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TOMÁS GARCÍA YEBRA
Martes, 2 de mayo 2006, 02:00
Nunca buscó ser original. Tampoco pensaba que se podía hacer arte con una cámara fotográfica. Lo suyo consistía en recorrer las calles y retratar a la gente que le salía al paso. «Desconfío de las imágenes indescifrables", suele decir Willy Ronis, de 95 años, un hombre que continúa en la brecha y que piensa morir «con las botas puestas». A pesar de la poesía que transmiten sus imágenes en blanco y negro, Ronis ha sido un fotógrafo olvidado, al menos no gozó de la fama y el reconocimiento -aunque lo mereciera igualmente- de un Cartier-Bresson, por citar un artista que profundizó, al igual que él, en la fotografía humanista.
La Fundación 'la Caixa' ha seleccionado 132 instantáneas de este fotógrafo francés en la exposición 'Willy Ronis', una retrospectiva que resume una carrera de más de 60 años. «Sus imágenes son auténticos microrrelatos, pues van acompañados de textos en los que Ronis explica las circunstancias en que fueron realizadas», explicó la comisaria de la muestra, Marta Gili. «No quería que nadie, a posterior, se inventara otras intenciones que no fueran las suyas».
Una de las vertientes de su obra más ampliamente representada la constituye las tomas realizadas en las fábricas y en los barrios de trabajadores. En ellas, el fotógrafo parisino manifiesta con toda intensidad su espíritu comprometido en favor de la dignidad y respetabilidad de las causas del movimiento obrero. «Ronis no maquilla la pobreza, ni la miserabiliza; tampoco la edulcora ni la ensalza, simplemente la acompaña», explicó Gili.
Emoción y sorpresa
Además de sus célebres fotografías de huelguistas, de piquetes y de las encendidas arengas en diferentes fábricas francesas, la exposición acoge sus instantáneas poéticas más conocidos -como 'El panorama hacia el sur'-, sus reportajes de viajes y sus delicados desnudos femeninos.
Una vez que aprendió los rudimentos del oficio en el taller de su padre (su progenitor se dedicaba al retrato y a retocar fotografías), Ronis se codeó con las grandes figuras del fotoperiodismo contemporáneo, colaboró con las revistas ilustradas más importantes de la posguerra y publicó un libro, 'Belleville-Menilmontant' (1954), que se convirtió en uno de los referentes de la fotografía humanista.
«La fotografía es emoción, la fotografía es escudo, la fotografía es comunicación, la fotografía es sorpresa», son algunas definiciones que el artista ha hecho sobre su trabajo.
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