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Vicente Sánchez-Cano, la reclamación de Guadalupe. :: HOY
De Mario Conde a la Morenita
DE PERFIL

De Mario Conde a la Morenita

Vicente Sánchez-Cano Hurtado Presidente de la asociación GuadalupexEntró de 'botones' en un banco, llegó a ejecutivo en tres entidades, y 30 años después descubre Extremadura

JOSÉ L. AROCA

Domingo, 12 de septiembre 2010, 11:16

A los 14 años se dio cuenta de que tenía que ayudar en casa y entró de 'botones' en una sucursal del Banco Central en Madrid, adonde había emigrado su familia desde Zalamea de la Serena. Estudiaba y trabajaba a la vez, apenas dormía cuatro horas y media, una disciplina que forjó con los años a un influyente ejecutivo de banca, que luego trabajó al lado de Mario Conde pero un día redescubrió su origen extremeño; lo que le ha llevado a ser un testigo privilegiado y a encabezar hoy la asociación que reclama la cesión del monasterio de Guadalupe a Extremadura.

Vicente Sánchez-Cano (Zalamea, 1 de noviembre de 1949) es el tercero de seis hermanos y llegó a Madrid con diez años en 1961. Tiempos difíciles para una familia numerosa, que le obligaron pronto a trabajar pero a base de tesón sacó tiempo para estudiar por la noche. Salía del banco a las cinco, iba al instituto hasta las diez y después al Ateneo a estudiar hasta la una. «Me acostaba a las dos y me levantaba luego a las seis y media, no había más remedio».

Su inteligencia, integridad, predisposición y notas brillantes le hicieron merecedor por parte del banco de una beca con la que hizo Económicas y Empresariales en la Universidad Complutense, donde primero se licenció y luego doctoró. Sus superiores vieron en él parte del futuro del Central y le promocionaron enviándole primero a una sucursal de barrio popular, Tetuán, de donde conserva alguna anécdota. Un trabajador vestido con un 'mono' le confesó avergonzado un día que no sabía escribir. «Yo le hice el impreso y al ver el estado de su cuenta vi que tenía ¡sesenta millones de pesetas de las de la época!».

Mientras cursaba el doctorado en Económicas un catedrático impresionado por su valía le llevó al Banco Exterior para la expansión de la entidad, que juntos emprendieron, hasta que se cruzó en su vida bancaria la estrella de Mario Conde que acababa de entrar en Banesto con Juan Abelló. Con el arrollador y arrogante banquero de finales de los ochenta y principios de los noventa trabajó Vicente Sánchez-Cano en el gabinete de presidencia como subdirector de relaciones externas hasta que ambos dieron por cerrada la etapa de cercanía y nuestro protagonista pasó a la Corporación Industrial Banesto como adjunto al consejero delegado.

Una larga carrera profesional de alto nivel en la banca española en la que, salvando sus primeros años en oficinas, prefirió estar en los campos de comunicación y relaciones externas «a los que yo veía mucho futuro».

En Banesto acabó pasando por departamentos como la Fundación y la Asociación Deportiva con la que Indurain ganó cinco Tour en el equipo ciclista.

No fue una inocentada precisamente la intervención que el 28 de diciembre de 1993 realizó el Banco de España con Banesto, cuyo presidente Mario Conde dio con sus huesos en la cárcel posteriormente. El nuevo equipo de Alfredo Sáenz entendió que Sánchez-Cano nada tenía que ver y le mantuvieron para encomendarle un drástico plan de ahorro a consecuencia del cual -«yo tenía contrato de alta dirección y había que dar ejemplo»- llegó a un acuerdo con la entidad para su prejubilación en 2002, con 53 años de edad.

Hacía una década que este ejecutivo bancario enjuto, «desinteresado y honrado» según sus conocedores, había renovado su relación con Extremadura después de tres décadas de perfecta integración en Madrid en selectos círculos financieras.

La culpa la tuvo el Rey Don Juan Carlos, que tras una visita a Extremadura en 1992, a su vuelta a la Zarzuela encargó al entonces presidente de los empresarios, José María Cuevas, reunir un grupo de personas influyentes para promover inversiones en la región. Iberdrola, El Corte Inglés y grandes bancos como Banesto atendieron la llamada y este último nombró a Sánchez-Cano consejero en la nueva Corporación Empresarial Extremeña.

Lo que hasta entonces era sólo «añoranza y recuerdo» del origen se transformó, con asuntos como el patrocinio por Banesto de la Feria de Zafra, en una nueva relación y conocimiento de su tierra. Ya prejubilado del banco compró a la Corporación Empresarial 'El Miajón de los Castúos' y en solitario emprendió este negocio de 'delicatessen' alimenticias extremeñas en Madrid, con bar, degustación y venta de productos que se ha convertido según otro paisano emigrado en «el único escaparate de postín de los productos extremeños en la capital».

El primero abrió en la zona de Cuzco, luego otro en Serrano (de próxima ampliación) y este verano el tercer establecimiento en Paseo de la Habana junto al Bernabéu. «Mi mayor satisfacción», resume Vicente Sánchez-Cano de esta aventura, «es dar empleo en Madrid a catorce familias, y en la región a otras muchas que así no han tenido que emigrar».

El Consejo Social de la Universidad, al que perteneció, fue otra aportación que le permitió aumentar la relación profesional y sentimental con la tierra. Sus cercanos destacan las magníficas y extensas relaciones que tiene en Madrid, su don de gentes, desinterés y disponibilidad horaria como elementos para que fuera «el perfecto embajador de Extremadura», y sin embargo «no se le aprovecha».

Católico creyente y practicante, aunque «con dudas», de su abuela paterna le viene la querencia a la Virgen de Guadalupe (la 'Morenita') y el intento por resolver este «anacronismo» y «agravio a la identidad extremeña». Le gustaría que el monasterio fuera cedido, un deseo tan poderoso como otro que revela, el que hubiera «más sociedad civil en la región porque la política lo invade todo; una sociedad que opine y participe, no se puede dejar todo en manos de los que mandan».

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