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ALEJANDRO VILLALOBOS LÓPEZ
Lunes, 22 de marzo 2010, 01:06
Sin excesivas alegrías en cuanto a materia prima futbolística, pero con efectividad cara al marco contrario, que es lo que vale al fin y al cabo, el Mérida aprovechó la porcelana de Bohemia que atestigua Copito en sus botas, para sentenciar, «in extremis», un duelo que tuvo como protagonista el autobús defensivo visitante que de poco le sirvió.
Nada más arrancar el envite, el once de Plaza nos recordó que en su campo es como un experto púgil que se deja querer, tantea los golpes de su rival, los para y, cuando el rival se fía o le tiemblan las piernas, le suelta un gancho de izquierda y le tumba en la lona. El Montehermoso rápidamente dio muestras de que no era un dechado de virtudes balompédicas precisamente, y su primer remate a palos de España, en el minuto 12, no vio la luz del gol. Un fiel reflejo de la oscuridad exhibida en su juego ayer. El Mérida no encontraba la llave para abrir el candado de cinco cerraduras visitante y carbón, sólo carbón en las botas de sus chicos.
El público estaba más pendiente de la charanga de la afición visitante, mucho más ruidosa y entretenida, que del encuentro. Hasta el aviso de Trinidad, en el 30, que obligaba a justificar la nómina a Elías, el mejor de los rojillos ayer. Pero poco más, porque la nebulosa seguía presente sobre las piernas de los 22 protagonistas que no dejaban de fallar.
Las duchas fueron un jarro de agua fría para un Montehermoso que, a las primeras de cambio, dobló la rodilla ante un Mérida que abría el cerrojo gracias al ratoncillo del área David Copito. El míster visitante cambió su esquema «amarrategui» para cambiar a un 4-2-3-1 con Robert en vanguardia a ver si en una contra sorprendía a los locales. Pero como en las corridas taurinas, no basta ser un buen torero o parecerlo, sino que hay que matar con la espada.
El Mérida no había hecho nada de otra constelación, la verdad. Ni había excavado en la zaga rojilla ni había llegado más que con zarpazos esporádicos, sin uñas, a los confines de un Elías que salvó a los suyos de más de un disgusto, como una salida de Méndez en el minuto 80. Sabido es que no hay porcelana fina que no se rompa de tanto pasearla, y librando con determinación inmaculada el fuera de juego de los centrales rojillos, llegaría la sentencia. Copito daba la estocada definitiva a un rival que ayer porfió, pero que hizo sabio ese principio futbolístico que reza que cuando juegas a empatar, lo más lógico es que termines perdiendo. Justamente lo que sucedió en la noche de ayer ante un Mérida que sigue firme en su lucha por colarse en los puestos para la liga de ascenso.
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