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J. R. Alonso de la Torre
Viernes, 3 de marzo 2017, 07:54
'El gordo del circo' no es una comparsa ni un personaje singular ni tan siquiera un mote. 'El gordo del circo' es un vino. Lo elaboran en las bodegas Casa Rojo, cuyo lema es: «Enología creativa». Nace de la uva verdejo y pertenece a la D. O. Rueda. Lo conocí la semana pasada en el Palacio de Cristal del hotel Río. Lo presentó Paco Teixidó, enólogo de Bodegas Santa Marina, y lo descubrí gracias a una invitación de la asociación 'Jazz y vinos entre amigos. El maridaje perfecto'.
Jazz y vinos nació en Badajoz hace dos años y medio. Empezó como un empeño algo loco, como todos los empeños que merecen la pena, de un grupo de pacenses enamorados del vino y del jazz. Al principio, eran una veintena y se reunían una vez al mes en el restaurante Doña Purita. Comían algo, cataban vinos y escuchaban jazz. Con el tiempo, la música fue complementada con conferencias sobre temas variados.
Llegó un momento en que aquel grupo de profesionales de la enseñanza, la universidad, la empresa, la medicina o la distribución comercial creció tanto que ya no cabían en Doña Purita y se trasladaron al hotel Río, donde cada mes celebran su reunión periódica e inexcusable.
Jazz y vinos está formado hoy por un centenar de amantes de la vida buena. Han celebrado ya 26 reuniones mensuales y son un ejemplo de constancia alrededor de un empeño que cuesta tiempo, esfuerzo y dedicación.
El jueves 23 centraron su reunión mensual en torno a tres motivos: la Raya como viaje iniciático y sorprendente, el vino como creación imaginativa y heterodoxa y el carnaval como fiesta desinhibida y participativa. Con estos tres ingredientes, volvieron a colgar el cartel de aforo completo y la verdad es que me sorprendieron, porque uno acude a estas reuniones de catadores con cierta prevención, esperando encontrarse con un grupo de diletantes y esnobs sin mayor enjundia, pero salí de allí asombrado de la solidez y profundidad de un proyecto que, superficialmente, puede parecer frívolo y primario, pero, tras pasar un rato con ellos, descubrí detrás una filosofía de la vida, un interés constante por la cultura, mucha elegancia natural, nada de pose y esa gracia de Badajoz como ciudad cosmopolita y abierta, capaz de albergar aventuras variadas y tan especializadas como esta que nace del amor a la música y a la enología.
Además, conocí los 'vinos locos', por el nombre y la etiqueta, de Bodega Casa Rojo, otro proyecto singular, esta vez de 20 amantes del vino que se dedican a múltiples actividades, pero están unidos por Jumilla como centro geográfico y por una visión original y sorprendente del vino, que los lleva a innovar en el diseño.
Enseguida se percataron de que debían hacer vinos de varias denominaciones y por ello tienen en el mercado marcas tan llamativas al ser nombradas y tan sugerentes al ser catadas como La Marimorena (Rías Baixas), Invisible Man (Rioja), The Orange Republic (Valdeorras), Maquinón (Priorat), Macho Man (Jumilla), etcétera.
Hace un par de años, el visionario extremeño del vino, es decir, Fernando Toribio, sacó al mercado sus vinos Golosina y Torivín, El Torito Bodeguero, ante la estupefacción del entorno vitivinícola extremeño. Fernando no hacía otra cosa que adelantarse a los tiempos y entrar en un mercado que busca la sorpresa, la innovación y el desenfado. El vino ya no es un producto solemne, sino un producto imaginativo. El maridaje de vino, jazz, cultura, heterodoxia, creatividad y, sobre todo, naturalidad es lo que se sustancia una vez al mes en las reuniones pacenses de Jazz y Vinos. Ese es el camino.
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