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ALFREDO LIÑÁN CORROCHANO
Sábado, 26 de diciembre 2009, 11:18
Se veía venir, las furias se han revuelto y exigen la crucifixión del juez sevillano Francisco Serrano. Un individuo reprobable que ha cometido la felonía de decir en voz alta lo que todos sabíamos: los abusos que la ley de violencia de género ha consagrado, al vulnerar el principio de igualdad ante la ley, de manera que un mismo acto cometido por una mujer sea una simple falta y por un hombre delito, ya que, únicamente en el caso del varón, pudiera significar un primer paso para un delito mayor.
Es una lamentable vuelta al llamado «derecho penal de autor», típico en los regímenes autoritarios que castiga no lo que se ha hecho sino lo que pudiera hacerse. Dios nos valga.
En España ya disfrutamos en su día de un terrible ejemplo con la Ley de Vagos y Maleantes, que tantas injusticias y lágrimas provocó. Pero las radical-feministas no dan tregua, ¡ay de quien ose contradecirlas! Son las madrinas de la «discriminación positiva», tal vez la humillación más devastadora y sutil a la que nunca se halla sometido a la mujer.
Es urgente revisar la Ley. Recobrar el elemental principio de la igualdad de presunciones y penas, con independencia del sexo del agresor. Pero no será fácil porque nuestra clase política es la que es y un timorato PP fue colaborador necesario en su aprobación. Feliz Navidad juez Serrano.
Su señoría, al menos, no está vestido de verde, denigrado y esposado como María José Carrascosa, ni ha tenido que aguantar la cruel moralina del juez Donald Venezia adornando su atroz sentencia, ni su mezquino chantaje ofreciendo revisar el fallo en el caso de que la niña, en contra de la justicia española, regrese al Imperio. Un beso María José.
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