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EUGENIO FUENTES
Domingo, 31 de enero 2010, 01:06
HASTA hace muy poco tiempo se tomaban del santoral las referencias temporales para fijar cualquier acontecimiento o para indicar el paso de los meses, de las estaciones. Así, las noches de San Juan o de Navidad marcaban los solsticios de verano y de invierno. La Virgen de Agosto, o San Blas, o San Martín, pautaban tareas agrícolas o ganaderas del año. Y había otras fechas curiosas y juguetonas que aludían a fiestas, costumbres y tradiciones, como el día de San Valentín o el de los Santos Inocentes.
Pero a una estadounidense, Ann Jarvis, se le ocurrió en 1907 la idea de celebrar el Día de la Madre. El homenaje era merecido con todos los honores y tuvo tanta aceptación que ya en las primeras décadas del pasado siglo se había consolidado como fiesta en Estados Unidos y en Alemania. Pronto lo hizo en el resto del mundo.
Desde entonces no han dejado de surgir días de celebración por cualquier motivo. Y si en un principio parece razonable recordar, en una fecha fija, causas justas y sentimientos humanitarios que merecen ser atendidos por los gobiernos y por los ciudadanos -el Día de la Infancia, o de la Paz, o de las Personas con discapacidad, o del Trabajo, o de la Alfabetización, ¡cuántas cosas que arreglar!-, se ha abusado tanto del recurso que ya comienzan a faltar días en el calendario para tanta iniciativa. Así, no sólo hay Día del Agua, de la Tierra, del Aire, del Mar y de los Océanos, de la Biodiversidad, de la Salud, del Glaucoma, del Niño, de las Personas Mayores, de los Donantes de Sangre, del Maestro... Hay también Días contra el Cáncer, el Sida, la Desertificación, el Racismo, el Trabajo Infantil..., y Días para la Tolerancia, la Abolición de la esclavitud, la Erradicación de la pobreza... Hay Día del Libro, de los Museos, de la Radio, de Internet, de la Lengua materna, de la Propiedad Intelectual, del Deporte, de la Prensa, de Internet. Y se ha llegado a celebrar el Día de la ropa interior, en el que está permitido recorrer en lencería las calles de Nueva York sin que la policía te multe por escándalo público. Y también hay días en los que caben dos Días, y hay celebraciones en dos jornadas diferentes, como ocurre con el Día mundial de la Música y el Día Europeo de la música. Aunque sin duda el récord lo ostenta el 21 de marzo. Tal vez por ser el equinoccio de primavera, con igual duración de las luces y las sombras, en esa jornada coinciden el Día Mundial de la Poesía, el Día contra el Racismo y contra la Intolerancia, el Día Mundial del Síndrome de Down y el Día del Árbol. Le faltaría tiempo a quien quisiera celebrar tantas causas en esas fechas de marzo en las que hay overbooking de fiesta y celebración..., a menos que en el fondo se trate de llenar los días de agitación y ruido con cualquier excusa para ocultar que están vacíos, que no ocurre nada nuevo, que todos los días son el mismo día. El 20 es el Día del Sueño, coincidiendo con que el cuerpo despierta del letargo invernal, y entre los romanos el 19 estaba dedicado a la diosa Minerva, la diosa de la inteligencia y de la escuela, según cuenta Gonzalo Hidalgo Bayal en El espíritu áspero: «Ese día se suspendían las tareas escolares y los alumnos ofrecían a su maestro un regalo, un regalo minerval». Por fortuna, ricos y pobres sólo tienen un día de cumpleaños, y en eso al menos son iguales, que si no alguno habría que repetiría la fiesta.
Quizá porque faltan días hay también Noche de las ánimas y Noche de Walpurgis, Nochebuena y Nochevieja y Noche de San Medardo, en la que todos los ahogados emergen a la superficie desde las profundidades donde moran los peces.
No niego que todas estas causas y colectivos y profesiones, y muchas otras que no cito, merecen todo el respeto de quien no está vinculado a ellas y el apoyo de quien quiera libremente otorgárselo. Pero otras veces las celebraciones se deben a una pura y dura estrategia comercial que utiliza cualquier recurso para incitar al consumo. Apenas ha terminado enero, sin que nos hayamos recuperado todavía de los excesos navideños, cuando la publicidad nos bombardea con los regalos que debemos comprar por San Valentín para demostrar que estamos enamorados. Y un día después ya estarán anunciando las nuevas compras que necesitamos para el Día del padre, aunque hasta haber visto la publicidad no nos habíamos dado cuenta de que nos resultaban imprescindibles. En cualquier caso, el abuso ha conseguido que tantas celebraciones pierdan credibilidad y eficacia. El calendario se ha quedado pequeño y cada mañana uno puede preguntarse: Vamos a ver, ¿a qué está dedicada esta jornada?
El día en que escribo estas líneas no se celebra nada: ni centenario, ni efemérides, ni fiesta patriótica ni autonómica. Tentado estoy de hacer una propuesta internacional y llenar la fecha con el día de los espeleólogos, o de los vegetarianos, o de los que estamos calvos, o de los pelirrojos...
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