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Ana B. Hernández
Domingo, 27 de marzo 2016, 08:24
Maricón fue el nombre con el que empezó el curso, con el que sus compañeros le recibieron el pasado octubre. No tuvo otro durante muchas semanas. Ni tampoco nadie sentado al lado, nadie con el que comentar la clase, con el que consultar deberes, gastar bromas o charlar en el recreo.
Las primeras notas alertaron a sus padres. Y su silencio, la tristeza creciente y sus cada vez más continuas enfermedades ficticias corroboraron la sospecha. Su hijo, simplemente, no quería ir al instituto. Era la única forma de evitar lo que para él se había convertido en un infierno.
Pero sus padres hablaron con el equipo directivo del instituto que, a su vez, contactó con el agente tutor que tiene asignado el centro. Y juntos idearon la fórmula para acabar con el infierno del menor. Bastó, al menos en esta ocasión sí, una charla a sus compañeros por parte del policía local para que la situación cambiara. Cuando el agente les habló del dolor que se produce en el otro cuando se le rechaza y aísla, y se le trata como un apestado, el silencio se impuso en el aula y, con él, la recapacitación. Cuando el agente mostró fotografías de otros chicos y chicas que no pudieron salir del infierno y que optaron por acabar con sus vidas, comenzaron a asomar lágrimas en los rostros de algunos de los que escuchaban.
Hoy no le llaman maricón, se dirigen a él por su nombre y ya tiene compañeros al lado con los que hablar, gastar bromas y disfrutar de los recreos.
«Porque a veces es sólo cuestión de abrirles los ojos, de mostrarles que su actuación no es la correcta, que hace daño y que ese daño puede ser mortal», afirma Enrique Cenalmor.
Es el intendente de la Policía Local de Plasencia y artífice del proyecto agente tutor. Una iniciativa que llevaba años desarrollándose con éxito en comunidades como Madrid o las Islas Baleares, y que él quiso hacer realidad en la ciudad del Jerte. Contó con el respaldo del alcalde, Fernando Pizarro, y juntos acordaron la puesta en marcha de los agentes tutores en el curso 2012-2013. Hoy son un grupo de 13 policías locales que han consolidado una iniciativa que dos cursos después, el entonces presidente regional, José Antonio Monago, quiso extender al resto de Extremadura. Por eso, desde el pasado curso, otros centros educativos de la región cuentan con agentes tutores.
La Consejería de Educación entonces, en septiembre de 2014, dio la oportunidad a todas las localidades con policías formados para desempeñar la función de agente tutor de contar con la figura, si así lo aprobaban los consejos escolares de los centros docentes.
Según los datos facilitados por los actuales responsables de la Consejería de Educación, en la actualidad hay 57 centros educativos que han firmado el acuerdo para participar en el proyecto; colegios e institutos cuyos equipos directivos cuentan con la ayuda de un policía local para resolver los conflictos del aula. De ellos, 27 son de la provincia de Badajoz y 30, de la de Cáceres. Cada uno de ellos sigue el modelo puesto en marcha en 2012 por Plasencia. Y la intención de la Consejería de Educación, que dirige Esther Gutiérrez, es que sean muchos más los que se sumen a una iniciativa que valoran y respaldan profesores y padres.
Por este motivo, la Consejería de Educación y Empleo y la de Medio Ambiente y Rural, Políticas Agrarias y Territorio (competente en materia de coordinación de las Policías Locales) están revisando el proyecto «para adaptarlo a la legislación vigente», afirman fuentes de Educación. Tal como adelantaron en la reunión que recientemente ha celebrado el Pleno del Observatorio para la Convivencia Escolar, el objetivo es apostar por una figura que cuenta con el visto bueno de la comunidad educativa. Del tal modo que sean muchos más los centros educativos extremeños que se sumen a la iniciativa placentina. Según datos de Cenalmor, la región cuenta con unos 150 policías formados como agentes tutores y es probable que otros más puedan hacerlo través de los cursos que este año oferte la Academia de Seguridad Pública de Extremadura, cuya programación está a la espera de la aprobación de los presupuestos.
Absentismo
«Si no existiera la figura del agente tutor, simplemente habría que inventarla», resume David Moreno, docente y ahora director de un instituto. «Los agentes tutores están haciendo una labor impresionante, nosotros tenemos una comunicación diaria con el nuestro y, desde luego, tanto en nuestro caso como en los demás, puedo decir que su ayuda es imprescindible, que realmente colaboramos codo con codo y que este trabajo conjunto está resultando muy positivo», afirma.
