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AGENCIAS
Miércoles, 20 de julio 2011, 13:06
El extremeño Rafael Cerro cortó una oreja en la quinta de la Feria de Julio y se convirtió por su toreo y actitud en el protagonista de un festejo en el que se lidió una desigual novillada de Los Galos, en la que el valenciano Pascual Javier también tocó pelo. Los dos fueron volteados sin consecuencias.
Rafael pasó a la enfermería tras ser cogido al entrar a matar a su primero y fue atendido de un fuerte hematoma en la ingle que no le impidió continuar la lidia.
Entró por la vía de la sustitución, reemplazando al mexicano Sergio Flores, pero cuando acabó la tarde, todo el mundo sabía quién era Rafael Cerro , novillero que además de apoderar Ortega Cano, dejó constancia de su proyección y buen concepto del toreo.
A su primero, Cerro siempre trató de hacerle las cosas bien, desde el templado saludo a la verónica, pasando por un toreo inicio de faena, hasta cuajarle muletazos realmente buenos al natural.
El fallo a espadas y un volteretón al cuarto intento de la suerte suprema dejaron su premio en una ovación cuando las cuadrillas lo portaban a la enfermería, de donde salió tras ser atendido de un fuerte golpe en la zona inguinal.
El premio sí llegó para Cerro ante el sexto, al que cuajó la faena de la tarde por serenidad, temple y ligazón. Siempre bien colocado, el joven extremeño, brilló sobre ambas manos y los remates, tanto en los pases de pecho como en las trincheras por abajo, tuvieron sabor y torería.
A este lo mató bien y paseó la que hasta el momento es la oreja de más peso de la feria.
El valenciano Pascual Javier volvió a rozar la puerta grande que ya abrió en mayo. Ante el que abrió la tarde se sobrepuso a una tremenda voltereta cuando iniciaba la faena para después manejar su noble embestida con soltura sobre ambas manos. Mató al primer intento y cortó una oreja.
Con el cuarto, un toro por su trapío y cuajo, más agarrado al piso e incierto, se la jugó con sus armas y de nuevo salió indemne de la cogida. Lo mató de manera efectiva, pero el palco no estimó la petición de trofeo y dio la vuelta al ruedo.
Completaba la terna Mario Alcalde, que no pudo sujetar en la muleta al manso pregonado que hizo segundo y que con el quinto, un serio ejemplar con dos astifinos leños que reponía con genio, nunca se acopló.
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