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A. GILGADO
Viernes, 13 de marzo 2009, 18:22
Erika se acordó ayer por la tarde de la Ley de Murphy. Llegó a las cuatro a las puertas del Palacio de Congresos de Badajoz con su cámara de fotos para ver de cerca a Miguel Bosé, su ídolo desde niña. Espero cuatro horas soportando el calor y un rosario de artistas a los que apenas conocía, aguantó empujones, pisotones y codazos. Cuando ya le dolían las piernas, a las ocho, le sonó el móvil. No podía escuchar bien, así que se separó de la multitud para hablar. En ese momento apareció Miguel Bosé. Mientras ella se alejaba, el cantante desataba la locura a las puertas de Manuel Rojas. Las más de doscientas personas que se agolpaban en el exterior del recinto le cantaron de forma espontánea el amante bandido, le atronaron a piropos y más de una le pidió un hijo. Él se dejó querer. No paró de mandar besos, de sonreir y se detuvo a atender a una niña de pocos años que le pedía un autógrafo. La organización de los Premios de la Música que se entregaron ayer intuía el poder de exaltación de Bosé, por eso fue el último en pasar por delante del estrado exterior y el único en entrar por la puerta principal del teatro, el resto de premiados lo hicieron por un lateral. Cuando Bosé entró en el palacio acabó la fiesta para el público. Se terminó el desenfreno y empezó una gala de dos horas y media. Pero se vivieron 90 minutos de alfombra roja que convocó a jóvenes, mayores, chicos y chicas. Y por ella pasaron artistas de todos los estilos. El público agradeció la atención de los artistas. Algunos, como Erika, llegaron a las cuatro para coger un buen sitio. Alguna pandilla incluso aprovechó para hacer un botellón. Entre las conversaciones previas se escuchaban quinielas sobre los artistas que iban a pasar. «¿Vendrá Sabina?», «¿Y el canto del loco?». También muchos reproches por no poder ver la gala en directo. Estefanía, Virginia, Verónica y Pilar, cuatro amigas de Badajoz, se acercaron para ver a los cantantes y no entendían como no habían puesto ni una sola entrada a la venta. Como el resto, se conformaron con el desfile de cantantes. Pasaron todos los premiados. Desde Peret, también muy aplaudido, hasta los The pinkers tones, los más madrugadores. Faltaban 20 minutos para la siete de la tarde cuando pasaron para los fotógrafos. Su acogida fue algo tímida. De hecho, a más de uno se le escucho preguntar «¿quién son estos tres que parecen los The Beatles?». Nada que ver con la acogida que tuvieron Nena Daconte. Fue aparecer y la gente arrancó a cantar su tema 'Tenía tanto que darte'. Mai Meneses, el 50% del grupo, alabó la entrega de la gente con su música y dedicó el premio a todos los que creyeron en ella desde el principio. Pero el de Nena Daconte no fue el único agradecimiento que se escuchó en las puertas del palacio de congreso. Jorge Drexler agradeció el reconocimiento de sus compañeros por el premio y lamentó tener poco tiempo para estar en Extremadura. Hoy vuela para Lyon. Cristina Rosenvinge se acordó de todo su público, lo mismo que Carmen Linares, premio al mejor álbum flamenco. Piropos Se acercaba las ocho de la tarde, hora a la que comenzó la gala, y en el fotocall se sucedían los premiados. Peret fue otro de los más aplaudidos. Y uno de los más entregados. No paró de lanzar besos y hacer gestos de cariño. Reivindicó el papel de la música como «un elemento indispensable en cada instante de la vida». Alaska, la conductora de la gala, se llevó también una generosa ración de piropos cuando pasó por el fotocall. Como a Miguel Bosé y Nena Daconte, le cantaron unos de sus temas. No pudo evitar las risas cuando escuchó como un coro improvisaba el 'a quién le importa lo que yo haga'. Alaska habló de Soraya, la cantante extremeña que representará a España en Eurovisión. Ella fue también la conductora de las galas que eligió al representante eurovisivo y vivió de cerca la elección de Soraya. La definió como una artista con «mucha personalidad» en el escenario y no duda del «excelente papel» que hará en Rusia. De una cantante extremeña con mucho por demostrar, a uno que ya la ha demostrado todo: Pablo Guerrero. Tampoco pasó desapercibido. Recibió muchos elogios de jóvenes y mayores. Pero la atención de las cientos de cámaras de fotos no sólo se limitó a músicos. El presidente Vara, acompañado por el ministro de Cultura, César Antonio Molina, también se subió al fotocalll. Tras ellos, Leonor Flores, consejera de cultura; Miguel Celdrán, alcalde de Badajoz y Carmen Pereira, delegada del Gobierno en Extremadura.
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