«Es una ayuda estupenda para nosotros, porque los agentes tutores posibilitan una solución más rápida a muchos problemas», añade Fernando Iglesias, docente y director de un colegio. «Están haciendo un trabajo excepcional, una ayuda desinteresada por el bien de nuestros hijos, para que les vaya todo lo mejor posible en su etapa educativa», agrega la madre de una alumna de otro colegio.
Lograr que los menores acudan a clase hasta los 16 años, como marca la ley, es el objetivo que en 2012 llevó a Cenalmor a plantear el proyecto al alcalde de Plasencia. «Comprobamos que había muchos niños que no iban al colegio y que nos teníamos que ocupar de ello, porque es una de las funciones que tenemos asignadas como policías locales». Y lo han hecho.
Desde entonces, el centro docente comunica al agente tutor las ausencias del alumno. El policía acude directamente a su domicilio y se interesa por los motivos. Cuando no los hay, insta a los padres a que sean responsables y respeten el derecho que tiene sus hijos a recibir una educación. Habitualmente, tras la visita policial, la situación se resuelve.
Hoy apenas quedan casos aislados de absentismo en Plasencia. Entonces, en el curso 2012-2013 se contabilizaron 115. De ellos, 48 padres fueron denunciados. «Se les notifica tres veces que tienen que llevar a sus hijos al colegio o al instituto, y si después de estas tres notificaciones no lo han hecho, les denunciamos al juzgado».
Son ocho las sentencias que el Juzgado de lo Penal de Plasencia ha dictado ya como consecuencia de las denuncias de los agentes tutores. Todas ellas condenan a los padres. En unos casos, a pagar multas; en otras, a tres meses de prisión.
«El protocolo de Educación es tan lento, hay tanta burocracia, que a veces se pasaba el curso sin que el caso se hubiera resuelto, sin que el alumno acudiera a las clases», afirma Nemesio Guisado, jefe del departamento de Agentes Tutores de Villanueva de la Serena.
No en vano, la Federación Regional Extremeña de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos (Freapa) ha reclamado públicamente a la Consejería de Educación que convoque las comisiones de zona sobre el absentismo, con el objetivo de cuantificar las ausencias, controlarlas y resolverlas. Ha criticado, de hecho, que estas comisiones llevan cuatro años sin convocarse.
«Por eso, porque el protocolo de Educación es un proceso lento y burocrático, lo que nos está ayudando de verdad contra el absentismo son los agentes tutores», corrobora Fernando Iglesias.
«Nuestra actuación es mucho más directa; por eso la mediación con los padres se ha mejorado de forma notable como fórmula para garantizar que cumplen con el derecho a la educación de sus hijos, los menores», ahonda el jefe de los agentes tutores de Villanueva.
Es una de las localidades extremeñas que se sumó a la iniciativa cuando el PP la abrió en el curso 2014-2015 al resto de la región. Hoy son diez los agentes que hacen esta labor, que ha sido requerida por la totalidad de colegios e institutos de la población. Después de casi dos cursos de funcionamiento, «el resultado creo que es positivo y muy satisfactorio para todos los implicados», añade Nemesio Guisado.
Evitar los juzgados
Pero además de luchar contra el absentismo, los aproximadamente 150 agentes tutores formados en la región, hacen otras muchas tareas en colaboración con los centros educativos: acompañan a los menores en las excursiones por la ciudad, revisan el autobús y hacen la prueba de alcoholemia al conductor cuando viajan fueran, notifican a los padres las decisiones que adopta el centro respecto a sus hijos para asegurarse de que las conocen, asesoran a los profesores cuando lo demandan y median en los conflictos en el aula. Porque su objetivo es, siempre que sea posible, evitar el juzgado.
«Somos el penúltimo escalón y, por eso, trabajamos la mediación y la prevención; queremos resolver los conflictos antes de que vayan a más, porque cuando un asunto se lleva al juzgado, además de ser algo muy duro para un menor, la relación con el que se tiene el conflicto se rompe para siempre», asegura Carlos Maza, agente tutor en Plasencia.
El coordinador del departamento en esta ciudad, Pedro Blázquez, ahonda en la misma idea: «En contra de lo que se pudiera pensar, nosotros no recomendamos la denuncia siempre que haya otro camino, otra vía de solución». Asegura que la denuncia casi nunca satisface a nadie.
