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ANTONIO ARMERO
Lunes, 1 de diciembre 2008, 10:36
POR momentos, ayer, en La Ribera del Marco, hubo alguna que otra retención de tráfico. A la una y media de la tarde, los conductores que aguardaban su turno en el semáforo situado frente a la clínica San Francisco tenían que esperar un par de minutos para pasar. Nada importante, pero sí ilustrativo. Eso y el trasiego de gente por las aceras indicaban que algo sucedía en el barrio. Y lo que ocurría era que había una fiesta. No es que la fecha coincidiera con un santo que tenga algo que ver con la zona. La celebración no tenía una justificación concreta, ceñida a una conmemoración al uso, como es costumbre en estos casos. Se trataba de salir a la calle, juntarse los vecinos (los de aquí, los de allí y los de un pocos más lejos, todos estaban invitados) y cantar las excelencias de la zona. Y ciertamente, no hay que escudriñar demasiado para encontrar argumentos con los que alabar a La Ribera del Marco. Quizás sea el centralismo dominante, o la rutina salvaje que impide a muchos detenerse y mirar, o la modernidad mal entendida. El caso es que a muchos, las bondades del lugar le pasan desapercibidas, cuando no le resultan ajenas. Y desterrar creencias erróneas y mostrarse al natural estaba en el trasfondo de '¿Todos a las huertas', la propuesta que ayer cambió el ritmo habitual en La Ribera del Marco. A un paso del centro De entrada, estamos ante un espacio natural a un paso del centro urbano. Un respiro entre tanto humo. Huertas a tiro de piedra de carreteras de doble carril. Agua (que no sobra) en medio del bullicio. Comida que sale de la tierra y va a la mesa; verde y caminos que aprecian los que los conocen e ignoran convencidos urbanitas que recelan del paseo tranquilo, si quiera cuando no hay que trabajar. Pesqueras, fuentes, senderos, puentes... El patrimonio de La Ribera del Marco tomó el protagonismo de la mano de quienes más cerca lo tienen, probablemente los más autorizados para difundirlo. «Hemos concebido la fiesta como una excusa para hacer visible lo que hay aquí y los proyectos que se están desarrollando», justifica Ricardo Antón, uno de los organizadores. Lo de ayer se enmarca en el programa de dinamización del lugar, adscrito a la iniciativa Urban Calerizo, del Ayuntamiento de Cáceres. Se trataba, pues, de profundizar en ese trabajo que empezó hace unos meses, y en el que de una forma u otra, de manera más o menos directa, participan un buen número de vecinos. Y dentro de la oferta de '¿Todos a las huertas!' había variedad de opciones. A la entrada al barrio, junto a la rotonda del puente de San Francisco, un autobús de la red de telecentros con ordenadores en los que difundir otra de las herramientas del programa municipal: la web riveradelmarco.ayto-caceres.es. El sitio se presenta como un punto de encuentro digital para hablar sobre La Ribera. Una pancarta Más actividades: visitas guiadas (de la mano de quienes mejor conocen los rincones de esta zona), la cama elástica y los zancos para los niños, el puesto de productos de la huerta, cuentacuentos, la música (con las actuaciones de Alonso Torres y María del Mar Castillo, Find Emma y Carlos Ojeda) y claro está, la comida popular. En el bar de Rosi, comidas del mundo, y en la carpa instalada junto a la sede vecinal, un considerable perol con un guiso de berzas preparado por la gente del barrio. En definitiva, multitud de opciones para una cita festiva, popular, que arrancó con un pasacalles que tuvo su punto de inicio en Cánovas, el paseo más popular de la ciudad, a diez minutos andando de La Ribera. Entre las pancartas de ese pasacalles, una fiel a la realidad: 'La huerta no está muerta'.
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