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J. López-Lago
Domingo, 22 de febrero 2015, 00:37
Navalvillar de Ibor está entre Guadalupe y Navalmoral de la Mata. En ella viven 500 habitantes y la penúltima novedad fue que en las crestas del valle nevó hace unos días. La última es que un vecino del pueblo salió esta semana en la tele al convertirse en el secretario general de Podemos en Extremadura. Apenas hay gente joven y el bar improvisa servicio de restaurante solo si aparece un forastero. El cine más cercano está a una hora, en Talavera de la Reina. En la plaza, vacía a mediodía, aparece Álvaro Jaén.
Es un chico muy delgado metido de lleno en la realidad. Sin empleo estable, debe un par de recibos a una casera comprensiva y vigila el saldo de su móvil. A los pocos minutos se le nota que le encanta el campo cuando se percata de la presencia de un gato montés. Excitado, anima a observarlo de cerca porque se trata de una especie muy esquiva. «Debe de estar enfermo porque llevo tres días seguidos viéndolo», concluye algo triste. Así empieza la entrevista con la persona que será decisiva en el rumbo político que tome Extremadura dentro de tres meses.
Habla tranquilo, con tanta humildad como convicción en lo que dice. Su discurso es, ante todo, social y rural, y aunque no rehúye ningún tema, evita anticiparse. Aprovecha la baza de que su formación es asamblearia, de modo que él solo no va adquirir ningún compromiso sin consultar a las bases, a los círculos, «a los vecinos». Así se refiere en todo momento al electorado al que pedirá su voto.
PERFIL
33 años. Nació en Madrid en diciembre de 1981. Sus padres son emigrantes extremeños siempre vinculados a Los Ibores. No está casado, vive de alquiler con su pareja y tiene un hijo de 3 años.
Politólogo. Estudió Ciencias Políticas en la Universiadd de Complutense de Madrid. Terminó la carrera en 2007 e inició su tesis sobre análisis de discursos comparado entre UCD y AP en la Transición. La ha aparcado para liderar Podemos en la región.
Hábitos. No bebe alcohol ni fuma. Le encanta la naturaleza y la bicicleta. Es futbolero, del Atlético de Madrid.
Trabajo. Su último empleo fue una sustitución de 6 meses como auxiliar administrativo en 2012. En el futuro, cuando acabe su tesis, aspira a ser profesor universitario. Ahora cobra una prestación y «sobrevive» con ahorros. Tiene un Ford Focus de segunda mano.
Desde que en octubre se supo que este partido con apenas un año de vida, tendría la llave de la Junta de Extremadura según la encuesta de HOY que en octubre le adjudicó nueve escaños (de 65), la expectativa por saber quién sería el rostro de esta formación en la región era altísima.
Esa cara lleva una gorra de donde asoman unas greñas, algo de barba y el pelo rapado justo el día previo a la entrevista. Álvaro Jaén Barbado nació hace 33 años en Madrid pues sus padres, vinculados a los Ibores, emigraron a la capital en busca de una vida mejor. Exactamente lo contrario hizo él en 2011 cuando huyó del barrio madrileño de La Guindalera y acabó en Extremadura, donde ya pasaba largas temporadas en su adolescencia. Estudió Ciencias Políticas en la misma facultad que Pablo Iglesias y su manera de hablar recuerda al líder de Podemos, pero afirma no haber hablado con él jamás. Seguramente lo haya hecho ya por primera vez pues todos los secretarios regionales se han sumado al consejo político nacional y ayer sábado tenían reunión.
Es casi seguro (el proceso no está cerrado) que Jaén será el candidato a presidir la Junta de Extremadura. A estas horas le habrán dado las primeras consignas de cara a las elecciones autonómicas del 24 de mayo, un asesoramiento básico del que hasta ahora carece, aunque a ratos no lo parezca. A la cita con HOY el pasado jueves compareció solo, sin compañeros de su recién nombrada ejecutiva (34 personas). A lo largo de las más de tres horas de charla siguientes empleó la palabra casta una vez.
Le sale fácil la sonrisa e intercambia saludos con todo el que se cruza. Te hemos visto en la tele, le dicen. Mientras camina suenan los primeros clics del fotógrafo.
Supongo que se ha hecho una idea de la que se le viene encima.
Es inevitable porque hacer política es un servicio público y tus vecinos y vecinas tienen que conocerte. Si vives en una ciudad estás expuesto, pero en el pueblo eres uno más. La primera persona con la que consulté antes de dar el el paso fue con mi pareja y me dijo que adelante.
Y sabrá que lo criticarán porque ha crecido en Madrid, no aquí.
Sí, pero uno no es de donde ha nacido sino de donde es feliz. No hay que olvidar que Extremadura es tierra de emigrantes. Mi madre es de Navatrasierra y veníamos mucho. Nunca me sentí de Madrid y en 2011 vine definitivamente a este lugar porque está entre el pueblo de mi madre y el de mi novia. Viví con mis padres hasta los 28 años, quería independizarme y en Madrid era imposible. Pero no creas que aquí la vida es tan barata como parece. El alquiler sí, pero se gasta mucho en gasoil.
¿En qué trabaja?
Ahora en nada. He estado volcado con la campaña a la secretaría general últimamente haciendo kilómetros. Mi último empleo fue un contrato de seis meses de auxiliar administrativo en el Ayuntamiento y acabó en 2012. Antes he descargado mercancías en Madrid. Ya en Extremadura ha dado clases en centros de adultos, he vareado olivos de mi suegro o he trabajado en repoblación de castaños. Ahora cobro un subsidio de 426 euros al mes y un poco más al tener un hijo. Me voy apañando con ahorros.
A la pregunta de si sabe inglés responde en este idioma para despejar dudas. Él y su pareja (delineante, ahora sin empleo) representan el perfil de cualquier joven preparado con pobres expectativas en el ámbito rural. Sabe que le van a atacar por estar en paro y meterse en política, pero defiende con coherencia su derecho a intentar conseguir una sociedad más justa. Sobre todo porque ha detectado ganas de cambio en las muchas asambleas a las que ha acudido haciendo campaña para ser el líder extremeño de Podemos.
En esas asambleas se reúne con colectivos, pero se trata de un público convencido, ¿no cree?
Hay de todo. Hay gente que viene entusiasmada, otros por curiosidad y algunos a meter el dedo en el ojo, pero nos exponemos a eso. Hacer democracia en espacios abiertos es positivo porque hay debate.
¿Con qué cuestiones le meten el dedo en el ojo?
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