

Secciones
Servicios
Destacamos
JUAN DOMINGO FERNÁNDEZ
Sábado, 3 de julio 2010, 10:38
-Nació en Ibahernando, 'el pueblo de los protestantes'. Incluso en su familia hubo algún protestante ¿no?
-Sí, mi madre. Toda la familia de mi madre era protestante. Mi abuelo materno fue el primer maestro de la misión evangélica de Ibahernando. Ahora acaba de salir un libro precioso que se titula 'Ibahernando, el pueblo de los protestantes'.
-Su padre fue médico rural. ¿Cómo recuerda la infancia?
-Con cierta nostalgia.
-¿Hasta qué edad estuvo en Ibahernando?
-Cuando yo tenía un año mi familia se traslada a Don Benito y mi padre deja de ser un médico rural para ocupar algunos cargos oficiales. Fue un cambio bastante grande. Aquello fue como llegar a una ciudad.
-Lo que ocurre es que mantuvo el contacto con el pueblo ¿no?
-Sí, yo iba porque en mi familia éramos muchos, siempre alguno tenía que ir a otro sitio en verano para hacer aire. [Risas]. A mí me gustaba ir a Ibahernando porque estaba mi tía Julia, que era maestra, y solía pasarme un mes en su casa cuando tenía entre los 6 y los 9 años, aproximadamente.
-¿Por qué estudió Arquitectura?
-Siempre me interesaron las Artes Plásticas y la Historia del Arte, pero como era una actividad considerada poco práctica (mi padre era muy exigente en cuanto a la elección de las carreras, de los estudios) me decidí por Arquitectura porque de alguna manera conjugaba varios mundos. Y bueno, en realidad luego me he dedicado toda la vida a las artes plásticas. La arquitectura la dejé aparcada definitivamente en el año 1978, cuando trabajaba con José María Garcia de Paredes al que me unía muy buena relación. En su estudio se hacían, fundamentalmente, auditorios, arquitectura para la música.
-¿De qué se considera más deudor, del racionalismo alemán o del individualismo y escepticismo españoles?
-Pues ni de una cosa ni la otra. Las relaciones son extrapolables. En un momento te apasiona mucho el racionalismo alemán (que también tuvimos un racionalismo español de cierta importancia) y en otro te sientes más atraído por los romanticismos. Pero creo que la individualidad no está reñida ni siquiera con los formalismos. Hoy funciona todo, tanto en los trabajos individuales como los colectivos. Hoy hay también una enorme libertad para hacer lo que se quiera y con el tiempo se acaba asimilando todo.
-¿Por qué o por quién perdería la cabeza José María Viñuela?
-Por una buena empresa, difícil, estimulante... Algo parecido a lo que supone montar un Centro de Artes Visuales en Cáceres. He perdido la cabeza varias veces por cosas de este tipo.
-Es amigo de Andrés Trapiello.
-Le conozco.
-¿Y cree que seguimos necesitando a gente de fuera que elogia a Extremadura para que apreciemos su verdadero valor?
-Eso es relativo. Está bien que conozcan qué es Extremadura, que la descubran, porque no está muy bien descubierta. A mí me llama la atención que amigos catalanes que llevan cuatro o cinco años descubriendo Extremadura, vengan por aquí como si fueran al extranjero. Vienen a descubrir una tierra que no conocen.
-Le voy a poner en un aprieto. Elija un proyecto arquitectónico de España que le hubiera gustado firmar.
-El Museo de Arte Romano de Mérida, de Rafael Moneo.
-Ha sido jurado de concursos de arquitectura a propuesta del Ayuntamiento de Madrid. ¿Hubiera aprobado el primer proyecto del Hotel Atrio en Cáceres?
-[Pequeña pausa]. No. Pero veamos, esto hay que matizarlo. Lo que llamamos el primer proyecto del Atrio de Cáceres no era un proyecto, era una idea de proyecto. Y estuvo precipitadamente presentado y mal explicado. No era la idea que los arquitectos tenían del edificio, ni siquiera la que los clientes deseaban. Todo el lío que se montó con ese proyecto fue consecuencia de la precipitación y de una mala presentación, además de toda la parafernalia mediática. De ninguna manera hubiera entendido ese proyecto como el más adecuado, ni por el entorno ni por la funcionalidad del edificio. Sin menospreciar el valor de esa idea de proyecto, no tenía las condiciones que hubiera permitido un desarrollo posterior consecuente con lo que se quería para el lugar y la utilización del espacio.
-¿Por qué cree que existe tanta distancia entre el ciudadano medio y el arte contemporáneo?
-Muy sencillo. Digamos que desde el siglo XX, el arte ha sufrido un proceso de intelectualización muy fuerte. Las vanguardias artísticas, todas las aportaciones de los diferentes movimientos posteriores, nunca han pensado en la facilidad de apreciación de las obras. Por el contrario, han extendido el proceso de distanciamiento con el receptor de las obras.
-¿Por qué?
-Porque en el siglo XX hay un corte muy fuerte con la tradición artística. Y ya a finales del siglo XX, a partir de los años sesenta, ese corte es radical, hasta el punto que la tradición grecorromana histórica se rechaza por completo hasta que llega la postmodernidad que empieza otra vez a recuperarlo todo. Los artistas han teorizado muchísimo (como lo hicieron los grandes del Renacimiento y del Barroco), pero no con la intensidad que lo han hecho los de ahora, que prácticamente sólo hacen teoría y dejan la práctica un poco de lado. Y además esos son los que marcan mucho el territorio de actuación del arte. En el arte de hoy lo que ocurre es que hay un distanciamiento muy grande entre creadores y receptores, porque los procesos de producción están totalmente intelectualizados y entonces al individuo corriente, al que no le dedica atención suficiente a este medio, le cuesta bastante entenderlo.
