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C. N. N.
Jueves, 4 de junio 2009, 02:08
El pasado como argumento literario, la memoria que se superpone al presente. Seguir viajándose la vida pero sin quitar el ojo a los retrovisores. Las dualidades: rebeldía contra adormecimiento, la gran ciudad contra el mar, opresión versus libertad. Una vieja foto y los años 70, franquismo, radio, y tele en blanco y negro, como telón de fondo. Estas son, de manera compacta, sintética, y probablemente, insuficiente, unas pinceladas sobre 'El desván de la Memoria' (Los Libros del Oeste), la primera novela de Tomás Pavón, que se presenta esta tarde en el espacio Bellesartes de Cáceres.
Pavón, escritor desde joven, firma habitual en los fanzines de los 80, columnista y colaborador en programas radiofónicos en distintas etapas de su vida, se estrena en el género estrella de la literatura, después de publicar un libro de columnas y otro de relatos. Lo hace con una prosa sencilla y sensorial, llena de evocaciones. Y no espera nada más que el que la lea, lo pase bien.
-¿Qué le llevó a escribir esta novela?
-En principio no iba a ser una novela, pero luego necesitaba más terreno literario. Yo quería escribir algo sobre los años 70, pero sobre su primera parte, la etapa de la dictadura. Me interesaba mucho también profundizar en el exilio interior, del que se ha hablado mucho menos que del exilio exterior. Veo que ahí hay una trama y continuo. Hay una continua mirada al pasado y al presente a través de una fotografía que se encuentra el protagonista. También hay un continuo contraste de cosas.
-Al principio parecen encontrarse muchos rasgos autobiográficos.
-Porque escribo en primera persona, es un monólogo. Y es muy sencillo, con frases muy cortas, pensamientos que se entrelazan.
-¿Pero hay mucho de usted?
-Hay coincidencias generacionales. El protagonista es un tío que puede tener mi edad, y sus vivencias son las mismas que las mías. No me he documentado nada para recrear la época, uno tiene que escribir sobre lo que sabe. En cierta manera es un homenaje a toda la gente que nació a finales de los 50 y principios de los 60. Hay guiños al universo infantil, a las bicicletas, a los chicles, los cómics...
-¿Hay idealización de la época?
-Hay una mirada hacia atrás sin ira y sin nostalgia. Hay una mirada romántica a la infancia en una España que estaba encorsetada, amordazada, en la que todo estaba prohibido o era pecado, y, sin embargo, esa generación fue feliz, como lo son todas en la infancia. La dictadura y el franquismo aparece como telón de fondo, pero se mira sin ira. No se trata de ajustar cuentas.
-¿Quién ha leído su novela?
-Además de la gente del jurado que la seleccionó para la beca de creación de la Junta con la que la he escrito, antes de publicarla se la di a leer a tres amigos: a Julián Rodríguez (escritor y editor), Santos Domínguez (poeta) y Miguel Ángel Lama (profesor universitario). Todas las sugerencias que me hicieron las utilicé. Me recomendaron que adelantara la trama, porque tardaba un poco en llegar, y que fuera introduciendo cosas que engancharan al lector.
-Ha incursionado en el periodismo con columnas y programas radiofónicos. ¿Le hubiera gustado ser periodista a 'full time'?
-No. Me gusta el género de la columna y el costumbrismo, pero no me imagino como un periodista yendo a ruedas de prensa, aunque me parece una profesión muy respetable y muy dura.
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