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Domingo, 18 de julio 2010, 12:15
Hace casi veinte años que Francisco González Grajera inició las obras de una casa muy particular y mundialmente conocida por la cantidad de publicaciones que se han hecho eco de su diseño bautizado como construcciones «gaudirreoides». Se trata del 'Capricho de Cotrina' al que no le vemos su final, aunque Francisco -que ya cuenta 74 años- asegura que, en un par de ellos estará terminado. Y es que durante los últimos cuatro Francisco, a quien en Torremejía, su pueblo natal, le llamaban 'Cotrina'-, no ha colocado ni un ladrillo ni un sólo azulejo por culpa de una normativa del ayuntamiento ya que este chalet- como el resto de la zona de La Cortapisa de Los Santos de Maimona - es una construcción alegal.
«Pero estoy viendo que todo el mundo acaba sus casas y yo voy a hacer lo mismo. Ahora trabajo en la zona que será mi dormitorio, una estancia unida al cuerpo central del edificio por ese túnel que asemeja un gusano cuya cabeza es la habitación», explica.
Francisco está satisfecho de la solidez del edificio- ladrillo y mortero de cemento-, y de sus formas, que recuerdan la obra de Gaudí. Asegura que la obra de este arquitecto de fama mundial la conoció durante un viaje a Barcelona, después de haber diseñado y comenzado su proyecto, y nos enseña los bocetos de hace mas de 19 años. Desde luego que lo de Gaudí no tiene nada que ver con lo mío; aquel hombre hizo obras faraónicas y esta es una simple casa que ideé para dejársela a mis hijos. Tengo siete, de ellos dos ya casados, y voy a cumplir mi promesa».
Una casa de un artista que tiene un punto de locura a la hora de dar rienda suelta a su imaginación sin pautas concretas ni acomodaciones al entorno donde está construida. Es por ello que destaca sobre las demás y llama la atención a quien se acerca a ella. Francisco no estudió arquitectura, pero ni falta que le hizo para levantar esta pieza claramente incluida en los edificios bautizados como 'gaudirreoides'.
Un regalo para los hijos
Francisco fue albañil en Torremejia, Mérida y Vizcaya y luego, una vez retornado a la tierra, montó con sus hermanos una fábrica de manufactura del mármol en Los Santos de Maimona.
«Yo espero disfrutar de este lugar con mis hijos. Pero es que te voy a contar más: como la casa sólo cuenta con cinco dormitorios tengo en mente hacer unos apartamentos junto a la piscina, de diseño acorde con el resto. Mi idea es que el 'Capricho de Cotrina' se convierta en un parque cerrado que durante el día pueda ser atractivo turístico y por las noches se cierre para el disfrute de la familia. Yo no lo voy a vender ni a arrendar para que lo disfruten otros; este es el regalo que le prometí a mis hijos cuando eran muy pequeñitos».
La ilusión y el trabajo no le faltan a Francisco, pero reconoce que no tiene suficiente dinero para lo que resta: «Las puertas y ventanas de madera me van a costar un dineral porque tienen que ir en consonancia con el diseño en líneas curvas, pero a todo llegaremos y este capricho tendrá su final», asegura convencido.
Teme Francisco que la ordenación urbanística que se proyecta sobre una zona donde las casas ilegales han crecido como hongos pueda echar a perder este sueño que pronto será una realidad.
«Yo espero que respeten mi obra», confiesa Francisco, que es autor de dos fuentes del mismo estilo que donó al pueblo: una en homenaje a los donantes de sangre y otra al jornalero.
Desde la carretera de Zafra se ve en toda su plenitud el 'Capricho de Cotrina', con los reflejos de sus adornos colocados por el procedimiento conocido como el trencadís (trozos irregulares de cerámica partida adheridos a la superficie del muro) que Francisco ha colocado en las escaleras, barandillas, cúpulas, terrazas y hasta en el cuarto de baño, la joya de la corona en el interior.
«Yo me he convertido en embajador de Los Santos en todo el mundo, no te puedes imaginar la cantidad de gente que se interesa por la construcción y por los diseños de mis dibujos y formas. Estudiantes de arquitectura con sus profesores incluidos».
Lo último que se me ha ocurrido es esa culebra enroscada alrededor de mi dormitorio donde ahora trabajo; un señor de Jabugo me ha encargado un chalet parecido en su pueblo y ya le he enviado los planos».
Aunque Francisco no quiere que le comparen con Gaudí, es curioso que a su estilo les une otro paralelismo: el tiempo en concluir las obras. Ojalá que este proyecto se termine por quien creó su diseñó, lo proyectó y lo está ejecutando. En el libro La Arquitectura Fantástica en la España Contemporánea de la Fundación Duques de Soria se recogen las treinta edificaciones más extravagantes en distintos estilos. Uno de esos treinta edificios elegidos es el 'Capricho de Cotrina' de Los Santos de Maimona.
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