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MIRIAM F. RUA
BADAJOZ.
Jueves, 29 de junio 2017, 09:10
El subsuelo de Badajoz guarda el secreto de su pasado más cotidiano. En la calle Concepción Arenal han brotado del suelo una alfarería y un lagar -probablemente de vino- de época moderna. Esta es la punta del iceberg de una historia más antigua que se esconde debajo.
El pasado 12 de junio comenzó la excavación arqueológica del solar privado que se sitúa en el vértice entre las calles Concepción Arenal y San Lorenzo, en el Casco Antiguo. Esta zona es especialmente sensible y de máxima protección patrimonial, dado que hasta aquí se extendía el antiguo barrio de San Salvador de Badajoz.
En el mes de abril, tuvieron que paralizarse las obras previstas para la construcción de una vivienda unifamiliar porque, tras el derribo de las estructuras de lo que eran dos antiguas casas, aparecieron los primeros restos arqueológicos. Fue Patrimonio quien autorizó entonces la excavación del solar, cuyos trabajos está previsto que concluyan esta misma semana.
En este tiempo, se ha excavado manualmente algo más de un tercio de solar, donde se hallaron los primeros restos arqueológicos. La primera hipótesis de que lo que se dejaba ver en la parte del terreno más pegado a la calle San Lorenzo era un horno de cocción de barro se confirma. Pero no es el único. Ha aparecido otro más pequeño y antiguo próximo a la medianera del solar contiguo. Se trata de una alfarería de época moderna, que podría situarse a finales del siglo XVII o del XVIII.
Esta es la fase más antigua descubierta en el solar. De la alfarería solo se ha podido documentar una parte. «No sabemos si se extiende más allá de lo que hemos excavado hasta ahora», reconoce la arqueóloga responsable del yacimiento, Yolanda Picado. De hecho, intuye que debajo del segundo hallazgo, el lagar, se atisba lo que parece un torno de alfarero que estaría relacionado con los hornos.
Picado explica el hecho de que existan dos cámaras de cocción de barro tan próximas y que no sean coetáneas: «El primer horno se amortiza y después se construye el siguiente. Una vez que un horno se deterioraba y no funcionaba bien, se enterraba y se abría otro al lado. Por tanto, es normal que no sean coetáneos pero tampoco hay mucha diferencia de tiempo entre ellos».
«Los rellenos que había dentro de los hornos y los basureros relacionados con el funcionamiento del taller nos dan cerámicas de finales del siglo XVII y del XVIII, pero no podemos decir aún exactamente la etapa de uso de los hornos porque hay que analizarlas bien», avanza la arqueóloga.
La mayor parte de la cerámica que se ha encontrado dentro de los hornos son piezas desechadas, dice la arqueóloga, «porque han salido mal, se han estallado o la cocción no ha sido buena y no se podían vender».
Picado asegura que la cerámica encontrada es de factura moderna, pero ahora tras su lavado, clasificación y reconstrucción es cuando se podrá afinar la cronología y determinar qué tipo de piezas se creaban en el pequeño alfar encontrado. Esta no será una tarea fácil, ya que ha habido días en los que se han sacado 20 bolsas con piezas de barro.
El punto más bajo de la excavación alcanza los dos metros y medio. De momento, la fase más antigua a la que se ha llegado es a la del uso de los hornos. «Esta es la capa más antigua que hemos hecho. Los niveles medievales están debajo pero de momento no los tocamos», dice Picado.
El otro hallazgo, más próximo a la calle Concepción Arenal y de construcción posterior a los hornos, es el largar, aunque inicialmente se pensó que podría tratarse de un aljibe. «Una vez que lo hemos estudiado, hemos determinado que es un lagar de vino o aceite, tenemos que ver el resto de estructuras relacionadas para ver si conseguimos ver qué tipo de producción se hacía aquí, aunque yo creo que vino».
El lagar tiene dos estructuras gemelas separadas por un muro, del que solo se conserva una parte. Lo que mejor se perciben son los dos depósitos abovedados, aunque una de las bóvedas está colapsada y la otra rota. Hasta ahí llegaba posiblemente el vino una vez prensado, canalizado por dos cañones de granito, uno de ellos perfectamente conservado. En cada depósito, aparecen dos huecos redondos sin demasiada profundidad, que funcionaban como pequeños pozos donde se acumulaban las impurezas del líquido. Delante de cada cañón, se percibe la delimitación de una pequeña habitación, que es donde se prensaba la uva o la aceituna.
En los depósitos se decantaba el líquido, que después se recogía con cántaras y se almacenaba en tinajas. Su uso no parece doméstico por la capacidad, aunque también está por confirmar. «Es probable que los restos pertenecieran a un mesón, sabemos de algunos que había por la zona en la misma época», dice la arqueóloga.
El lagar quedó amortizado como basurero, por eso en su interior también se ha hallado mucha cerámica, también de finales del XVII y XVIII.
Una vez que se complete la excavación, Picado elaborará su informe y lo remitirá a Patrimonio. Será la Junta de Extremadura la que determine si se desmontan las estructuras y se sigue bajando en el suelo para seguir excavando o no.
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