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¿Qué ha pasado hoy, 3 de abril, en Extremadura?
Los 'hiperfrecuentadores' visitan con gran asiduidad las consultas de Atención Primaria y se quejan de síntomas para los que los facultativos no encuentran un diagnóstico claro. / JOSÉ VICENTE ARNELAS
Uno de cada diez pacientes acude al médico hasta quince veces al año
PLATAFORMA 10 MINUTOS SEMERGEN

Uno de cada diez pacientes acude al médico hasta quince veces al año

Los facultativos denominan a estos usuarios 'hiperfrecuentadores'; sus dolencias son en muchos casos de carácter psicológico y sus visitas continuadas suponen hasta un 30% del gasto sanitario

ARACELY R. ROBUSTILLO

Lunes, 11 de mayo 2009, 13:42

«Aquí está otra vez». Es el primer pensamiento que cruza por la mente de muchos médicos de Atención Primaria cuando ven entrar a determinados pacientes por la puerta de su consulta. Una vez más. Los síntomas de los que se quejan suelen moverse dentro de un abanico limitado que muchas veces tiene un denominador común: somatización. Estos usuarios suponen un 10% de su cupo, pero se diferencian del resto en que solicitan sus servicios hasta 15 veces en un año, el doble de la media del resto de los ciudadanos.

Los facultativos los denominan 'hiperfrecuentadores' y cada uno sabe perfectamente cuáles son los suyos y las 'dolencias' de las que se quejan. «Existen, por supuesto. De hecho casi todos los médicos tenemos a los nuestros 'identificados'. Se trata de personas que acuden a la consulta con una frecuencia mucho mayor que la del resto de los usuarios de la sanidad pública», explica Francisco Carramiñana, médico de Atención Primaria y portavoz de la plataforma '10 minutos'.

El paso por las consultas de estos médicos se mide por frecuentación al año. Pues bien, si se estima que la población 'normal' acude una media de 6 veces en 365 días, los 'hiperfrecuentadores' lo hacen hasta 10, 5 y 15 veces, es decir, el doble. «No existe, sin embargo, una cadencia regular. Pueden venir cinco veces al mes, por ejemplo, y luego se tiran sin hacerlo un tiempo, eso depende de lo conformes que se hayan ido con el último diagnóstico», argumenta Carramiñana.

El peregrinaje constante de estos ciudadanos hasta la consulta del médico de familia lleva aparejado un coste económico para la sanidad extremeña que algunos estudios estimativos establecen en un 30%. «Consumen un alto porcentaje de recursos sanitarios, hasta una cuarta parte, con el coste que ello supone. El gasto se basa en la medicación que necesitan, las pruebas de exploración que están demandando continuamente y el tiempo que exigen de cada médico», apunta Carramiñana.

Nombre de mujer

Estudios realizados por la comunidad sanitaria coinciden en que el perfil del 'hiperfrecuentador' tiene nombre de mujer, mediana edad, nivel sociocultural medio-bajo y acude a la consultas con síntomas que se repiten. «Son pacientes que se quejan de lo mismo una y otra vez pero, por más pruebas que les hacemos, nunca llegamos a diagnosticar ninguna dolencia orgánica. Hay que diferenciarlos claramente de otros pacientes que vienen mucho pero por enfermedades físicas: por causas administrativas como bajas laborales, o diabéticos, por ejemplo. Los 'hiperfrecuentadores' tienen problemas de índole psicológica en los que suele haber varias constantes como la ansiedad, la disfunción social y la depresión», señala Félix Suárez, responsable nacional de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (Semergen) de Universidad.

A la hora de determinar la 'veracidad' de sus dolencias hay que hilar muy fino para diferenciar dónde empiezan los síntomas reales y dónde existe un problema psicológico de fondo que lleve al paciente a somatizar, es decir, a transformar problemas psíquicos en síntomas orgánicos de forma involuntaria. «Los médicos hablamos de trastornos de somatización cuando se dan cuatro síntomas inexplicables. Dos tienen que ser de carácter gastrointestinal, uno de carácter sexual y un último neurológico», afirma Suárez.

«Hay muchas explicaciones a estas conductas. Problemas psicológicos, sociales, familiares. Muchas de las mujeres, que entran dentro de lo que hemos denominado 'perfil', se enfrentan a cambios en el ciclo familiar como el 'nido vacío', hijos en crisis por adolescencia, unidos a una falta de nivel cultural o emocional que les lleva a somatizar y presentar síntomas que no están demasiado definidos», explica por su parte Francisco Carramiñana.

«Existen también otros pacientes que no se quedan contentos con el diagnóstico que les da el médico y vuelven, una y otra vez, hasta que obtienen la respuesta adecuada 'para ellos'», añade, Carramiñana.

Autocrítica

¿La atención por parte de los profesionales del sistema sanitario para con estos pacientes está a la altura de las circunstancias? Los facultativos están dispuestos a practicar la autocrítica y asumen su parte de culpa.

«Al médico la relación con este tipo de paciente le suele producir insatisfacción y pundonor, además de quemazón. Lo primero que se te pasa por la cabeza al verlos es «ya está éste otra vez aquí», reconoce Carramiñana.

La forma de enfrentarse a la situación depende en cada caso del facultativo en cuestión. «Solemos utilizar la comunicación y la empatía. Acabas desarrollando habilidades, recurres al control de agenda y pides ayuda al resto de profesionales que trabajan en el centro de salud. Es muy importante la labor de la enfermería, por ejemplo, tanto en la identificación, como en el abordaje de este tipo de pacientes», relata Carramiñana.

Este médico es portavoz de la Plataforma 10 minutos que hace tiempo reivindica que cada médico disponga, al menos, de ese limitado espacio temporal para poder atender adecuadamente a sus pacientes. «La existencia de estos usuarios que acaparan un tiempo de consulta mayor que el resto de los ciudadanos dificulta también nuestra labor. Pero, en ocasiones, también puede ser culpa del médico que no dispone del tiempo suficiente para dedicarles y por ello no sabe o no puede detectar su problema. El exceso de demanda asistencial al que nos enfrentamos, unido a una agenda rígida, no nos permite derivar, por ejemplo, a los 'hiperfrecuentadores' a un tramo horario en el que, a lo mejor, podríamos atenderlos debidamente», reflexiona.

Félix Suárez va más allá: «Existen males como el síndrome de fatiga crónica o la fibromialgia, o el síndrome de colon irritable que antes los llegábamos a clasificar como de «hiperfrecuentadores» injustamente y que ahora ya están diagnosticados. Cada vez estamos mejor formados y nos damos cuenta de la importancia de la comunicación para con estos usuarios, porque muchas veces lo que necesitan es que los escuches, pero no tenemos tiempo».

La sobresaturación de los médicos de Atención Primaria parece ser, por lo tanto, una de las claves del asunto. De hecho, según Suárez, puede estar incrementando este perfil de paciente porque la comunicación es casi inexistente. De manera que la situación es una de esas 'pescadillas que se muerden la cola'. Para Suárez la solución podría pasar por pasarles informes a los 'hiperfrecuentadores' para que se den cuenta del tiempo que consumen, pero también habría que revisar concienzudamente las condiciones de trabajo de los médicos de familia. Ambas partes podrían darse cuenta entonces de cual es su responsabilidad en el problema. ¿O no?

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