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¿Qué ha pasado hoy, 4 de abril, en Extremadura?
José María Casado, en la librería Universitas de la calle Ramón y Cajal de Badajoz. / CASIMIRO MORENO
«Si te quedas en la librería romántica, las cuentas no salen y tienes que cerrar»
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«Si te quedas en la librería romántica, las cuentas no salen y tienes que cerrar»

Defiende la labor cultural, más que estrictamente política, que ha promovido siempre con sus empresas

PPLL

Domingo, 13 de septiembre 2009, 11:10

-¿En casa le caben los libros?

-Bueno, tengo una biblioteca amplia y la voy ampliando. Siguen entrando libros en casa.

-¿Cree que se le ha pegado algo el acento extremeño?

-Es curioso, cuando estoy aquí en Extremadura, la gente de Badajoz, después de 37 años que llevo aquí, me dicen: «Todavía no se te ha quitado el acento salmantino». Pero cuando estoy en Salamanca, a donde suelo ir con frecuencia, me dicen: «Oye, el deje extremeño se te ha pegado». Así que depende mucho de la persona con la que hable.

-¿Antes de la democracia vendió muchos libros prohibidos?

-A mí los libros prohibidos nunca es que me hayan hecho excesivamente gracia. Porque todavía en aquella fecha se jugaba mucho a intentar vender con el marchamo de que eran prohibidas cosas que no lo eran. Sí es cierto que nosotros traíamos libros que estaban un poco en la frontera del sí y el no. Yo recuerdo haber ido a algún distribuidor que traía libros de México, de Argentina... Me acuerdo perfectamente, tenía un sótano en Madrid y allí rebuscábamos un poco: lo típico, obras de Marta Harnecker, la 'Antología rota', de León Felipe, algún libro de Ruedo Ibérico... No libros prohibidos por vender libros prohibidos, sino libros que aportaran algo, y eso creo que fue el éxito de Universitas cuando empezamos: traer algo que fuera distinto.

-Ediciones de Julio Cortázar...

-De Julio Cortázar, León Felipe y de todos esos autores hispanoamericanos que tampoco eran una cosa excesivamente revolucionaria ni iban en contra del régimen. Lo que me gustaba era buscar una dimensión nueva para Universitas, que en ese momento estaba empezando.

-¿Toda la etapa escolar estuvo en los Salesianos?

-Sí, después hice unos cursos de Filosofía y un curso de marketing, que fue cuando me cambió un poco la vida porque entré en Ediciones Anaya y en el mundo del libro. Yo creo que era más un hombre de letras que de ciencias. Y me equivoqué porque en 4º de Bachiller, cuando había que escoger, escogí ciencias, pero a mí las matemáticas puras, la física y la química no me agradaban mucho. Cuando después me di cuenta de que lo que a mí me gustaba era la sociología, la filosofía..., había terminado el Preuniversitario y había empezado en Filosofía. Lo que me cambió fue cuando hice unos cursos de marketing y conocí a Germán Sánchez Ruipérez, el presidente del Grupo Anaya. Y me metí con él en el mundo del libro, con 22 o 23 años. Tuve la suerte de que me salieran los dientes en el mundo del libro al lado de Germán Sánchez Ruipérez.

-Y hasta ahora, ¿no?

-Hasta ahora.

-¿Qué tres autores extremeños le parecen imprescindibles?

-A mí me parece que hay un escritor, y concretamente un poeta de Extremadura que no está, cómo decir, unido al régimen, que va un poco por independiente, y que a mí particularmente me parece que es un gran poeta.

-...Álvarez Buiza.

-Sí, Jaime Álvarez Buiza. Creo que es un hombre de una dimensión... Lo que pasa es que hay personas o escritores que tienen una forma de ser, se rebelan más contra lo preestablecido y otros están más a favor. Me parece que es un escritor de una importancia vital para lo que es y lo que ha sido la poesía en Extremadura. Creo que Javier Cercas es otro escritor extremeño de una dimensión importante, y que Hidalgo Bayal es otro de los imprescindibles en estos momentos en la región. Por decir tres. Aunque ahora mismo hay una nómina de escritores muy amplia y de una gran categoría todos ellos.

-¿En qué momento se hizo ganadero? ¿Y por qué?

-(Risas). Bueno, yo lo de ganadero es a nivel de hobby. No es que profesionalmente me dedique a ello. Mira, a mí de Badajoz y de Extremadura lo que más me gusta es el campo. En el kilómetro 4 de la carretera de Sevilla encontré un pequeño cortijo, (no llega a las 30 hectáreas) que tenía autorizada una explotación ganadera. Y ahí empecé comprando unas vacas y unos cochinos.

-¿QuÉ raza de vacas tiene?

-Retinta pura. Y cochino ibérico puro, además de la línea Valdesequera, puros extremeños. Y luego tengo un cruce de Limousin con la retinta extremeña.

-¿Qué da más disgustos en la crisis, los libros o el ganado?

-En el ganado no echo prácticamente números. Yo donde echo números es en mi empresa, que es Universitas. El campo lo tengo, bueno, para pasármelo bien, para entretenerme. Porque sé que si algo tengo que ganar, voy a ganar muy poco y si algo tengo que perder también voy a perder muy poco.

-Me han dicho que es experto en canaricultura.

-Sí, en canaricultura he sido campeón de España en blanco recesivo, medalla de bronce en ágata blanco y mosaico...

-Y creo que le ha dedicado mucho espacio a los canarios.

-Sí, sí, llegué incluso a tener una entreplanta comercial de 90 metros dedicada exclusivamente a la cría de canarios.

-¿Y de dónde le viene esa afición? ¿De cuando era pequeño?

