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Gaby Flores, delante del locutorio que ha abierto en la calle Antonio Silva
Inmigrantes por cuenta propia
Caceres

Inmigrantes por cuenta propia

El Proyecto Inmex, en el que participan UGT y Cepes, promueve que los inmigrantes abran en Cáceres sus propias empresas

PABLO CALVO

Lunes, 27 de noviembre 2006, 10:33

En el luminoso del locutorio 'El Encuentro', que acaban de instalador dos operarios delante de dos monjas de origen latinoamericanos, lucen una treintena de banderas de países latinos, africanos, asiáticos y balcánicos, los principales lugares de origen de los inmigrantes que residen en Cáceres. El cartel ha sido diseñado en todos sus detalles por Gaby, que ha elegido desde las banderas hasta el modo en que debe figurar el nombre del establecimiento, en semicurva, como una sonrisa, para que resulte más acogedor. El propio nombre ya es todo un símbolo: «Esto es algo más que un locutorio, es un lugar de encuentro en el que todos nos escuchamos y ayudamos», afirma.

Gaby es Gabina Flores Vargas, boliviana de Santa Cruz. Reside desde hace seis años en Cáceres,y atrás dejó una pequeña actividad empresarial en el sector textil. Ella ha sido de las primeras, en Cáceres, en acogerse al Proyecto Inmex (Inmigración Extremadura), destinado a apoyar las inquietudes emprendedoras de los extranjeros que llegan a las ciudades extremeñas, y combatir el binomio inmigrante-trabajador mal pagado.

El Proyecto Inmex llega hasta los ciudadanos a través del sindicato UGT y Cepes (Confederación de Entidades para la Economía Social y Autónomos de Extremadura) como parte de la iniciativa comunitaria Equal. Al inmigrante se le acompaña, ayuda y anima para la creación de su propio negocio. En la región ya hay en marcha 26 pequeñas empresas.

«La cosa está funcionando bien. Por su parte, ellos ponen mucha ilusión y mucho empeño en conseguir llevar adelante las ideas que tienen. Su proyecto de vida está ahí», asegura Jairo Mejía Vaca, del Centro de Atención Integral a la Persona Inmigrante que UGT tiene abierto en Cáceres.

En Cepes, con sede en la calle Diego María Crehuet, a los inmigrantes que llegan con un proyecto empresarial se les ayuda a realizar el plan de viabilidad, imprescindible para ver las posibilidades reales de un negocio y optar a las subvenciones de la Administración o a un crédito bancario. De ello se ocupa Vanesa Morgado Collado. Es escuchar su nombre, y los inmigrantes se deshacen en elogios.

«Es que si empezar con una empresa cuesta a cualquier persona, imagina cómo resulta para alguien que lleva poco tiempo en el país, en la ciudad, que no conoce los mecanismos de funcionamiento de aquí ni los trámites administrativos que debe cumplir», señala Vanesa.

Las primeras consultas del Proyecto Inmex llegaron durante el verano, pero ha tomado fuerza a partir de septiembre. Jairo y Vanesa señalan que, a la hora de escoger la empresa que se va a montar, lo primero que piensan los inmigrantes es en lo que necesita su colectivo, cada vez más numeroso en Cáceres. De ese modo, se garantizan una clientela segura.

Locutorio

Esa es la razón principal que ha llevado a Gaby a abrir un locutorio telefónico, que también funciona como pequeño ciber. Tampoco el lugar escogido, en la calle Antonio Silva, ha sido casual, pues se encuentra a pocos metros de la oficina de atención al inmigrante de la Subdelegación del Gobierno.

«Para los inmigrantes, un locutorio es un lugar muy frecuentado, no sólo para llamar, sino que opera como punto de encuentro. Cada uno viene con su historia, y tratamos de ayudarnos unos a otros».

'El Encuentro' abrió sus puertas en octubre. Los trámites de apertura se prolongaron durante dos meses y medio, pero en la cabeza de Gaby llevaba más tiempo. «Tardé seis años en juntar los ahorros. He estado cinco años en una casa, en esta misma zona, y por eso sé que el locutorio debe ir bien». «En Bolivia también he tenido pequeños negocios, en realidad soy independiente desde los 18 años, pero antes de lanzarte tienes que informarte bien para poder competir». En la misma acera de El Encuentro hay otro locutorio perteneciente a una cadena.

Morena de piel, menuda y de hablar pausado, Gaby asegura sentirse «partícipe de la ciudad». «Yo siento que no hay problemas con los inmigrantes, a mí me han tratado muy bien en Cáceres. Para nosotros es una buena ciudad donde vivir, incluso la gente mayor se acerca y te da la bienvenida porque dicen que ellos también lo vivieron».

Productos latinos

Recién llegado a Cáceres se encuentra Roly Suárez, también boliviano, que está buscando un local cercano al paseo de Cánovas en el que abrir una tienda de productos latinoamericanos. También se ha acogido al Proyecto Inmex. «Claro, es una guía importante para saber los pasos que debes dar», afirma. Roly, que reside en la ciudad con su mujer y dos hijos, está realizando el plan de viabilidad. «Es complicado, porque te piden saber hasta el precio que compras los productos y al que piensas venderlo, pero puede ser una buena salida porque los inmigrantes echamos de menos nuestros productos». Roly ya ha trabajado en Madrid en una importadora de productos latinoamericanos

Empresa de servicios

Ángel Domínguez Moreno, de 47 años, acumula una larga experiencia profesional en el sector de la construcción metálica. En Cáceres ha intentado crear su propia industria, pero se ha topado con muchas exigencias de tipo medioambiental a la hora de habilitar la correspondiente nave. No abandona la idea, pero, de momento, ha creado la empresa de servicios Santa Cruz (su localidad boliviana de origen donde tenía taller propio). «Haremos cosas de cerrajería, de pintura,... cualquier servicio de urgencias. Ya he invertido 8.000 euros, tengo comprado la furgoneta, pero me aún faltan 10.000 euros que espero lograr de una Caja», asegura con tono de confianza.

«Tengo la formación necesaria y experiencia. La empresa es un reto que me he marcado. Algunos compatriotas dicen que no se puede, pero yo digo que se puede hacer. Es mi sueño y creo que me falta poco para conseguirlo».

Ángel ya ha logrado la reagrupación familiar y en Bolivia sólo queda uno de los hijos varones, «que es futbolista profesional». En el despacho de la calle Sanguino Michel destaca entre varias fotografías una de toda la familia en el aeropuerto de Barajas, símbolo de la tierra de acogida. «Aquí se puede llevar una ida muy segura, se puede vivir en paz y se vive mejor», responde cuando se le pregunta si algún día volverá a su país.

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