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Álvaro Inglés, en el Instituto Ciencia y Tecnología de Austria. :: hoy
Un cacereño en la élite  de la investigación

Un cacereño en la élite de la investigación

Con tan solo 30 años Álvaro Inglés forma parte del Instituto de Ciencias y Tecnologías de Austria

ANA B. HERNÁNDEZ

Domingo, 20 de julio 2014, 08:40

Con un cum laude en su tesis doctoral sobre ingeniería de proteínas, a la que dedicó cuatro años en la Universidad de Granada, decidió que el postdoctorado sería bueno hacerlo en el extranjero. Y tras decantarse por Europa, aterrizó en uno de los más pioneros institutos investigadores. Desde abril de 2013, el cacereño Álvaro Inglés forma parte del Instituto de Ciencia y Tecnología de Austria.

A sus 30 años, este bioquímico formado en la Universidad de Salamanca, donde llegó desde las Josefinas de Cáceres, lleva a cabo una importante labor investigadora ideando nuevas armas contra el alzhéimer, el cáncer y el párkinson, entre otras enfermedades. Para eso ha dado el primer paso. Ha diseñado unas proteínas artificiales llamadas 'quimeras'. Su apuesta es inyectarlas en el cerebro, activarlas con luz y así lograr la regeneración de las neuronas.

«Ya contamos con la herramienta, pero para su aplicación en enfermedades concretas aún queda mucho tiempo; por el momento hemos logrado dar el primer paso», afirma Álvaro Inglés.

Aun le queda tiempo para dar otros más. Llegó al instituto austriaco en abril de 2013, lleva poco más de un año y aún le quedan otros tres para terminar el postdoctorado. Después le gustaría regresar a España. «Fui becado durante cuatro años para realizar mi tesis doctoral en la Universidad de Granada, lo que me permitió adquirir conocimientos de la misma forma que mi formación sigue adelante con el postdoctorado que estoy realizando ahora, y todo esto me gustaría devolverlo a mi país», afirma.

Le gustaría regresar a España para continuar su labor investigadora y también para empezar a desarrollar una labor docente en la Universidad. «Me encantaría porque creo que la Universidad de España está a un gran nivel, pero todo dependerá de si encuentro después trabajo o no». Por eso tampoco descarta realizar un segundo postdoctorado o conseguir ser profesor en una Universidad del extranjero.

De momento y durante tres años más su residencia continuará en Viena. Allí vive con su mujer, una andaluza que es ingeniera química y que también trabaja en el Instituto de Ciencia y Tecnología de Austria, aunque en un proyecto diferente al suyo.

«Aunque la vida que llevamos aquí es diferente, estamos encantados con la experiencia». No solo con su labor investigadora, también con su día a día en el instituto y en Viena. Se levanta a la siete de la mañana y empieza a trabajar a las ocho y media, después de 45 minutos en un autobús gratuito que le lleva cada día al instituto. Trabaja hasta las seis de la tarde, pero después se queda una hora más en el propio centro, donde hay clases de yoga, pub, gimnasio, sala de televisión, masajes, peluquería... El Centro de Ciencia y Tecnología de Austria es pionero en todo. Regresa a casa antes de las ocho de la tarde.

«A esa hora ya poco se puede hacer en Viena, porque las tiendas por ejemplo cierran a las siete, pero es una ciudad preciosa, con una riquísima oferta cultural y de ocio; la verdad es que estamos encantados», zanja Álvaro, contento por poder continuar su enriquecedora experiencia durante tres años más.

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