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M. A. FERNÁNDEZ
Viernes, 31 de octubre 2008, 14:24
Llegó el día. Ayer amaneció gris y con una incesante lluvia en Villanueva de la Vera. Daba igual. Después de muchos años, muchas investigaciones y muchas esperas, la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) inició la búsqueda y excavación de fosas comunes de la Guerra Civil en esta localidad. Desde las diez de la mañana una excavadora prospectó la zona de posible ubicación de una fosa de las tres que tienen previsto abrir. El objetivo era localizar los restos de Úrsula Sánchez Mate y Bernarda García Hernández, asesinadas el 26 de septiembre de 1936. «Mi tía tenía 26 años cuando la mataron, yo no la conocí pero oí hablar mucho de ella a mi abuela», explica Juliana García, sobrina carnal de Bernarda. Han pasado más de 72 años, pero la emoción no tiene fecha de caducidad, y Juliana se muestra nerviosa, expectante... «Estoy aquí por mi padre y por mi abuela, que sufrieron mucho. Recuerdo ir con mi abuela de la mano y cruzarnos con personas a las que ella llamaba criminales; nunca tuvo miedo». Al lado, los hermanos Gorka y Jon Antón no pierden detalle de la búsqueda de los restos de su bisabuela Úrsula. «Estoy muy orgulloso, hoy comienza la historia; vamos a descubrir cómo las torturaron y cómo las asesinaron. Cuando las enterremos es cuando se cicatrizarán las heridas», sostiene contundente Jon, quien reservó sus vacaciones para estar presente en un momento que lleva dos años esperando. Autorización de Garzón Esta excavación es la primera que se hace en España, según Lucio García, miembro de la ARMH y familiar de cinco desaparecidos en Villanueva de la Vera, tras el auto del juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón por el que se manifiesta competente para investigar los crimenes cometidos durante la Guerra Civil y el Franquismo. Con la autorización del magistrado se ha puesto fin a la espera de los familiares. «Yo pensaba que con todo esto de Garzón el tema se iba a ralentizar, pero todo lo contrario, se ha precipitado», apunta Juliana García. En mayo, la Junta gestionó el estudio de la zona con un georadar, artefacto que determinó que había habido alteración del subsuelo en la zona marcada por los familiares en el paraje conocido como 'Las albarizas del Tudal'. Nada de nada La máquina excavadora no paró en todo el día. Garrafas con combustible iban y venían. No había tregua. Unos 20 metros de longitud, aproximadamente tres de ancho y más de un metro de profundidad en algunos puntos, son las coordenadas y el resultado de la jornada de trabajo de ayer. ¿De los restos? Nada de nada. «Hemos visto que a medio metro de la superficie ya sale agua y las corrientes han podido alterar el terreno. Además de húmedo, es un suelo muy ácido por el sustrato granítico, que con el agua tiene un efecto muy corrosivo en los materiales orgánicos, que con el paso del tiempo desaparecen». Ésta es la explicación profesional de Jimi Jiménez, arqueólogo del departamento de Antropología de la Sociedad Científica Aranzadi. Paleta en mano, Jiménez se cercioró continuamente de que los huesos que iban surgiendo de vez en cuando entre la tierra no eran humanos. Hubo varias falsas alarmas. Ni huella de Úrsula y Bernarda, de momento; el trabajo acaba de empezar. «Nuestro principal objetivo es que todo el que esté implicado quede satisfecho por la labor realizada. El terreno se seguirá removiendo hasta que los familiares lo consideren oportuno», adelantó Jiménez. La decepción asomó en ciertos momentos entre la lluvia y el frío, pero los familiares no pierden la esperanza. «Si hemos esperado dos años, podemos esperar dos horas más, dos días más... Sabemos que están aquí», subrayaba con firmeza Jon Antón. Nueva fosa Al final de la jornada, miembros de la ARHM y familiares intercambiaron impresiones: «No hay restos de calzado, tampoco»; «la costumbre aquí era ir descalza»; «dicen que las dos llevaban pendientes»; «pues el detector de metales no ha indicado nada, pero eso es difícil de encontrar...». A unos 200 metros de distancia, se encuentra otra fosa con los restos de Florentina Quintana, Ángela Tornero y Ana Tornero, una madre y dos hijas, la abuela y las tías de Lucio García, que lleva investigando desde 1988 su desaparición y la de otros dos tíos suyos. «Yo quiero dignificarlas», afirmaba con la voz y la mirada. El alcalde de Villanueva, José Antonio Rodríguez, ha ofrecido ya dar el nombre de «víctimas de la represión» a una calle del pueblo. Hoy, pico y pala en mano, se comenzará a abrir esta nueva fosa. Mientras, la excavadora continuará buscando a Úrsula y Bernarda. Y si hay tiempo, se irá a por la tercera, que está en Valverde de la Vera. Queda mucha historia.
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