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:: ELOY GARCÍA
Miércoles, 23 de junio 2010, 11:04
El tan privilegiado como desconocido entorno natural de Navatrasierra, situado al noreste de la provincia de Cáceres, es el marco en el que se desarrolla la ruta de hoy. La solana de la sierra de Altamira, junto con las del Hospital del Obispo y la Palomera, conforman un singular valle cuyo aislamiento ha favorecido su conservación como enclave natural único. La marcha discurre por la sierra de la Palomera, con inicio y final en la zona de recreo junto al puente de los Horcones, a pocos metros a la carretera que une Navatrasierra con la carretera de Guadalupe, a unos siete kilómetros del casco urbano. De este hermoso enclave parte una pista de tierra a través de la cual nos adentraremos en un pinar, dejando un segundo camino a la derecha. Poco después del primer kilómetro andado llegaremos a un depósito de agua, donde un cortafuegos cruza por la pista.
Al salir del bosque de pinos, el camino se estrecha bordeado por espesos matorrales y madroñales. A unos 500 metros, y dejando un tercer camino a la izquierda, encontramos un espacio abierto que ofrece una gran panorámica de la sierra. Desde este punto se eleva una amplia ladera cubierta de brezo, jaras y madroñas rematada en la parte más alta por pedreras, matorrales y robles. Mirando hacía la derecha se divisa la hoya de la Venta; a su espalda, el cerro Carbonero de 1.424 metros.
Siguiendo la línea de la sierra se adivina el contorno redondeado de la hoya de Guadarranque, donde nace el río del mismo nombre, que cruzamos cuando es poco más que un arroyo. Pasada esta garganta, se atraviesa otro arroyito que baja de la hoya de los Cervales, situada entre los dos picos más altos de la sierra de la Palomera, el Cervales y el Telégrafo que rondan los 1.440 metros.
Dejando atrás otro cortafuegos, llegaremos a la valla de la Reserva Ecológica La Ventosilla. Aquí abandonamos el camino original para tomar otro que sale a la izquierda junto a una balsa de agua. Seguiremos de frente, ascendiendo por la ladera de un cerro cubierto de pinos que tendremos que atravesar. Antes, es recomendable volver la vista para contemplar la espléndida panorámica de la sierra de la Palomera. Tras atravesar el pinar llegamos a las Cancheras del Ajo. Un kilómetro más adelante hallamos el de la Celadilla, desde donde se puede visitar el Molino de la Trucha, situado en un paraje de gran belleza. Para llegar a él deberemos descender por un camino que encontramos a la derecha hasta que encontremos el curso del arroyo. Ida y vuelta supone kilómetros más de marcha.
En el collado de la Celadilla, proseguimos la ruta en dirección norte, en bajada, contemplando a la derecha el valle del Guadarranque que se pierde en el horizonte. Al llegar a un cruce de caminos, a unos 800 metros, tomaremos el que encontramos a la izquierda que desciende por el valle de Perdiguero hasta cruzar de nuevo el río Guadarranque.
Transcurridos dos kilómetros, alcanzamos la finca del Águila, poblada de alcornoques, y pasamos a caminar sobre una pista con buen firme. Después de superar una pequeña elevación nos adentramos en la zona del Robledillo, donde se agrupan los robles alrededor de los cañados que hay a uno y otro lado del camino. A 1,4 kilómetros topamos con la carretera CV-20, tomándola a la izquierda llegamos en media hora al punto de partida.
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