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G. CASARES
Viernes, 22 de agosto 2014, 08:44
No llega a los cuarenta años y ya dirige una de las principales bodegas privadas productoras de vino en Extremadura. Lola Vargas es la única mujer que es propietaria y, a la vez, lleva la gestión y supervisa todo el proceso en una bodega de Almendralejo. Se hizo cargo del negocio familiar hace ya muchos años y ahora quiere protagonizar el salto a la venta de vino a granel y al embotellado de todo tipo de vinos «que demande el mercado». Apenas hace unos meses que puso a la venta su primer botella, el chardonnay 'Inés del alma mía', y ya tiene proyectos para sacar, al menos, cuatro productos diferentes más.
¿Desde cuándo trabajas en el negocio familiar?
Desde siempre, yo salía del instituto y me iba al puesto que tenía mi padre de compra-venta de uva, y después, ya tuvimos una bodega y comenzamos a hacer el vino. Así que cuando terminé la carrera, ni me planteé trabajar en otra cosa, porque me encanta este mundo.
¿Y crees que es complicado para una mujer?
Es verdad que soy la única bodeguera. Hasta hace poco he sido 'la niña', pero creo que con los años me he ganado el respeto en un sector sólo de hombres y hoy en día creo que me ven igual que ellos.
¿Y cuál ha sido la evolución?
Nosotros ante todo somos una bodega de vino a granel. Pero yo cuando vi que nuestro vino se lo llevaban a La Mancha, para que luego ellos lo vendieran al mercado exterior, pensé que eso no podía seguir así, que por qué no lo vendíamos nosotros al extranjero directamente. Además, justo en esos años fue cuando se abrió el puerto de Sevilla a las mercancías alimentarias, así que nos costaba muchísimo menos transportar el vino al mercado extranjero. Y de esta forma, vimos el filón un montón de bodegas de Extremadura. Así que ahora el 95 por ciento de nuestra producción se vende al mercado extranjero mediante barco o camiones, y casi todo al mercado europeo.
¿Y por qué embotellar?
Porque te das cuenta de que el vino a granel no tiene identidad, como me dijo una vez una persona. Estás a expensas de que el corredor venda tu vino a Francia o a Rusia y allí le ponen la etiqueta que ellos quieren. Además, el año pasado estuvo la cosa difícil para vender el vino a granel y, de esta forma, siempre puedes vender tú el vino embotellado en cualquier país y quien quiera tu vino tiene que venir aquí a por él.
¿Pero eso entraña riesgos?
Sí, la verdad es que sí, como me han advertido también. Pero pienso que es la única forma de crecer; si no arriesgas, no creces. Además, como mínimo ganarás lo mismo, pero das trabajo al que embotella y al que hace el transporte.
¿Por qué habéis decidido salir con un vino como el 'Inés del alma mía?
La verdad es porque es una uva que a mí me encanta, es muy suave. Tenemos una tierra de esa variedad y queríamos ofertar un producto que fuera fijo cada año.
¿Y el tinto para cuándo?
Pronto, porque hemos alquilado una bodega y hemos instalado un sistema muy moderno de elaboración. Estamos preparando un coupage con syrah y tempranillo, queremos darle algo de madera, para que sea un tinto redondo. Pero ya estamos elaborando otros como el 'Uve', que no damos a basto para embotellar tanto como nos piden. Es un vino de menos de un euro, que se está vendiendo fenomenal en Europa y en España.
¿Pero seguís probando?
Sí, sí, ya nos hemos lanzado y la verdad es que me da vértigo. Estamos preparando una gama completa, que nos pide la empresa de exportación. El catálogo incluye un tipo de calimocho, un rosado que se vende fenomenal en Francia y un vino de baja graduación, blanco, con destellos de oro alimenticio, que les encanta a los rusos.
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