, Delia Agúndez interpretó piezas (óperas y zarzuelas) de Donizetti, Puccini, Schumann, Sorozábal, Toldrà y Chapí. Al piano le acompañó Gonzalo Redondo.
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