-¿Donde piensa retirarse cuando se jubile?
-Creo que estaré a caballo entre varios sitios. Porque es necesario viajar. Tengo necesidad de ver centros donde se están produciendo cosas nuevas. Lo hago ahora y cuando esté jubilado lo haré con más frecuencia. Estaré a caballo entre Madrid, Extremadura y el resto del mundo.
-¿Recuerda cuál fue el primer cuadro que adquirió para usted?
-Yo no tengo mucho afán coleccionista. De hecho, soy de las personas que se dedican al mundo del arte que menos obras poseen. No tengo el instinto coleccionista, simplemente. El primero creo que fue un cuadro de Santiago Serrano que compré en los años setenta. Un monocromo muy influido por cierto minimalismo y también por el expresionismo abstracto americano. Yo había organizado entonces una exposición importante en el Museo Municipal de Madrid, en la época de Tierno Galván, se llamó 'Madrid DF' y tuvo mucho eco. Santiago estaba entre ellos, vi un cuadro que me gustó muchísimo y se lo compré. Luego he comprado algunos más, pero no tengo más de dos docenas de cuadros. Porque me paso la vida entre cuadros y llegar a casa y ver más cuadros... Hay que descansar un poco la mirada.
- Cuando un espectador le pregunta, desconcertado «¿pero esto es arte?». ¿Qué le responde?
-Pues muchas veces le tienes que decir: «¿Usted qué cree? ¿Le parece que es arte?». Si me pregunta si es arte yo le tengo que decir que sí. Ahora, yo no le voy a explicar por qué. Tiene que ser él el que tenga los mecanismos de aprehensión para saber si es arte o no. Y esos mecanismos no te los puede dar cualquiera. No te los puede dar el que está a tu lado como un guía de museo. Lo importante es la relación de la persona con la obra.
-¿Sin política no hay arte?
-Es lo mismo que decir que sin vida no hay política o que sin política no hay vida. La política lo impregna todo. No cabe la menor duda. Hasta los artistas que nos parecen más inocentes, como eran los minimalistas (formalmente muy puros, muy estrictos), eran artistas eminentemente políticos. Y sus escritos son escritos de ruptura con la tradición, de análisis de la situación política del momento. Somos animales políticos.
-¿Cuánto cree que tardará Extremadura en valorar lo que supone un centro como este de la Fundación Helga de Alvear?
-Se tardará, porque el arte de nuestro tiempo que se va a mover aquí es muy del momento y del entorno cultural global. Y se necesita un contacto con él, que es como el roce, que hace el cariño. Tienes que estar acostumbrado a verlo. Preguntarte por qué se hacen estas cosas... Por qué ese señor (Thomas Demand) decide hacer una pieza con lingotes de oro, que no son lingotes, sino maquetas, o sea, que está jugando con los medios de representación del arte de toda la vida: la imagen de una realidad más o menos ilusoria. Es lo mismo que hacían los pintores barrocos.
-¿En un mundo globalizado como el actual tiene sentido hablar de periferias artísticas?
-Sí. Siempre hay un lugar para individualidades y para grupos que están fuera del contexto más centralizado. Hoy, el mundo del arte está mucho más disperso que hace 25 años, donde había un gran foco en Nueva York y muy pocos lugares en Europa tenían un gran foco de atracción artística o de producción. Y Nueva York ya no es lo que era, ahora en Europa hay un montón de periferias, por decirlo así, con una potencia enorme y muy diferentes. La gente tiene movilidad, capacidad de analizar las situaciones y el arte, en definitiva, es una crónica expresiva de lo que pasa. Una crónica refinada y a veces muy sofisticada. Pero es una forma de expresión del mundo que nos rodea.
-¿Recuerda cuál es la última novela que ha leído?
-Sí, 'La soledad de los números primos', de Paolo Giordano.
- ¿De haber vivido, cree que su hermano Eladio hubiera terminado ganando un premio Nobel, como su maestro, Severo Ochoa?
-No lo sabemos. Es muy difícil de prever. Porque eso son azares de la existencia donde intervienen muchas variables. No lo sé. Pero sé que ya fue suficientemente buen científico sin el premio Nobel.
-Dígame una manía suya.
-Pues una manía es que me gustan las cosas excelentes.
-¿Y le da problemas?
-Muchos, porque las excelencias no abundan. Son muy escasas. La excelencia es inalcanzable.
-Confiese un sueño, una aspiración.
-Poder seguir teniendo una vida activa, conforme a las cosas que me interesen, que es lo que he conseguido hacer desde hace 40 años. Con una gran libertad de movimiento, de actuación y comprometiéndome en las empresas que lleguen a interesarme mucho.
-¿A quién cree que es más difícil de convencer de la importancia del arte, al político profesional o al ciudadano de la calle?
-Creo que siempre hay que aproximarse más al ciudadano de la calle.
Publicidad
Publicidad
Te puede interesar
Publicidad
Publicidad
Recomendaciones de HOY
Esta funcionalidad es exclusiva para suscriptores.
Reporta un error en esta noticia
Comentar es una ventaja exclusiva para suscriptores
¿Ya eres suscriptor?
Inicia sesiónNecesitas ser suscriptor para poder votar.