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MUNDO

Emerge la izquierda en Latinoamérica

Triunfan los gobiernos de corte izquierdista en Chile, Brasil, Perú, Costa Rica, Nicaragua, Ecuador y Venezuela, mientras solo en México y Colombia ganan los conservadores

REDACCIÓN

Domingo, 24 de diciembre 2006, 02:48

La izquierda latinoamericana pasó por un buen susto este año cuando falló la salud del cubano Fidel Castro, pero llega al 2007 fortalecida como nunca, pese a las diferencias de talante entre sus líderes y sus diversas posiciones ante Estados Unidos.

En el 2006, sectores de izquierda o centroizquierda emergieron victoriosos de las urnas en Chile, Brasil, Perú, Costa Rica, Nicaragua, Ecuador y Venezuela, mientras que los conservadores sólo ganaron en México y Colombia, aunque con un fuerte avance del campo izquierdista. Esa nueva izquierda latinoamericana no es un bloque monolítico y los analistas la dividen en tres corrientes que tienen la preocupación con los asuntos sociales como denominador común, pero se diferencian por sus visiones de la economía y la política internacional.

El más duro de esos bloques lo conforman el cubano Fidel Castro, el venezolano Hugo Chávez y el boliviano Evo Morales, que encarnan la más férrea oposición a la Casa Blanca y aún hablan de revolución y socialismo en el Siglo XXI.

El líder cubano delegó el poder en su hermano Raúl el 31 de julio, tras asistir a una cumbre del Mercosur y aquejado por una enfermedad tratada como secreto de Estado, por la que no pudo estar presente en los actos del 50 aniversario del desembarco del 'Granma' y la fiesta por los 80 años que cumplió el 13 de agosto.

Cambios y dudas

Pese a que durante décadas se temió por el 'día después' de la ausencia de Fidel Castro, en Cuba nada ha cambiado por ahora y la transición navega por aguas calmas, sólo agitadas por las dudas sobre el estado del máximo líder de la revolución.

Con la ausencia de Castro, Chávez se ha fortalecido como portavoz de ese sector duro de la izquierda latinoamericana y su reelección el pasado día 3 deberá llevar, como él mismo ha anunciado, a una «profundización» del proceso «bolivariano» y a la construcción de lo que denomina el «socialismo del Siglo XXI». Cercanos a esa línea radical de la izquierda parecen situarse los presidentes electos de Nicaragua, Daniel Ortega, y de Ecuador, Rafael Correa, aunque ambos son, por ahora, una incógnita, pues de momento han mantenido un tono más moderado, sobre todo hacia Estados Unidos.

Esa moderación puede acercarlos al brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, el argentino Néstor Kirchner, la chilena Michelle Bachelet y el uruguayo Tabaré Vázquez, todos con políticas de agudo acento social, pero ajenos al «neomarxismo» del 'eje del mal' en América Latina que, según Washington, encarnan Cuba, Venezuela y Bolivia.

Socialdemocracia

Más cerca del centro, aunque con posiciones políticas afines a la vieja socialdemocracia, se encuadran el panameño Martín Torrijos, el dominicano Leonel Fernández, el peruano Alan García, el paraguayo Nicanor Duarte y el costarricense Oscar Arias.

A pesar de las discrepancias entre sus líderes, este amplio bloque de izquierdas supone un dolor de cabeza para el gobierno del presidente estadounidense, George W. Bush, cuya influencia política en América Latina ha mermado con fuerza en los últimos años. El propio Bush se ha encontrado con varias pruebas de que la opinión de Washington ya no vale tanto en lo que muchos llamaban despectivamente el «patio trasero».

En el 2003, casi toda América Latina se opuso a la Guerra en Irak. El año pasado, en la Cumbre de las Américas celebrada en la ciudad argentina de Mar del Plata, quedó prácticamente archivada la iniciativa del Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA), pese a los esfuerzos de la Casa Blanca.

Sus principales aliados hoy son los gobiernos conservadores de Colombia y México, pero en las elecciones celebradas este año en ambos países hubo un notorio avance de la izquierda, que ha pasado a ser protagonista de primer orden.

En Colombia, el Polo Democrático Alternativo liderado por Carlos Gaviria se ha consolidado como una alternativa de poder y, junto con el descalabro liberal, estableció una nueva correlación de fuerzas en un país inmerso desde hace 50 años en un grave conflicto interno.

En México, los incidentes durante la investidura de Felipe Calderón, que derrotó en polémicas elecciones al izquierdista Andrés López Obrador, parecen vaticinar tiempos difíciles, en los que la izquierda surge como posible fiel de la balanza política

El mandato de transición a la democracia del presidente Vicente Fox concluyó este año con un polémico proceso electoral que ha dejado a su sucesor, Felipe Calderón, la compleja tarea de levantar un país agobiado por la crispación política y social y por la propagación de la violencia.

La sombra del PRI

Acusado de falta de autoridad y de no haber logrado extirpar los vicios del PRI, Fox será recordado también por haber protagonizado una de las transmisiones de mando más controvertidas y emocionantes de la historia mexicana.

El año comenzó con el resurgimiento mediático del subcomandante Marcos, líder del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), que en enero lanzó en el estado sureño de Chiapas su 'otra campaña' a las elecciones del 2 de julio, doce años después del alzamiento armado del grupo guerrillero.

El día 22 de mayo los problemas se trasladaron al estado sureño de Oaxaca, con un paro de los maestros públicos que abrió el más largo y sangriento conflicto social de la era Fox, con un saldo oficial de más de once fallecidos y pérdidas por más de 650 millones de dólares. Seis meses y medio después, la calma parece haber vuelto a Oaxaca, gracias en parte a la intervención de las fuerzas federales enviadas por el mandatario en octubre. Para los analistas, en estos episodios subyace, además de la desigualdad social, la violencia que ahoga a la sociedad mexicana.

López Obrador denunció un fraude electoral, bloqueó la capital durante un mes y medio con campamentos de protesta, se proclamó «presidente legítimo» e intentó boicotear la investidura de Calderón. El sombrío escenario en el que toma las riendas del gobierno, muy distinto al prometedor aterrizaje de Fox hace seis años, puede ser, paradójicamente, su mejor aliado para ganarse a una sociedad fuertemente dividida y necesitada de orden y de equidad en el desarrollo.

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