La culpa siempre es de «Bruselas»
IGNACIO SÁNCHEZ AMOR PORTAVOZ DEL GRUPO SOCIALISTA EN LA COMISIÓN MIXTA PARA LA UNIÓN EUROPEA DE LAS CORTES GENERALES
Domingo, 8 de mayo 2016, 00:38
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IGNACIO SÁNCHEZ AMOR PORTAVOZ DEL GRUPO SOCIALISTA EN LA COMISIÓN MIXTA PARA LA UNIÓN EUROPEA DE LAS CORTES GENERALES
Domingo, 8 de mayo 2016, 00:38
HACE unos días se celebró en Mérida una manifestación por la llamada crisis de los refugiados. El, para mí, sorprendente colofón del sencillo acto fue que la bandera europea colocada en el Ayuntamiento fue bajada a media asta entre aplausos. No debió sorprenderme tanto, sin embargo, pues casi todos los textos leídos con tal ocasión eran expresamente críticos con Europa o destilaban de algún modo una atribución de responsabilidad en el desastre de los refugiados a la Unión Europea. Y eso me hizo recordar que hace muchísimos años, tantos que la hemeroteca del HOY no lo registra, escribí un artículo tratando de clarificar que no todo lo que pasa en Europa es responsabilidad de la Unión Europea. Denunciaba entonces que cuando las cosas le habían ido bien a un responsable político en Bruselas, el mérito pretendía que fuera suyo. Y que cuando las cosa no habían ido bien, era culpa de ese brumoso e inconcreto «Bruselas». Y que así era difícil que los ciudadanos entendieran cómo funcionaban las cosas allí y aquí, puesto que siempre los halagos eran para el hábil negociador doméstico y las culpas irremisiblemente eran de «Europa», la «Unión Europea» o, simplificando, «Bruselas». Lo que equivale, añado ahora, a que en la política española la reciente decisión gubernamental de prorrogar sesenta años la papelera de Vigo, por poner un ejemplo reciente, se atribuyera al Grupo Parlamentario del PNV.
Los gobiernos europeos están muy acostumbrados a camuflarse en una unívoca imagen de Europa. Y les conviene que los ciudadanos dirijan su enfado con una genérica Unión Europea, porque así ellos escurren el bulto. Pero, en materia de refugiados por ejemplo, quienes han decidido levantar verjas metálicas han sido los gobiernos, no la UE; quienes no están cumpliendo sus obligaciones de acoger cuotas, establecidas por la UE, son los gobiernos; quienes han acordado con Turquía han sido los gobiernos (el de Syriza incluido), en un formato que no era el de un Consejo Europeo; quienes han aprobado leyes para confiscar joyas, han sido las mayorías parlamentarias de los países, no el Parlamento Europeo; quienes limitaron la entrada de afganos e iraquíes sin base legal alguna fueron los gobiernos; y así un largo etcétera. Y, por el contrario, quien está ayudando financieramente a Líbano, Jordania y Turquía (y a Grecia, y a Serbia) es la Unión Europea; quien ha establecido cuotas obligatorias de refugiados es la Comisión; quien intenta por todos los medios que no se cierren más fronteras y se reabran las cerradas es también la Comisión; quien propone un sistema centralizado de asilo con reparto solidario de responsabilidades es el Parlamento Europeo; quien propone multas a los estados es la Comisión; y así un no menos largo etcétera.
Todos sabemos que el sistema político europeo es complejo, porque no sigue el modelo estatal, pero ya han pasado los años suficientes para que los españoles informados de la política nacional, sepan distinguir del mismo modo las responsabilidades europeas y los actores de las decisiones. Por eso la información europea es básica, y hay que seguir haciendo un gran esfuerzo didáctico, como el que hacen los muchos profesores extremeños que hacen difusión europeísta en sus centros y participan con enorme éxito en concursos europeos escolares. Y es bueno recordar esto en un momento en el que reconocemos la labor europeísta de la «ideóloga» de las becas Erasmus, que han hecho más por la Europa del futuro que muchos fondos estructurales. El enemigo es la desinformación, cada vez más usada por quienes no parecen atreverse a un debate documentado sobre la Unión Europea real y no la inventada a su medida propagandística. Algunas cosas de las que se leen estos días sobre la negociación del TTIP van en esa consciente dirección. Y lo dice el primer diputado español que accedió a la sala de lectura de los documentos secretos luego filtrados.
Siempre he defendido que Europa ha sido un éxito de integración, pero un fracaso de comunicación. Una reflexión particularmente oportuna alrededor del Día de Europa, que no conmemora una batalla o un tratado, sino un acto de comunicación, la rueda de prensa de Schuman y Monnet en la Sala del Reloj del Ministerio de Exteriores francés a las seis de la tarde del 9 de mayo de 1950. Y para probar que los problemas serían de comunicación, la anécdota de que al acto con doscientos periodistas y diplomáticos no se convocaron ni a las radio ni a los fotógrafos, por lo que la escena tuvo que ser reconstruida unos meses después. Un primer tropezón informativo desde el propio germen de la actual Unión, que desgraciadamente se ha repetido sucesivamente (la gestión de la negociación del TTIP es desastrosa, por ejemplo) hasta llegar a que ciudadanos europeos informados bajen las banderas europeas en una equivocada atribución de responsabilidades sobre los refugiados.
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