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La consejera Leonor Flores y las hijas de Ángel Cmpos recogen el Premio Eduardo Lourenço en reconocimiento al escritor./CEDIDA
Un viaje más allá de Portugal
La semana cultural

Un viaje más allá de Portugal

El repentino fallecimiento del poeta Ángel Campos Pámpano sume en una profunda tristeza el mundo de la cultura lusa y extremeña

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Lunes, 1 de diciembre 2008, 10:39

No podíamos comenzar nuestro repaso por lo acontecido en la cultura extremeña sin recordar a Ángel Campos Pámpano. El martes nos sorprendía la noticia de su fallecimiento. El poeta extremeño, que nació en San Vicente de Alcántara hace 51 años, emprendía su último viaje. Esta vez, más allá de su querido Portugal. Un viaje rápido, si apenas tiempo para hacer las maletas.

Hoy sus cenizas reposan en tres lugares para él importantes: su pueblo, San Vicente de Alcántara, su campo en Jola, cerca de la Codosera y en su amada Lisboa. Hoy todos lloramos su pérdida.

Ángel estudió Filología Hispánica en la Universidad de Salamanca y fue profesor de enseñanza media durante 20 años en institutos de Extremadura donde hoy recuerdan con tristeza y cariño a quien supo, con su trato amable y cercano, acercar a los jóvenes el mundo de la literatura haciéndolo atractivo y apasionante. Porque bajo su aspecto grande, su voz serena, grave y profunda (que bien podía haberse dedicado a la radio) había un Ángel, que ganaba en las distancias cortas, mostrándose siempre amable y educado y dispuesto a participar en cualquier acto literario que le pidiesen.

Los últimos ocho años fue feliz impartiendo enseñanza en el Instituto Español Giner de los Ríos en Lisboa, de donde regresó este año tras el verano para reincorporarse a su trabajo en el Instituto Zurbarán de Badajoz.

Era uno de los traductores de la literatura portuguesa más destacados del panorama hispanoamericano, actividad que combinó con un fuerte empuje en las relaciones de conocimiento e intercambio entre ambas culturas haciendo que todos nos sintiéramos alguna vez, al otro lado de la frontera.

Tradujo al español obras de autores de la literatura portuguesa del siglo XX, como Fernando Pessoa, Carlos de Oliveira, António Ramos Rosa, Eugénio de Andrade y Sophia de Mello (por la que recibió el premio de traducción Giovanni Pontiero ), entre otros. Su antología de Pessoa Un corazón de nadie, publicada en Galaxia Guttenberg/Círculo de Lectores le proyectó a los círculos intelectuales nacionales e internacionales.

Acababa de ser reconocido con uno de los galardones más importantes del mundo iberoamericano de las letras: el Premio Eduardo Lourenço, otorgado por el Centro de Estudios Ibéricos de Guarda que reconoce a personalidades e instituciones portuguesas o españolas que hayan tenido una intervención relevante en el ámbito de la cooperación de las comunidades ibéricas. Galardón, que dado lo precipitado de su muerte, no le dio tiempo a recoger. En su nombre lo hacía la Consejera de Cultura y Turismo, Leonor Flores, quien destacó su vocación ibérica por construir un oeste común en sus poemas, traducciones, revistas y libros para formar un tapiz en el que la cultura española y extremeña dialoguen. Para él no existía frontera que separara los dos lugares que siempre llevaba en su corazón: Extremadura y Portugal.

Como poeta, siempre destacó. Comenzaría en 1986 con Materia del olvido. En 1988 escribía su más importante creación: La ciudad blanca. Un libro pionero, de poesía meditativa, impresionista y de fuerte impacto del conocimiento y gozo de Portugal, de su lengua, de su cultura y de su literatura, especialmente la poesía. Tras él, Caligrafías (1989), Siquiera este refugio y Como el color azul de las vocales, ambas escritas en 1993, De Ángela (1994), La voz en espiral (1998), El cielo casi y El cielo sobre Berlín escritas en 1999, Jola (2004) y Por aprender del aire (2005). También en el 2004 escribía una emotiva elegía La semilla en la nieve donde lloraba la muerte de su madre y por el que le fue concedido el premio Extremadura a la Creación. Antologías, estudios críticos y artículos completan su producción literaria. Antes de marcharse pudo conocer La vida de otro modo. Poesía 1983-2008. Un volumen prologado por Miguel Ángel Lama que recoge toda su creación poética que acaba de ser editado por Calambur con ayuda a la edición de la Consejería de Cultura y Turismo.

