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antonio armero
Viernes, 18 de noviembre 2016, 23:56
De la autovía entre Cáceres y Badajoz se sabe por dónde irá (paralela a la EX-100) y cómo conectará con la A-5 (con un nudo de comunicaciones a la altura de la glorieta de las Casas Aisladas de Gévora); se conoce su nombre (EX-A4) y cuanto costará (540 millones de euros), y todo ello sin que se haya construido un kilómetro ni se sepa cuándo empezarán las obras. No será el año que viene, a la vista de que esta conexión entre las dos capitales de provincia extremeñas ni siquiera aparece en el borrador de los presupuestos de la Junta para 2017.
En el mejor de los casos, su construcción comenzará en el año 2018. Para entonces, ya habrán transcurrido cuatro décadas desde aquella tarde remota en que un grupo de extremeños adelantados a su tiempo le hablaron al entonces rey Juan Carlos I de la necesidad de que las dos ciudades extremeñas estuvieran unidas por una vía de doble carril. Fue el 25 de abril de 1978 cuando el monarca recibió en La Zarzuela a la asociación Amigos de la Universidad Extremeña, que tenía como delegado en Madrid al periodista y escritor ya fallecido Santiago Castelo. Dos días después, la foto de portada del HOY era la de los miembros de la Junta de Gobierno de la Asociación rodeando al Jefe del Estado en un salón de La Zarzuela. Debajo de la imagen se explicaba que José Luis Arrobas Vaca, presidente del colectivo, «presentó a Su Majestad la petición de que se construya la autopista de la Universidad de Extremadura-Calle Mayor de Extremadura».
Metido en un cajón
Cuarenta años y una abdicación después, la escena podría repetirse, con una delegación extremeña pidiéndole a Felipe VI esto mismo: que le de un empujón al proyecto de autovía entre las dos ciudades más pobladas de la comunidad autónoma. Sería una suerte de deja vú histórico. Extremadura y la Casa Real harían flashback para intentar rescatar del cajón de la Junta una iniciativa que en las instituciones de la región empezó a aparecer con más asiduidad a partir del año 1999.
El 29 de noviembre de ese año, el pleno de la Diputación de Badajoz, gobernada por el PSOE, rechazó la propuesta del grupo del PP de instar al Gobierno regional a que construyera una autovía entre las dos capitales. Ese día, el diputado de Fomento y Obras, Gabriel Mayoral, utilizó como argumento principal el de la falta de tráfico, que es el que sostienen a día de hoy quienes opinan que la obra no es necesaria.
En este sentido, la cifra que suele tomarse como referencia para determinar si una carretera debe o no convertirse en autovía son cinco mil vehículos al día. Según los últimos datos que la Consejería de Economía e Infraestructuras tiene disponibles en su web, en la EX-100 hay siete estaciones de medición. Y los datos que aporta, ordenados empezando por la más cercana a Cáceres, son los siguientes: 3.490, 3.630, 3.743, 3.757 (entre Puebla de Obando y La Roca de la Sierra), 4.156 (en el cruce de Villar del Rey), 3.048 y 15.870 (en el tramo urbano a la entrada a Badajoz).
Para unos, estas cifras dejan claro que no hace falta una autovía entre las dos ciudades. Para otros, este argumento numérico está superado, y se trata de una infraestructura estratégica, que de existir acabaría propiciando un mayor intercambio entre las dos capitales. «Uniría la frontera francesa con la portuguesa», argumentó Rodolfo Orantos, diputado regional del PP, en junio del año 2002. Un mes antes, el alcalde de Cáceres, José María Saponi, había defendido públicamente la necesidad de esta infraestructura. «De Cáceres a Badajoz se podrá ir por autovía, por Mérida», le contestó Carlos Sánchez Polo, vicepresidente de la Junta. Hay que recordar que entonces aún no había entrado en servicio el tramo de la A-66 (Autovía de la Plata) entre Cáceres y la capital autonómica.
Esa respuesta generó cierta polémica. Miguel Celdrán, alcalde de Badajoz, dio la razón a Saponi. «Al señor Sánchez Polo declaró el regidor pacense, después de esas declaraciones me imagino que lo habrán ingresado».
Los mismos argumentos
Durante los años siguientes, la situación se repitió: los representantes del PP en ayuntamientos, diputaciones y Asamblea pidiendo la obra y el PSOE respondiendo que no era necesaria. El 14 de mayo de 2004, PSOE e Izquierda Unida votaron en contra de convertir la EX-100 en autovía. Y al día siguiente, Celdrán solicitó que al menos construyeran un tercer carril.
También una solución intermedia, pero de otro tipo, planteó IU en la Asamblea, en septiembre del año 2005. En concreto, propuso que hubiese cuatro carriles entre Badajoz y La Roca de la Sierra y tres de ahí a Cáceres, pues de esa forma se minimizaría el daño ambiental a la Sierra de san Pedro.
La idea no fue más allá, pero en los años siguientes, el estado de la cuestión cambió, y en febrero de 2008 salió a exposición pública el posible trazado. En agosto salieron a licitación los primeros contratos, y en marzo del año siguiente ya había visto bueno ambiental. Entonces se anunció que las obras durarían tres años y la nueva carretera estaría inaugurada en el año 2012. Así lo acordaron Guillermo Fernández Vara y el ministro de Fomento José Blanco, en una reunión en Madrid. Incluso se anunció que el ministro iría a Mérida a firmar el pago de la obra. Pero apareció la crisis, las promesas se quedaron en eso y el proyecto volvió a un cajón. El pasado mes de julio, el consejero José Luis Quintana dio la clave. «Cuando haya disponibilidad presupuestaria afirmó, se acometerá».
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