«Nos hemos encontrado con casos de padres que han decidido denunciar directamente antes de hablar con la dirección del centro y pedir nuestra mediación», afirma Pedro Blázquez. «Y se han topado con un fallo judicial que no les gusta, porque no se puede olvidar que son menores, y que habitualmente se les insta a los acosados a realizar cursos educativos o, incluso, se puede proponer que el acosado cambie de centro», detalla. Por eso mantiene que es conveniente que cuando surja el conflicto se contacte con la dirección del centro y que, junto con los agentes tutores, traten de resolver la situación, el conflicto antes de que se convierta en acoso. «Porque cuando surge el problema podemos intervenir, tratar de resolverlo; pero no cuando el acoso reviste carácter de delito, aquí ya no hay mediación posible».
Pedro Blázquez quiere dejar claro que cuando se trata de delito los agentes recomiendan la denuncia directamente. «Por ejemplo cuando nos encontramos con que una madre trata de poner fin a una foto de su hija desnuda que circula por las redes sociales», cuenta.
La menor tenía 14 años y le pasó las fotos a dos chicos que le gustaban. Cuando la relación se estropeó los chicos decidieron pasar esas fotos. «Es un delito, sí; pero ¿qué pasa? Pues que los menores de 14 años son inimputables y que cuando una foto entra en la red ya no se puede sacar, se pierde el control». Al final, la madre y su hija se han trasladado a otra localidad. «Para poder cambiar de vida y rehacerla», zanja el agente Pedro Blázquez.
De ahí que las charlas sobre drogas, ciberacoso, nuevas tecnologías, uso responsable del móvil... formen parte de los temas que anualmente los agentes tutores tratan con los alumnos. «Porque les tenemos que concienciar de que los móviles son una herramienta que hay que saber usar, que hay aplicaciones muy peligrosas».
Por eso también la Consejería de Educación se ha puesto manos a la obra en esta formación a través de la iniciativa Foro Nativos Digitales. Después de que un estudio previo dejara claro que los alumnos extremeños son nativos digitales. El 100% de los 1.983 que participaron en el estudio declararon que se conectan a internet, más del 90% utiliza dispositivos tecnológicos, y el teléfono móvil se sitúa a la cabeza.
Y los últimos datos de acoso, que Educación dio a conocer a través de un informe al Pleno del Observatorio de la Convivencia Escolar, ponen sobre la mesa que el problema existe en la escuela extremeña. Durante el pasado curso, la consejería detectó 150 posibles casos de acoso o violencia escolar y logró confirmar 87 de ellos como reales. Por eso también este curso, se está formando a más de 5.000 alumnos en el buen uso de las nuevas tecnologías, para que sepan hacer frente a los peligros de la red, como lleva haciendo la Policía Local de Plasencia desde 2012.
«Después de la charla, puedo decir que hay aplicaciones que voy a dejar de utilizar», afirma una alumna tras escuchar una charla del agente tutor en su instituto.
«Tenemos que dejar de llamar por los motes, sea o no desde el anonimato; esto hace mucho daño a las personas a las que resulta difícil acudir al instituto », señala otra.
«Les abrimos los ojos, no saben que el móvil que tienen entre las manos es un peligro real si no se tiene la formación precisa para utilizarlo y que algunas de esas acciones que pueden llevar a cabo son delitos que tienen consecuencias; porque en Internet, frente a lo que se piensa, no existe el anonimato», zanja Cenalmor.
Los agentes tutores defienden su labor de apoyo a los docentes en favor de los menores. «Creo que estamos ayudando y para mí es una satisfacción absoluta; es una de las mejores cosas que me ha pasado en mi vida laboral», dice el agente José María Ramos.
«Cada uno desde su faceta, todos estamos contribuyendo al bienestar de los menores, que es lo importante», añade Indalencio Alcón, agente tutor también en Plasencia.
Y los policías agradecen, a su vez, la posibilidad de ayudar a los menores, uno de los colectivos más vulnerables junto con los ancianos. «Porque el de agente tutor es un trabajo desde la prevención, no desde la denuncia y la multa, que proporciona además un contacto directo y cercano con la comunidad», afirma Pedro Calderón. Una labor que pone de manifiesto que «las policías locales son una herramienta de los ayuntamientos para facilitar la convivencia y resolver los problemas de la gente», concluye el inspector jefe de la Policía Local de Villanueva de la Serena.
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