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¿Qué ha pasado hoy, 3 de abril, en Extremadura?
El grupo de rock Wan Tung Frito. :: hoy
Como la madre de la Pantoja
UN PAÍS QUE NUNCA SE ACABA

Como la madre de la Pantoja

Los Wan Tung Frito ganan el concurso Suena Extremadura

J. R. Alonso de la Torre

Martes, 7 de octubre 2014, 07:59

Cuando mi hijo cumplió 15 años, le compré un bajo. Mi mujer aún no me lo ha perdonado. En cuanto tuvo aquel instrumento en sus manos, la vida de mi hijo empezó a girar alrededor de la música, y hasta ahora. Supongo que si hubiera sido un violín o, incluso, si con aquel bajo hubiera compuesto melodías románticas y su imagen, su estilo de vida y sus conversaciones hubieran seguido un rumbo acompasado al de una sinfonía o al de una balada, mi mujer me habría perdonado. Pero no, aquel bajo no marcó el ritmo de canciones para bailar pegados, sino para dar saltos, empujarse y sustanciar un estilo de rock brutal que, en traducción libre, viene a ser algo así como la muerte metalera.

Aquel bajo definió la ropa que vestía mi hijo, parckas militares teutonas y cosas así, y los cortes de su barba y pelo (un musulmán le recomendó en un bar de Londres, mientras desayunábamos, que se cambiara de imagen para no parecer un peligroso yihadista). Su rock tremendo sonaba en el coche durante los viajes hasta que yo ya no podía más y mi buen rollo de padre guay se precipitaba en el autoritarismo más ortodoxo: «¡Apaga eso ya, coño!». Después le pedía perdón, pero ya era tarde.

Mientras mis sobrinos se iban a trabajar a Estados Unidos o a Francia, mi hijo no se movía de Cáceres porque eso supondría dejar sus grupos musicales. Y digo grupos porque, no sé si por provocar a su pobre madre, ha fundado tres. A saber: Wan Tung Frito, Maromako y Fuck The Leader. El primero es el más conocido y goza de cierto predicamento en lugares como La Siberia y Vitoria. Al final de una actuación clamorosa en una txozne vitoriana, los abertzales se les acercaron entusiasmados e incrédulos por que en Cáceres se hiciera ese tipo de música, que, por cierto, no tiene nada que ver con el nacionalismo porque, en ese punto, los Wan Tung Frito son muy extremeños, o sea, nacionalismo, cero.

Pero es verdad: ese tipo de música en Cáceres no pega ni con cola y su madre se desespera al comprobar cómo pasan los años y la muerte metalera, o como se llame, parece paralizar cualquier tipo de planteamiento vital serio. Es decir, unas oposiciones, emigrar, casarse y regalarnos nietos, aceptar trabajos esclavistas incompatibles con los bolos rockeros de fin de semana... Pero mi hijo y su gente, a saber, Yona (DJ), Mislu (batería), Abel (voz) y Giuseppe (guitarra), se mantienen inasequibles al desaliento y demuestran ser rockeros con principios, aunque lleven una decena de años tocando en tugurios por la bebida y durmiendo en parques y furgonetas.

A mí, todo esto me parecería muy bien si no fuera por la presión a que me somete mi mujer, sobre todo a la hora de comer. Pero últimamente, esa presión empieza a ceder. Hace un par de semanas, los Wan Tung Frito se presentaron al concurso Suena Extremadura compitiendo con otras 70 bandas. En su semifinal en Coria, ganaron. Aunque tuvieron sus dudas porque el Alcalde de Coria, que dicen que es un crack porque sube a Facebook los selfies que se hace en gayumbos, cuando le entregaron el papel con el nombre del ganador, no entendió nada y proclamó vencedor a Juan Túnez Fito. Debió de parecerle una buena traducción al castellano del chino Wan Tung Frito.

El sábado pasado, mi hijo y su tropa compitieron en la final de Suena Extremadura, en el Templo de Diana de Mérida, y ganaron. Su música sigue siendo disparatada para mi oído, que, reconozco, se quedó en una tierra de nadie situada entre Los Pekenikes y Fórmula V, pero sus directos son tan potentes que mi suegra, una vez que los vio, se quedó como paralizada durante todo el concierto.

Ahora, la presión de mi mujer a la hora de comer ha aflojado un poco. No tanto por el premio como porque han contratado a los Wan Tung Frito en Cádiz y, por primera vez, les pagan el hotel. Yo me siento como la madre de la Pantoja y empiezo a pensar que igual hice bien comprando aquel bajo hace 15 años.

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