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J. López-Lago
Domingo, 12 de abril 2015, 08:48
Badajoz. El concejal de Medio Ambiente, Antonio Ávila, último responsable de todas las papeleras que hay en la ciudad, se afanaba ayer en ponerle una funda de ganchillo a una de ellas, concretamente a la más cercana a la estatua de Luis de Morales que hay frente al Ayuntamiento. El pintor, con una paleta de lana en una mano, miraba el paisaje ataviado con una bufanda y medias blanquinegras. Ante sus ojos, un árbol forrado con telarañas y cestas de globos colgando hechos en punto y una farola abrigada en varios colores gracias a unas labores realizadas en crochet. A ras de suelo varios bolardos de hierro destinados a delimitar la calzada habían sido revestidos con creaciones de punto que los transformaban en caracoles.
Esta descripción de la Plaza de España puede parecer delirante, pero se vio ayer y tiene su explicación en el movimiento denominado 'urban kniting', que ha dado lugar en Badajoz a la iniciativa 'La Ciudad Tejida'. La han promovido Soledad González y Cándida Mendoza, que trabajan en Galandainas y querían demostrar que tejer con agujas no es una cosa del pasado, y mucho menos aburrida.
Galandainas es un espacio creativo que está en el número 13 de la calle Soledad, concebido como una plataforma de diseñadores, artesanos y artistas en general. Lo usan de escaparate y punto de venta, pero esta vez han decidido sacar a la calle sus creaciones y, de paso, enseñar a la gente algunas técnicas tradicionales. Ayer era la primera vez que se celebraba una quedada de estas características. Según Cándida Mendoza, «la respuesta del público ha superado todas nuestras expectativas, y las tiendas colaboradoras han donado mucho más material del que pensábamos». Ya se plantean repetir, aunque esta decisión depende de las autoridades municipales, decía. Lo cierto es que varios concejales, incluido el alcalde de Badajoz, Francisco Javier Fragoso, acudieron por la mañana a ver cómo transcurría esta muestra-taller y las impresiones fueron positivas.
Exhibir y enseñar
En realidad las creaciones más vistosas los autores las iniciaron por equipos hace varias semanas y ayer las remataron antes de colocarlas en el mobiliario de la Plaza de España. El público tenía que votar sus preferidas y por la tarde se conocieron los equipos ganadores, que se llevaron una buena remesa de material.
Pero además de una exhibición, la iniciativa también tenía una vertiente formativa y divulgativa. Bajo varias carpas había tres talleres: uno de ganchillo, otro de punto con las manos y por la tarde uno de punto. Hubo que reforzar el número de monitores, según Cándida Mendoza, que espera que a partir de ahora el ganchillo o crochet se vea de una manera más divertida.
En realidad, la idea de vestir con tejidos el mobiliario urbano tuvo lugar por primera vez en Houston (Estados Unidos). Fue hace diez años y desde entonces la idea se ha repetido en varias capitales del mundo. En España ha tenido lugar en Madrid, Barcelona, Zaragoza o Sevilla, entre otras ciudades.
La pregunta más frecuente ayer entre los viandantes que se acercaron a curiosear por tan inesperada exposición urbana era qué iba a ser de las prendas tejidas a medida para adornar la Plaza de España.
La mayoría de ellas se dejarán allí con la esperanza de que duren lo máximo posible hasta que el tiempo -y no los vándalos- las deteriore. En el mejor de los casos, esperan que aguanten hasta la fiesta de los Palomos, prevista en dos semanas.
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