El gobierno del PP ha tenido más atrezzo que los espectáculos de Beyoncé. Era inevitable preguntarse , ¿entre vídeo y vídeo les quedará tiempo para gobernar Extremadura? Ha sido una derrota ganada a pulso
Manuela Martín
Lunes, 25 de mayo 2015, 02:07
En la mañana del pasado martes, entre las decenas de teletipos de contenido electoral que escupen a diario las agencias en campaña hubo uno que hizo reaccionar a un compañero de redacción: ¡Como pongan hip-hop en las escuelas matriculo a mis hijos en Portugal!, tronó en voz alta desde su mesa después de informarnos de la última promesa del PP: incluir el estudio del hip-hop, el rap y el rock entre las asignaturas de los colegios.
Entonces caí en la cuenta de que Monago estaba a cinco días, poco más de cien horas mal contadas, de perder las elecciones. Mi compañero, padre de familia nada radical, clase media extremeña tradicional y moderada, era la expresión en esos momentos del desconcierto, cuando no malestar, que el estilo de gobierno de José Antonio Monago ha causado entre sus votantes naturales desde el día en que tomó posesión.
Comparto la opinión con gente bastante más entendida que yo de que las elecciones no las gana el aspirante, sino que las pierde siempre quien ostenta el poder. Es decir, que quien gobierna conserva, por defecto, el sillón, salvo que cometa errores de bulto.
Y Monago los ha cometido a patadas desde el mismo día en que tomó posesión.
Desde la pamplina de cambiar el nombre oficial de Junta de Extremadura por el de Gobex (¿para qué?) a mandar un helicóptero del 112 al mitin del PP en Las Hurdes; desde vestirse de corto para presentar al director general de Deportes, antiguo baloncestista, a dar un mitin de campaña en un gimnasio, vestido también de corto y con una claque de altos cargos detrás echándose carreras; desde denunciar a sus policías de escolta acusándoles de que le espían y filtran sus movimientos, a realizar un vídeo para poner a escurrir a los andaluces Y cada rueda de prensa aderezada con nuevos logos, carteles, pancartas, sintonías y pins en la solapa.
The show must go on, que dicen los americanos. El espectáculo debe seguir. El gobierno de Monago ha tenido más atrezzo que los vídeos de Beyoncé y Ricky Martin juntos. Exagero. Le ha faltado ese ventilador que le ponen a las artistas para que les haga flotar la melena detrás. Pero nada más.
Ha sido tanto y tan continuo el espectáculo que a veces no había más remedio que preguntarse: ¿entre vídeo y vídeo a esta gente le quedará tiempo para gobernar Extremadura?
Es conocido de sobra que el ideólogo de este estilo de gobierno es el asesor de marketing que el PP contrató para la campaña de 2011 y que más tarde se convirtió en jefe de gabinete de Monago con categoría de consejero, el vasco Iván Redondo. El PP ganó hace cuatro años y el éxito se atribuyó a la campaña rompedora que había diseñado Redondo. De ahí pasó a convertirse en el factótum del Ejecutivo y a diseñar no solo el envoltorio, sino el contenido de muchas medidas aprobadas en consejo de gobierno.
Con la perspectiva que da el tiempo, mi opinión es justo la contraria: el PP ganó las elecciones en 2011 a pesar del marketing de Redondo y debido, sobre todo, a la crisis que mandó al Psoe a la oposición en toda España, incluida Extremadura. En todo caso, esa hipótesis es indemostrable y tampoco tiene mayor importancia.
Lo que sí parece ajustado a la realidad es que el triunfo de 2011 tuvo como consecuencia que Monago se pusiera en manos de Redondo y que siguiera ciegamente sus consejos en la creencia de que así tenía asegurado el éxito forever, que diría el Gobex, dada su afición un tanto cateta a calzarnos carteles en inglés venga o no a cuento.
La fórmula, como saben ustedes, no es desconocida; todo lo contrario. Se trata de aplicar herramientas de marketing usuales en Estados Unidos para humanizar al político. Todos hemos visto fotos de Obama jugando al golf en Hawai, o tirando unas canastas en los jardines de la Casa Blanca. ¿Pero han visto ustedes que cambien el logo de la sala de prensa de la Casa Blanca cada vez que dan una rueda de prensa? ¿A que no? Pues en Extremadura sí. A todas horas.
Da la impresión de que se les ha ido la mano en la dosis de show que había que poner en el guiso. Les ha ocurrido como a esos adolescentes que montan una fiesta, deciden hacer una tarta de manzana y ponerle un poco de marihuana para desinhibirse y echarse unas risas, pero se les va la mano con la cantidad de hierba y acaban todos en el hospital, intoxicados. Aquí también se pasaron con la maría y están a un tris de acabar en la oposición.
Si a esta adicción a la política espectáculo que ha sido la imagen de marca del gobierno del PP le añadimos la catastrófica gestión de la crisis de los viajes a Canarias, ahí tenemos otro motivo de peso para que Monago haya perdido hoy las elecciones.
¿Por qué el PP no ha puesto coto a este show? O dicho de otro modo: ¿entre los altos cargos y dirigentes populares no había nadie que viese que esa política era un suicidio y le advirtiese a Monago de que por ahí iba derecho a un precipicio electoral? ¿Ni Fragoso, ni Pizarro, ni Nevado, ni Teniente, ni siquiera Celdrán, (al que Monago debe tanto y que no tiene necesidad de darle coba, pues no aspira a ningún cargo), han sido capaces de detectar que del atrevimiento al ridículo hay una estrecha línea que no se debe sobrepasar nunca? ¿O lo han visto y lo han dejado estrellarse?
¿Es casualidad que ninguno de los alcaldes que han renovado mayorías haya hecho campañas como la de Monago?
El PP extremeño, que estuvo casi tres décadas en la oposición, ansiando elección tras elección llegar al poder, lo ha perdido cuatro años después de alcanzarlo. Una derrota ganada a pulso y que, sin duda, provocará terremotos en el seno del partido. Pero el día después es materia para otro artículo. De momento, mi compañero no va a matricular a sus niños en Elvas, pero alguno de los responsables de este fiasco tendrá ganas de echar a correr y no parar hasta Madeira. O hasta San Sebastián.
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