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¡Miradme, miradme, miradme!
OPINIÓN

¡Miradme, miradme, miradme!

Hasta que Paul McCartney tomó el bajo en el cuarteto de Liverpool, jamás este instrumento había alcanzado tal protagonismo melódico en una canción

ENRIQUE FALCÓ

Domingo, 23 de mayo 2010, 02:11

ESTAS han tenido que ser las palabras (lea otra vez el titular) más repetidas en la infancia y adolescencia de muchísimas personas insoportables, que en la edad adulta no soportan el no ser el centro de atención. Perder protagonismo, por poco que sea, les parece horripilante y no aciertan a comprender el porqué todo el mundo no está continuamente pendiente de ellos. A usted ya le habrá venido a la cabeza imágenes de amigos, familiares y compañeros que encajan a la perfección con tales características. Yo conozco a muchas, pero no hablaré de ellas, sino de famosotes que no logran ser felices sin ser el centro de atención en todo el mundo.

¡Qué les voy a contar de Belén Esteban!, que no soporta que se hable de otra cosa que no sea su propia vida en un estudio de televisión. El día de la muerte de Michael Jackson no podía comprender que nadie hubiera acudido a hacerle fotos mientras compraba el pan. También está Aída Nízar, que tiene un serio problema, pues se cree lo que ella misma dice. Nunca se fíen de alguien que hable de sí mismo en tercera persona. Con el tiempo, me agradecerán el consejo.

También tenemos a personajes como Ramoncín, una 'personalidad' dentro del mundo del pop y en la defensa de los derechos de autor. O artistas como Miguel Bosé, Ana Belén, Víctor Manuel o Sabina, que parece que son de izquierdas y se lo creen. Por salir en los medios., lo que sea. Es el precio que se debe pagar por pertenecer al selecto club de los ¡miradme, miradme, miradme.! David Beckham, a pesar de sus innegables cualidades futbolísticas siempre se las apañaba para ser el primero en abrazar a cualquiera de sus compañeros que hubieran marcado algún gol. No sé como lo hace, pero siempre está ahí. Recurran a la videoteca y verán que no les miento. Si no era noticia por su buen juego o alguno de sus goles siempre se buscaba la vida para asegurarse su portada en los diarios deportivos.

Soy un fanático de The Beatles desde que, a la edad de 8 años, escuché por casualidad 'Drive my car' en el viejo walkman de un compañero de clase. Soy, modestia aparte, un gran experto en todo lo que concierne a los Beatles. He escuchado, leído y visionado prácticamente todo el material existente sobre los 'Fab Four' y he llegado a la conclusión de que el amigo Paul McCartney debería ser el presidente de honor del club '¡Miradme, miradme, miradme!' Aunque en su caso, bien podría ser de la cara 'B': '¡Escuchadme, escuchadme, escuchadme!'. Hasta que tomó las riendas de aquel viejo bajo 'Hofner' en el cuarteto de Liverpool, jamás una línea de este instrumento había alcanzado tal protagonismo melódico en una canción. Y que conste que esas canciones me parecen fabulosas y considero a McCartney el mejor bajista de la historia; quizás el bajista más melódico que existe. Imagino lo que debe de ser aguantar a un fuera de serie con tanto afán de protagonismo dentro de tu propio grupo. Sus compañeros cuentan que él era el que controlaba todo, el que llevaba la voz cantante en todo lo referente a las grabaciones. En los conciertos era siempre el primero en gritar 'one, two, three, four', aunque hay una ley no escrita por las que esas palabras las debe de pronunciar siempre el batería (nobleza obliga). También cuentan que, como era el más habilidoso a la hora de interpretar música y dominaba varios instrumentos, nunca quería que los músicos que contrataban para las grabaciones aparecieran en los créditos del álbum. Como decía George Harrison, «Paul siempre quería dar la sensación de que él era el que tocaba todo». También fue sir Paul McCartney quien anunció la separación de Los Beatles, cuando había sido John Lennon quien había abandonado la banda meses antes, entre otras cosas para no tener que aguantarlo a él. Me imagino como se debía sentir el pobre George Harrison cuando, muy de vez en cuando, le dejaban grabar alguna de sus canciones y tanto en la parte vocal como en el solo de su guitarra era la melodía del bajo quien requería toda la atención del oyente. Escuche 'Something' o 'Here comes the sun' por poner algún ejemplo.

Pero bueno, también para ser justos y en honor de su memoria y grandeza hay que reconocer que nunca hizo una línea de bajo tan simple y poco imaginativa como la de 'Free as a bird', aquella que sacaron a mediado de los 90, inédita, en la que los entonces tres miembros vivos del grupo cantaban con el desaparecido Lennon en una grabación realizada pocos días antes de su muerte. En ese momento, una persona tan vanidosa como McCartney no quiso quitarle nada de protagonismo a su mejor amigo; eso le honra y nos hace darnos cuenta de que todos tenemos la opción de entrar en el club de los '¡Miradme!' con posibilidades de amnistía para abandonarlo.

Para ser justos yo mismo pertenecí a ese club de vanidosos a finales de los 90. En las primeras actuaciones y grabaciones de mis grupos a punto estuvo de venir un responsable del libro Guinnes de los Record porque, jamás en la historia, se habían hecho más figuras bombo-charly-caja en una grabación. Creo que incluso una vez metí un redoble de 12 tiempos en un 4x4, y no me pregunten como. Pero la gente evoluciona y ha de aprender a que su ombligo no es el centro del universo. Piensen en todas las personas que conocen de su ámbito merecedoras de ingresar en tan triste club y castíguenles simplemente con la más dolorosa de las acciones. La indiferencia.

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