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Rosario Cordero, alcaldesa de Romangordo y futura presidenta de la Diputación cacereña.
Romangordo capital

Romangordo capital

La alcaldesa de este pueblo cacereño presidirá la Diputación

J. R. Alonso de la Torre

Martes, 9 de junio 2015, 07:59

¿Alguien sabía hace 15 días dónde está Romangordo, cuántos habitantes tiene este pueblo, el nombre de su alcalde? ¿Quién había oído hablar hace dos semanas de una señora llamada Rosario Cordero? ¿Y quién la trataba con especial deferencia y atención? Rosario Cordero, alcaldesa de Romangordo, ha protagonizado una interesante sorpresa provocada por la política. Porque va a ser presidenta de la Diputación de Cáceres e inmediatamente todos nos hemos puesto a indagar sobre Romangordo y a prepararnos para saludar afectuosamente a esta señora la próxima vez que la veamos.

Hace un par de meses, en una reunión con cargos y autoridades de la Junta, la Diputación y el Ayuntamiento de Cáceres, se me acercó una señora desconocida y me saludó amablemente. Yo le devolví el saludo, pero con esa prevención que sale de manera refleja cuando no sabes dónde situar a tu interlocutor. Me fijé en que no le hacían mucho caso antes ni durante la reunión. La señora se sentó, asistió a las conversaciones, no puso objeciones y se fue. Antes de hacerlo, me comentó agradecida algo sobre un artículo en torno a ciertos restos arqueológicos situados en la zona del Tajo.

Me quedé intrigado y pregunté a algún asesor que había por allí quién era aquella amable y desconocida mujer que pasaba tan desapercibida. «Es la alcaldesa de Romangordo y es diputada provincial», me aclararon. Y yo me quedé con esas preguntas que cualquier extremeño se hacía un mes atrás si le mencionaban esa localidad: «¿Dónde queda Romangordo, conozco a alguien de allí, por qué destaca ese pueblo, por qué es diputada provincial la alcaldesa de un lugar tan poco famoso y tan difícil de identificar?».

Respuestas de aquel día: Romangordo debía de quedar por el Tajo, ya que la señora agradeció que escribiera sobre esa zona; no conocía a nadie de Romangordo, como la mayoría de ustedes, y no encontraba nada que singularizara al pueblo salvo su arqueología. En cuanto a su condición de diputada, solo encontré una explicación traída por los pelos: a pesar de que no le hacían mucho caso, aquella señora se mostraba muy segura, se manejaba con soltura y parecía franca y natural, cualidades que no garantizan en ningún caso el éxito político.

Han pasado unos meses, todo ha cambiado y las respuestas a aquellas preguntas también son diferentes. La desconocida señora se llama Rosario Cordero y va a ser presidenta de la Diputación Provincial de Cáceres porque, entre otras razones, tiene ocho años de experiencia como diputada y porque arrasa en Romangordo: siete concejales de siete posibles para el PSOE, su partido.

Pero lo más divertido va a ser asistir a una reunión en la que Rosario esté presente y observar los cambios en el trato. De estar a un lado a ser el centro. Yo mismo, en lugar de poner cara de extrañeza cuando me salude, me acercaré obsequioso y con extremada deferencia. Sus compañeros de partido la llamarán Charo para marcar diferencias con los demás, que la llamarán Rosario. Y todos hablaremos de Romangordo como si tuviera 200.000 habitantes en lugar de 200.

Estos cambios se repetirán por doquier en Extremadura. Concejales, diputados y altos cargos notarán cómo todo el mundo los para, felicita, halaga, abraza y sonríe. Y al revés, quienes hace un mes eran recibidos como dioses, serán ahora saludados con frialdad y hasta con indiferencia. Pero cuidado, recuerden que el tiempo todo lo muda y dentro de nada, quienes hoy son desfavorecidos por las urnas pueden volver al poder. Así que sean amables con todo el mundo, si no es por educación, que al menos sea por interés.

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