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Sociedad

El Vaticano acentúa el perfil conservador de los obispos que pilotarán la Iglesia española

Benedicto XVI deberá nombrar una docena de prelados tras haber designado ya a ocho y trasladado a otros seis en lo que lleva de papado

PEDRO ONTOSO

Lunes, 9 de julio 2007, 11:37

El Vaticano está reforzando el carácter conservador del Episcopado español de acuerdo con el perfil de los últimos obispos designados a propuesta del nuncio apostólico en Madrid. En los próximos meses, el portugués Manuel Monteiro de Castro deberá promover, al menos, una docena de nuevos nombramientos, bien para cubrir sedes vacantes o por la renuncia obligatoria de los prelados que ya han rebasado la edad estipulada en el Código de Derecho Canónico. Hasta ahora, el relevo pasa por «buenas personas, bien formadas, pero sin capacidad de liderazgo», coinciden los observadores especializados, que definen a los nuevos prelados como «piadosos y obedientes» y de una «rigidez doctrinal extrema».

En lo que lleva de papado, Benedicto XVI ha designado en España un cardenal, Antonio Cañizares, y ha nombrado ocho obispos. Además, ha promovido el traslado de otros seis y ha aceptado la renuncia de cinco. Las decisiones han contado, en la mayoría de los casos, con el beneplácito del cardenal Antonio Rouco Varela, que se sienta con voz y voto, desde octubre de 1998, en el dicasterio romano que ostenta la responsabilidad de los nombramientos episcopales.

De entre todos ellos, uno de los que más sorprendió fue el del vasco Jose Ignacio Munilla, de tan sólo 44 años, y muy pegado a la corriente más conservadora. En las últimas semanas, el prelado de San Sebastián ha protagonizado una polémica por su decisión de trasladar a los estudiantes del seminario palentino a la madrileña Facultad de Teología San Dámaso -buque insignia del movimiento eclesial conservador-, una iniciativa muy contestada por el clero local.

Contra el 'taranconismo'

La nueva hornada de obispos responde a un perfil casi uniforme, de corte muy espiritualista y cercano a los nuevos movimientos. Varios de ellos, formados en los ambientes eclesiales de Toledo, en 'el seminario de don Marcelo'. Algunos analistas consideran que Rouco ha servido de brazo póstumo para aplicar el legado del emblemático arzobispo de la sede primada, Marcelo González, que habría dejado la encomienda de algunas de las promociones.

Los investigadores de la Iglesia sostienen que se trata de una estrategia que viene «de lejos», para liquidar cualquier atisbo del taranconismo. El nuevo clero camina por esa línea y de manera muy acentuada. «A los sacerdotes se les recluta ahora en ambientes muy conservadores y se les recluye en centros muy concretos. Muchos proceden, no ya de movimientos parroquiales de base, sino de las cofradías, de la religiosidad popular, y muy pegados al tradicionalismo. A diferencia de antes, se valora menos la formación intelectual», describe un formador. En ese contexto, resulta evidente el distancimiento de instituciones como la Conferencia de Religiosos o la Federación de Religiosos de la Enseñanza con la jerarquía episcopal.

El momento es delicado en España, con las elecciones generales a ocho meses vista. El tema que enfrenta ahora a la Iglesia y al Gobierno es la nueva asignatura de Educación para la Ciudadanía, en la que la jerarquía ve la reencarnación de todos los males y el Ejecutivo una apuesta por la sociedad de valores. El sector más duro, que se ha convertido en referencia, lleva la voz cantante con un discurso muy politizado y extremo -«un cristianismo político a la vieja usanza»-, en detrimento de las posturas más conciliadoras, que no trascienden.

En esta tesitura, el nuncio Monteiro, en misión diplomática en España desde marzo de 2000, tiene mucho trabajo por delante. Todavía queda una sede vacante, Santander, en la que muchos ven un destino para el portavoz de la Conferencia, Juan Antonio Martínez Camino, aunque otros lo colocan como auxiliar en Madrid, donde se mantiene sin ocupar el puesto de Romero Pose -fallecido tras una larga enfermedad- muñidor de los últimos grandes -y polémicos- documentos del Episcopado.

Pamplona también tiene el sello de urgente. Fernando Sebastián cumplirá el próximo diciembre 78 años y no es muy usual prorrogar a un prelado durante tres cursos más. Algunas fuentes periodísticas sitúan en Pamplona a Francisco Pérez, actual arzobispo castrense. En cualquier caso, en la capital navarra se da por hecho que el relevo es «inminente».

Valencia es otra plaza muy importante, la tercera tras Madrid y Toledo. Monseñor Agustín García Gasco, uno de los hombres fuertes del Episcopado, ya presentó hace un año la renuncia. En la misma situación se encuentra Málaga, cuyo titular, Antonio Dorado, acaba de cumplir 76 años. Dorado, que ha trabajado al frente de la comisión de Enseñanza, pasa por ser uno de los últimos 'taranconianos'.

También han alcanzado la edad de jubilación el obispo de Segovia, el claretiano Luis Gutiérrez, y el de Gerona, Carlos Soler, lo hará dentro de tres meses. El de Lugo, el franciscano José Higinio Gómez, además de haber cumplido los 75 años, se encuentra muy enfermo. También ha renunciado por enfermedad el de Lérida, Xavier Ciuraneta. El auxiliar de Barcelona, Joan Carrera, hizo en mayo 77 años, dos más que el de Bilbao, Carmelo Echenagusia, que cumplió la edad reglamentaria en abril.

Beligerancia política

Pero los deberes se le acumulan al nuncio, que no parece tener prisa en la remodelación. En 2008, el obispo de San Sebastián, Juan María Uriarte, y el de Guadix, Juan García Santacruz, llegan a los 75 años. En 2009 lo harán otros tres prelados y un cardenal: Carlos Amigo (Sevilla), José Sánchez (Sigüenza-Guadalajara), José Dieguez (Tuy-Vigo) y Jaume Traserra (Solsona). Algunos de ellos, como Uriarte, Amigo y Sánchez, cuentan con influencia en los sectores más abiertos de la jerarquía. Juan García, por su parte, concitó los votos del PSOE, PP e IU para ser nombrado hijo adoptivo de la ciudad en un consenso poco habitual.

Analistas eclesiales creen que se abre un «invierno» en la institución, con prelados «grises y sin relieve». El sector más aperturista perdería peso en la nueva cúpula eclesial, dominada por un núcleo duro, muy beligerante con el Gobierno, que encabezan sin ningún disimulo Cañizares y Rouco, un férreo tándem con acreditada sintonía tanto en lo eclesial como en lo ideológico. Y con incondicionales seguidores. El obispo de Huesca, Jesús Sanz, ha descollado, como lo hizo en su etapa el de Mondoñedo, con declaraciones muy atronadoras sobre la unidad de España o Educación para la Ciudadanía, comparando la actuación del Gobierno con la de sistemas totalitarios. Desde la Iglesia, se acusa al Ejecutivo de imponer una moral anticristiana. Desde la política, se reprocha a los obispos el haber quebrado el discurso eclesial que se heredó de la Transición.

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