La crítica destacaba en sus obras la intensidad de su lectura del espacio, la calidad de sus poemas en prosa y la progresiva simplificación y austeridad expresiva, con fuerte presencia en su obra de la literatura portuguesa.

Además de sus traducciones y sus numerosas actividades, era fácil verle en actos culturales: exposiciones, presentaciones de libros, encuentros literarios, poéticos, etc. El último en el que le pude ver fue el pasado 16 de octubre en la Biblioteca de Extremadura. Se presentaba la exposición fotográfica Compañeros de viaje. 25 escritores extremeños de Laura Covarsí. Él iba acompañado de su hija Paula, y comentaba con Justo Vila algunas anécdotas al ver su imagen serena colgada en aquella pared junto a la de otros escritores.

Fundó y dirigió las revistas Espacio/Espaço escrito y Hablar/Falar de Poesía, que sirvieron como vínculo de unión entre las culturas y literaturas lusas y españolas. Presidió la Asociación de Escritores Extremeños y en 1992, fundó el Aula de Poesía Enrique Díez-Canedo de Badajoz en la que han participado casi un centenar de autores de reconocimiento internacional visitando instituciones culturales e institutos de enseñanza de toda la región acercando la lectura de sus obras. Bajo su mandato como Presidente de los escritores creó los Talleres de Relato y Poesía. También se adentró en el mundo de la edición. En 1994, ponía en marcha junto a sus amigos Pedro Almoril, responsable de Indugrafic y de Manuel Vicente González Ediciones del Oeste, una pequeña editorial privada extremeña, con una importante producción literaria hoy.

Hablaba hace unos días, antes de que los tristes acontecimientos se precipitaran, de Ángel con Merche Barrado, buena amiga común, quien me mostraba la última felicitación navideña que, vía sms, Ángel le hacía llegar a su teléfono móvil el pasado año y que ella aún conserva: Sed sublimes. Él lo era y en estos días de frío invierno, desde donde esté, seguro que seguirá sembrando sus semillas en la nieve.

Imágenes de un triste pasado

El pasado jueves se inauguraba en la sala de Exposiciones del Archivo Histórico Provincial de Cáceres la muestra Recuerdos enterrados: las fotografías de Henryk Ross, el documento gráfico más completo de la vida en el gueto judío de Lodz, el segundo más importante de Europa, durante la ocupación nazi de Polonia en la II Guerra Mundial. La exposición testimonia la vida en el gueto a través de más de 150 imágenes. Frente a la memoria más conocida de los guetos, donde el sufrimiento, la tristeza y la desesperación eran parte del día a día, en las fotografías de Henryk Ross aparecen personas para las que la alegría es una emoción que no han olvidado. Las conmovedoras instantáneas de Ross muestran el sueño de aparente normalidad del que disfrutaron los cerca de 8.000 judíos que colaboraron con los alemanes para hacer de Lodz uno de los guetos más productivos de la Segunda Guerra Mundial. Con su cámara retrató la realidad de la vida y la muerte, imágenes domésticas fruto del intento por mantener la normalidad: celebraciones, nacimientos o reuniones familiares. Instantáneas que parecen haber sido captadas antes del conflicto, porque en ellas hay madres que alimentan a sus hijos, niños que juegan, jóvenes que bromean... Y es que sus protagonistas vivieron engañados creyendo en las promesas de los oficiales nazis de que salvarían sus vidas. Hasta el 8 de enero el espectador podrá acercarse a un testimonio documental de notable trascendencia en la historia del siglo XX.

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