-Pues puede deberse a un trauma que yo tenía de joven. De pequeño siempre me gustaron muchísimo los animales, y en concreto, los pájaros, pero en mi casa, mi madre no me dejó nunca tener un pájaro, hasta el punto que lo primero que yo compré cuando llegué a Badajoz y me casé fue una jaula para criar canarios. (Risas). Y en un piso muy pequeño, que era el que tenía entonces, en el balcón coloqué dos jaulas incluso para poder criar. La verdad es que es un hobby que te apasiona. Yo me he ido a Italia y me he traído cuarenta o cincuenta pájaros desde Pordenone, que fue el campeonato del mundo, o desde Reggio Emilia, que es el mayor mercado del mundo de venta de canarios y me he traído 50 canarios en el coche hasta Badajoz. Con mis licencias y todo firmado por los veterinarios. Por los pájaros he hecho alguna locura, sí.

-¿Participa en el Carnaval de Badajoz?

-No. No soy aficionado ni al carnaval ni a grandes manifestaciones... callejeras. Las ferias de Badajoz, por ejemplo, tampoco es una cosa que me llame mucho la atención.

-¿Alguna vez le ha tentado la política activa?

-Sí, muchas.

-¿Y qué le ha impedido lanzarse?

-Yo he tenido muy buenos amigos que después han entrado en el terreno político. Cuando nosotros creamos el Centro de Estudios Muñoz Torrero, del que yo fui el primer secretario, prácticamente todas aquellas personas con inquietudes, que después han entrado en partidos vamos a llamarlos de izquierda, estaban en ese centro de estudios: gente del PSOE, del PCE, del PSP de Tierno Galván... Todos los dirigentes eran compañeros, y a mí, de hecho, más de uno y más de dos me llamaron para que me metiera. Pero yo soy un hombre poco disciplinado, y sobre todo soy una persona que intento decir las cosas como las pienso y me di cuenta de que a veces dentro de la estructura de un partido político tenías que comulgar con aspectos que iban incluso un poco en contra de lo que tú pensabas. Eso siempre me echó un poco para atrás. Me parecía más importante hacer una labor dentro de Universitas, porque la enfocamos desde un punto de vista empresarial, pero también cultural, y me parecía que la labor que podía hacer en Extremadura era más desde un punto de vista cultural que desde un punto de vista político. Y sí se creó por ello Universitas Editorial.

-¿Cuál cree que es el principal defecto de los extremeños?

-(Larga pausa). Es que generalizar a veces es complicado. ¿Un defecto de los extremeños? Pues en Extremadura me he encontrado gente muy inteligente, muy trabajadora, muy luchadora, pero a la vez me he encontrado con gente que prefiere no comprometerse y esperar que las cosas le vengan llovidas del cielo. Me he encontrado con gente que piensa que todo se le tiene que dar, que todo tiene que estar subvencionado y que la lucha en el trabajo y en los conocimientos no son suficientemente importantes. Yo no diría que los extremeños tienen un defecto generalizado. Como en todas las comunidades autónomas, porque en Cataluña me he encontrado gente muy vaga, muy torpe y muy poco inteligente. Sin embargo, dicen que los catalanes son muy trabajadores. No creo que haya un prototipo. Quizás en líneas generales podría decirse que aquí la gente es excesivamente pasiva y conformista, por decir algo.

-¿Ve mucho la televisión?

-No, muy poquito.

-¿En los negocios es más difícil hacerse querer o hacerse respetar?

-Hacerse querer en los negocios es difícil, aunque creo que en algunos aspectos lo he conseguido porque hay mucha gente que quiere a Universitas. Tú, por ejemplo vas por la calle y dices: «Hoy he estado con José María Casado». Y la gente a lo mejor no sabe quién es, pero dices: «Hoy he estado con el de Universitas» y ya todo el mundo sabe quién es esa persona. En Extremadura creo que a Universitas se la quiere.

-¿Las librerías podrían vivir sin los best-sellers?

-Hubo una época en que el librero era como el ratón de biblioteca, vivía fundamentalmente para los libros, de forma vocacional. Yo creo que esa etapa ha pasado. Posteriormente las editoriales imprimieron un gran ritmo de publicaciones. Cuando recibes 3.000 o 4.000 libros al año, puedes tener un contacto con esa realidad, pero cuando empiezan a producir de 30.000 a 40.000 libros, tienes que organizar tu librería de otra manera. Es decir, no te puedes quedar en esa idea de la librería romántica, con la trastienda y los amigos escritores en la tertulia. Si te quedas ahí al final las cuentas no te salen y tienes que cerrar. Después hubo una incursión de las grandes superficies que mordieron una buena parte del mundo del libro y desaparecieron muchas librerías en España. Y en estos momentos yo creo que el librero tradicional (a mí me gusta llamarle librero independiente) se ha hecho un planteamiento en que la librería tiene que tener un 50 por ciento de cultura y otro 50 por ciento de empresa. Y ahí el best-seller es fundamental porque nos hace rotar muchos los libros, nos permite hacer cajas diarias. Pero nosotros no hemos abandonado la librería de fondo. Por decirlo de otra forma: creo que el librero tiene que ser un empresario de letras.

-¿Qué le haría más ilusión, la Medalla de Extremadura o que le hicieran hijo adoptivo de Badajoz?

-(Pausa). Yo no soy muy partidario de los agasajos. Y creo que eso la gente no se lo va a plantear. Aunque sí es cierto que alguien cuando ha visto la librería como está ahora ha dicho: «Esto sí que debería ser Marca Extremadura». (Risas). Pero nunca se me ha pasado por la cabeza algo así.

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