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MARCOS MURILLO MARIÑO
Jueves, 24 de mayo 2007, 03:40
Vivimos en tiempos en los que las urnas deciden quién y por quiénes vamos a ser gobernados, por mayoría de votos.
Votar es un derecho constitucional que todos tenemos y que va acompañado de la libertad de elección, o sea, a favor de unos o de otros o de ninguno (abstención). En base a lo que pensamos, creemos o vemos en la vida política, en la propaganda y en 'el cuento' de los políticos, hemos de emitir la preferencia de nuestro voto.
Pues bien, entre los políticos que nos gobiernan y los que aspiran a gobernarnos hay 'un tomate' de asco: repugna esa lucha a campo abierto, sin concesiones ni escrúpulos que diariamente nos brindan los 'mandamases' que están y los aspirantes a estar.
A mi personalmente no me gustan, no me convencen las luchas intestinas, ni las debilidades, ni las chulerías, ni el ansia de poder, ni el 'caiga quien caiga', ni el «yo... o nosotros».
Creo que los españoles bien merecemos ser gobernados con firme entereza, sin concesiones, con justicia y firmeza, con amor, con 'clase' y con trabajo útil y decente. Sin favoritismos y sin intolerables diferencias. Cuando un partido político demuestre que puede gobernarnos así, ¿votaré!
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