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MIGUEL ÁNGEL MARCOS
Lunes, 3 de noviembre 2008, 18:31
Lucio García Tornero tiene cinco familiares enterrados en los alrededores de Villanueva de la Vera, víctimas de la represión del bando nacional en los primeros meses de la Guerra Civil. Su abuela, dos tías y un tío hijos de ésta, y el marido de una de ellas. Sin embargo, en sus mesurados y serenos razonamientos no hay un ápice de rencor. Solo quiere que descansen en un lugar digno. Empezó a pelear por ello hace dos décadas y ahora, por fin, ve la luz. Los restos de las tres mujeres se buscan desde el jueves en el paraje de las 'albarizas del Tudal', al amparo del auto del juez Baltasar Garzón. Su abuela era Florentina Quintana Huertas, de 62 años. Sus tías, Ángela Tornero Quintana, de 27, divorciada, sin hijos, y Ana Tornero Quintana, de 25, casada con José Naranjo, del que enviudó doce días antes de morir ella al ser también asesinado. Tenía una hija de quince meses y estaba embarazada. Las tres fueron asesinadas el mismo día, junto con Úrsula Sánchez, de 58 años, natural de Madrigal de la Vera, aunque vecina de Villanueva -y también viuda unos días antes- y Bernarda García de 26, soltera. En septiembre del 36 Los hechos, relata Lucio, ocurrieron el 26 de septiembre de 1936. Unos días antes las habían detenido los falangistas, les habían cortado el pelo, como era costumbre, y purgado con ricino. Estuvieron retenidas en el Ayuntamiento junto con otros vecinos, los hombres en una planta y las mujeres en otra. Hasta que la mañana de ese 26 de septiembre las sacaron y las llevaron al paraje conocido como 'las albarizas del Tudal', donde las pusieron a recolectar carillas. Los falangistas, según testimonios recogidos después, se pusieron al borde del sembrado y las tirotearon durante dos horas. «Fue como una cacería. Creemos que murieron desangradas desparramadas por el sembrado corriendo». Los verdugos buscaron entonces a vecinos de fincas próximas para que las enterraran, y, ante las dudas de algunos de ellos, les dijeron que de no hacerlo correrían la misma suerte. Según contaron después, los 'enterradores' creyeron que su tía Ana, la que estaba embarazada, seguía viva porque se movía. «Uno de los falangistas cogió la azada con la que cavaban la tierra y la rompió la cabeza diciendo 'ya no está viva', cuando lo que se movía era el feto. Las enterraron bastante bien dentro de las circunstancias», apunta. ¿Por qué las mataron, si no eran ni políticas ni sindicalistas y ni siquiera tenían formación? «Eran jornaleras del campo, analfabetas. Mi familia no tenía nada más que los brazos para trabajar. Mi abuela era viuda, con 62 años, y tenía seis hijos. Y viuda de las que no podía tener nada, de bastantes años, porque mi abuelo siempre estuvo enfermo, al contraer una enfermedad del trópico cuando estuvo en la guerra de Cuba», cuenta el nieto de Florentina. Falangistas del pueblo Ya conocemos a las víctimas. A cinco de las víctimas enterradas en fosas próximas a Villanueva, porque hay más. Al menos un grupo de cinco hombres y otro de doce en distintas zonas. Pero ¿quienes fueron los verdugos, las personas que las ejecutaron? Eran vecinos del pueblo, lo que para Lucio García resultó aún más doloroso, ya que obligó a convivir durante décadas a familiares de las víctimas con los verdugos, cuando lo habitual era que los falangistas no mataran en sus pueblos, sino en poblaciones que no fueran la suya. «Date cuenta que Villanueva tenía entonces el doble de habitantes que ahora y solo era la plaza y las calles de alrededor. En ese hacinamiento tuvieron que convivir». De hecho el último de los seis o siete falangistas que intervinieron murió hace dos años. Por supuesto que no tuvo contacto con ninguno, aunque sí con sus familiares. «Por mucho que quieras perdonar, no puedes, afirma. Pero todas las víctimas hemos tenido claro siempre que quien lo hizo lo hizo y los familiares no tienen nada que ver. Yo mismo tengo amigos que son hijos de ellos». A tenor de sus palabras parece claro que en su empeño por desenterrar los cadáveres no hay rencor ni revancha. Solo justicia. «Era un ansía de mi madre que decía que estaban tiradas en el campo como perros y las quería enterrar. Lloraba mucho». La tesis de Julián Chaves Fue su madre quien le contó lo ocurrido, al contrario de lo que sucedió en muchos hogares, en los que era un tema tabú del que no se podía hablar. «Mi madre nos lo contó siempre todo, desde pequeño», añade. Aunque tuvieron que pasar bastantes años, hasta 1988, para que empezara a interesarse más. Fue al acompañar al historiador Julián Chaves, que le pidió ayuda cuando estaba haciendo su tesis doctoral sobre la represión durante la Guerra Civil en Cáceres. «Estuve con él tomando testimonios y tomé más interés del que ya tenía», indica. ¿Y por qué no lo ha hecho antes? ¿Le han puesto muchas trabas? «He sido muy realista, porque veía que antes no se podía hacer. Hasta el año pasado, que salió la ley de la Memoria Histórica. Sé que hay gente que lo ha hecho, pero era muy costoso. ¿Que si me he enfrentado a gente del pueblo por esto? No, enfrentamientos no, pero hay quien no lo entiende muy bien. Me dicen que para qué lo hago, que agua pasada no mueve molino. Yo les contesto que cuando muera su padre no le entierre y le deje por ahí. Pero problemas no ha habido». No encuentra respuestas Después de tantos años de lucha, para Lucio estos días están siendo muy emocionantes. Agradece enormemente la labor del juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón. Ha tenido una tienda y ha sido constructor, aunque ahora, con 65 años, está jubilado, lo que le ha permitido profundizar en el tema. Lo ha hecho, sobre todo, para encontrar respuestas de por qué ocurrió lo que ocurrió. «No las he encontrado, reconoce. Me supera cómo pudieron hacer esto de una forma tan brutal y tan cruel. Esto no se puede repetir, y para que no se repita hay que darle publicidad y que se sepa la verdad». Además de al juez Garzón y a la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, los familiares de las víctimas que se buscan en Villanueva -en cuyo nombre habla Lucio- están también muy agradecidos a la Junta de Extremadura y al Ayuntamiento, que no solo aporta maquinaria, la Policía Local y la presencia del alcalde en las excavaciones, sino que se ha ofrecido a cederles gratis nichos para enterrar dignamente a sus difuntos. Aunque sea 72 años después de su muerte.
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