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Miércoles, 26 de noviembre 2008, 02:37
A quienes le tuvieron de profesor, quienes disfrutaron con sus versos o compartieron con él la preocupación por la cultura, en general, y por la literatura, en particular, les cuesta creer que Ángel Campos Pámpano haya muerto. Tenía 51 años. Sus amigos le lloran mientras le dan el último adiós a un poeta al que la enfermedad aparta de forma súbita y para siempre de sus anhelos. El discurso interrumpido de Ángel Campos, como autor y como editor, queda ya para siempre en sus libros y en su ejemplo. El castellano y el portugués pierden una voz con dos acentos; Pessoa y otros autores lusos se quedan sin un admirador, traductor y amigo, y Extremadura dice adiós a un autor de fuste. Pero la muerte no agranda la obra de Campos, sólo la enmarca.
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