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Marco A. Rodríguez
Miércoles, 12 de noviembre 2014, 08:44
Encajar 16 goles en tres partidos no es fácil de digerir. Ni siquiera para un plantel excesivamente joven cuya economía individual no depende de que la pelota perfore la red. El Deportivo Pacense ha salido trasquilado de sus dos recientes duelos ante los candidatos Mérida y CD Badajoz, con 8 y 7 tantos recibidos respectivamente, más el del empate (1-1) en el feudo del Hernán Cortés. Las dos goleadas fueron caseras, aunque tanto frente a los romanos como en el derbi ante el vecino blanquinegro con minoría en la grada pese a ser el cuadro local. Pero, por encima de los marcadores y las quejas por las expulsiones del domingo, el técnico Juan Antonio Macarro lamenta los errores cometidos por sus pupilos. Buena señal, porque se aprende más de la corrección del fallo que de la queja de lo que uno entiende injusto.
Errores de bulto que dan al traste con el buen trabajo realizado. «Tuvimos cosas muy buenas, se lo dije a los chicos al final del partido, y empezamos muy bien, con triangulaciones rápidas, amplitud de campo y posesión, que es lo que siempre buscamos, pero dos fallos graves en una salida y en un corner con un balón a media altura al final hacen que todo lo dulce de antes se convierta en amargo porque el contrario se aprovecha de nuestros fallos», comenta el preparador deportivista.
En el vestuario y cuadro técnico no han sentado bien los abultados marcadores, pero también se quedan con la parte positiva. Por ejemplo, con la puesta en escena desempeñada ante el Badajoz, con el que fue capaz de ponerse por delante pese a estar mermado por la expulsión de Ismael, primera de las dos rojas. La más inapelable por lo que pareció en el campo. «Creo que las dos expulsiones son discutibles, no solo la segunda. En la primera he visto por televisión que el delantero forcejea. Se puede pitar o no. En la segunda, hay demasiada penalización para Mañas porque casi no protestó. El árbitro debió tener más mano izquierda. Pero me importan más nuestros errores porque perdimos por ellos cuando lo estábamos haciendo muy bien. Con contrarios como el Badajoz no podemos cometerlos porque son equipos con gente profesional y no chavales como los nuestros. Ellos son otra realidad», argumenta Macarro. Esa es la realidad de este equipo, que siempre paga cara su bisoñez ante colosos como emeritenses y blanquinegros.
Tal vez demasiado castigo porque los primeros compases del derbi fueron muy positivos para el Deportivo. Casi sorprendentes, con dos mano a mano ante Jesús Torres por el mal arranque de los de Víctor López. Aunque el encuentro acabó en fiesta albinegra con Copito y sus cinco goles como maestros de ceremonia, se pudo escuchar cierto 'run run' en la mayoritaria hinchada 'visitante' porque el Deportivo gozaba de ventaja en el electrónico y los chicos de Macarro estar más enchufados. Con el paso de los minutos, la aparición del 'pichichi' de Tercera y los fallos azulinos, el Badajoz enderezaría el rumbo y con la segunda expulsión, la de Mañas por segunda amonestación en el minuto 58, los deportivistas bajaron los brazos y fueron martilleados desde el flanco izquierdo, donde Carlos Arias disfrutó de los 30 minutos más plácidos de su carrera.
«Hemos hablado e intentaremos subsanar esos errores, pero pese a todo está claro que Badajoz y Mérida son de otra liga. Es otra realidad. Son equipos hechos para intentar subir a Segunda B y nosotros lo que pretendemos es que los chicos de la zona puedan jugar al fútbol aunque no puedan vivir de él», prosigue el entrenador. Nada que ver con sus tiempos de futbolista como ex del CD Badajoz, con el que vivió los momentos más gloriosos de su historia. Un pasado por el que tuvo que sentirse muy extraño ocupando el banquillo visitante del segundo coliseo pacense. «Claro que me sentí raro. Estuve en el CD Badajoz 10 años, desde los 18, y disfruté de lo más bonito de su historia: ascenso de Tercera a Segunda B y ascenso de Segunda B a Segunda A. Enfrentarme al Badajoz fue muy, muy raro».
Volviendo a la actualidad, el Deportivo Pacense apretará los dientes en sus próximos cuatro compromisos, dos de ellos ante Sanvicenteño y Atlético San José, más semejantes a sus opciones. El técnico confía en que la experiencia adquirida, por ejemplo en estos partidos ante los grandes, ayude a cumplir el objetivo del club. «Creo y espero que podamos salvarnos. Es una categoría muy bonita para que estos chavales puedan disfrutarla y poder competir en ella. La permanencia siempre fue nuestro objetivo». Ahora queda convertirlo en realidad.
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