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La extracción de la tierra de la segunda zanja abierta ayer se realizó con el mayor cuidado.
Los arqueólogos hallan más balas y restos óseos  al iniciar la búsqueda de la fosa de represaliados
Merida

Los arqueólogos hallan más balas y restos óseos al iniciar la búsqueda de la fosa de represaliados

La Fundación Científica Aranzadi comienza una prospección arqueológica junto a la tapia sur del cementerio para saber dónde está y cómo es la fosa Los investigadores no descartan que parte de los huesos encontrados pertenezcan a un antiguo osario

CELIA HERRERA

Miércoles, 10 de enero 2007, 09:42

Un equipo de arqueólogos de la Fundación Científica Aranzadi ha iniciado los trabajos de prospección arqueológica en la zona que rodea la tapia sur del Cementerio, junto a la que han aparecido durante los últimos meses numerosos indicios que pudieran señalar la existencia de una fosa anónima de represaliados de la Guerra Civil.

El equipo, que empezó a trabajar ayer con la ayuda de una máquina excavadora, no tuvo que esperar mucho para encontrar los primeros hallazgos, ya que desde el inicio de la prospección se hizo patente la existencia de numerosos restos óseos, la mayoría fragmentados y de pequeño tamaño.

La utilización de una máquina detectora de metales también permitió encontrar hebillas y varias vainas de munición 'Mausser', la misma que se utilizó durante la Guerra Civil española, y que se suman a las encontradas en prospecciones anteriores.

Evidencias e hipótesis

La presencia de los casquillos, unida a las señales de disparos que son visibles aún en la pared del tapial del Cementerio, demuestra de forma evidente los fusilamientos que tuvieron lugar en esta zona hace más de 60 años.

Esta evidencia no permite asegurar, sin embargo, que los restos óseos encontrados ayer, y en meses anteriores, pertenezcan a los cuerpos de los fusilados, como advierte el director de la prospección arqueológica, Jimi Jiménez.

Pero el hecho de que algunos restos óseos pudieran pertenecer a un antiguo osario del Cementerio no quita solemnidad a la excavación. «En este tema sí que me voy a mojar. Esto es algo más que un simple osario, porque desde el principio los huesos aparecieron junto a proyectiles. Otra cosa es que puede que los restos de distinta procedencia estén mezclados», aclara Jiménez.

El equipo investigador de la Fundación Aranzadi comenzó ayer reabriendo la primera zanja que se abrió en junio durante los trabajos de construcción del muro perimetral del futuro jardín botánico, en el que se hallaron los primeros restos óseos y casquillos de munición y que, posteriormente, fue tapada de nuevo.

Durante la reapertura aparecieron nuevos restos óseos, pero como la tierra estaba ya muy removida, se decidió abrir una segunda zanja paralela a escasa distancia para comprobar si la estructura de los estratos y los hallazgos se repetían.

En la segunda zanja aparecieron también numerosos huesos, alguna hebilla metálica y varios casquillos casi a la misma profundidad que en la primera zanja, así como una estratificación parecida: unos 40 centímetros de arcilla, una pequeña capa de tierra blanca y otra capa inferior de arcilla.

Los trabajos se desarrollan lentamente, al ritmo del azadón, una pequeña pala y el cepillo. La tierra que se va extrayendo se criba posteriormente con un cedazo para evitar la pérdida de cualquier resto importante, por muy pequeño que sea.

Vista y oído de expertos

En esta tarea resulta fundamental la mirada experta de los arqueólogos, y también el oído experimentado de Luis Avial, el técnico que exploró previamente el solar con un geo-radar y que ayer ayudó en la excavación interpretando los sonidos de su detector de metales.

Iván Ortiz fue uno de los arqueólogos que se llenó de arena hasta las orejas al dedicarse a explorar las zanjas con una azada para ir extrayendo la tierra.

La de Mérida será su tercera búsqueda de fosa común que emprende durante el año que lleva trabajando con Aranzadi. En algunas ocasiones, ha trabajado con las familias de los desaparecidos al pie de la excavación, algo a lo que ya se ha acostumbrado.

«Ésto es un trabajo especial; es arqueología social. No estamos excavando un yacimiento romano, aunque usemos una metodología igual de exhaustiva, y tiene una respuesta social inmediata».

«Bolsas», no fosas

A pesar de la importancia de lo descubierto hasta ahora, estos primeros hallazgos no permiten hablar aún de una fosa común, según el concepto universalmente aceptado de zona en la que aparecen esqueletos y restos de cuerpos casi completos, sino que los investigadores de la Fundación Aranzadi prefieren utilizar por ahora el término de «bolsas» de huesos o restos óseos.

Al ser huesos pequeños, y al existir apenas conexión anatómica entre ellos, los restos resultan de difícil interpretación, tal como reconoce el director de la prospección, quien confía en que el avance de los trabajos ayude a dilucidar la cuestión a lo largo de esta semana.

Financiación municipal

El inicio de los trabajos recibió ayer la visita del concejal del Cementerio, Alfredo de la Rubia. El delegado no realizó ningún comentario sobre la prospección, excepto que se encontraba a la espera de las primeras conclusiones de este proyecto, que está siendo financiado íntegramente por el Ayuntamiento de Mérida.

La primera fase de la prospección, que consiste en la búsqueda de la posible fosa común, durará una semana. Los trabajos tienen un presupuesto de más de 22.000 euros, incluido el alojamiento y comida de los miembros del equipo de Aranzadi, desplazado desde el País Vasco.

De los resultados de esta primera fase, en la que se intentará averiguar dónde, cuántas y cómo son las fosas que pudieran existir, dependerá si se aborda o no una segunda fase para realizar la excavación en sí, aclara el coordinador de este proyecto.

La prospección arqueológica ha sido autorizada por el Consorcio Monumental, que no permite por el momento intervenir en los terrenos cercanos a los aparcamientos, donde el geo-radar también señaló la existencia de posibles bolsas de restos óseos, por ser una zona potencialmente arqueológica.

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