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«Me conformo con escribir, lo demás me importa tres leches»
ZONA DE PASO

«Me conformo con escribir, lo demás me importa tres leches»

Mordaz, tierno e independiente, huye de los convencionalismos políticos y solo rinde vasallaje a la amistad y a la literatura Jaime Álvarez-Buiza Poeta

JUAN DOMINGO FERNÁNDEZ

Sábado, 25 de septiembre 2010, 10:52

Cree que desde que se conoce sigue estando «en el mismo sitio». Luce una pequeña pulsera con los colores de la República. No le importan que le llamen en su blog «pringue zorra» o «poetastro de mierda», pero eso sí, exige que se lo digan con nombres y apellidos, dando la cara.

-¿Qué queda de aquel joven poeta que en los años setenta recorría los pueblos de Extremadura, «lírico mitinero», como le llamó Santiago Castelo?

-Queda la ilusión por la poesía.

-¿Nada más?

-En aquella época la poesía que yo creía que tenía que hacer era una poesía rápida, urgente... Más un mensaje directo que florituras. Queda mi amor por la poesía y la satisfacción de haber colaborado, de alguna forma, en que...

-Cambiaran las cosas.

-Sí, que cambiaran las cosas y hubiera una conciencia de cambio; en no conformarnos con lo que había. No me arrepiento en absoluto de la mala poesía que hice en aquella época (porque algunas eran muy malas) pero el fin al que iban destinadas merecía la pena.

-¿Y era llamativo en su familia que el pequeño de diez hermanos tuviera 'veleidades literarias', por decirlo así?

-Veleidades literarias no porque el tío de mi madre era Gerardo Diego (yo soy de segundo apellido Diego) y bueno, no resultaba llamativo el hecho de escribir. Sí chocó un poco lo que escribía y aquellos recitales de poesía de los años setenta, pero no dentro de mi casa, sino en la familia de fuera de mi casa. Porque mis padres tenían su ideología, claro, pero nunca jamás, jamás, me criticaron porque expresara mi ideología e hiciera los poemas que tenía que hacer. Jamás.

-Empezó los estudios de Sociología en Madrid, pero los dejó. ¿Por qué?

-Lo dejé de una manera forzada. La verdad es que estaba un poco cansado. Empecé Sociología con 21 años, porque trabajaba en la tienda [la relojería Álvarez-Buiza] y llegó un momento en que quería salir de aquí. Estuve tres años y además me fue muy bien porque era un estudiante aplicado. A mí me quitaron la prórroga de estudios por un recital que di en Mérida a favor da la huelga de la construcción. Yo leí un par de poemas, combativos. Cuando salía me dijo la gente que me estaba esperando la Policía fuera y me escapé por un pasillo. Fíjate cómo sería la cosa cutre aquella que después nos marchamos a la Plaza de España y estuvimos allí con la guitarra cantando y no pasó nada. Entonces volví a casa, a Badajoz, y me vino a buscar la Policía. Me escapé otra vez y fui a ver a un abogado que había en la calle de los Árboles, que ahora no recuerdo su nombre, y al final fui a declarar a Comisaría y estuve una mañana declarando allí. Volviendo al cutrerío: me dijeron: «Vaya usted y traiga los poemas que leyó en Mérida. Que se meta usted con Franco..., pero con Juan Carlos, si todavía no ha empezado siquiera...» [Risas]. Fue así. Entonces yo rectifiqué un poco los poemas y me dije, «Bueno, pues esto no ha acabado mal del todo». Había estado toda la mañana declarando con un ser un poco desagradable. Me acuerdo que me preguntó: ¿Y usted qué hizo? «Pues yo cuando acabé el recital me fui a la barra y me pedí un cubalibre». Y dijo el tío: «¡Ah!, un cubalibre, querrá decir usted una coca-cola con ginebra». En fin, cosas de estas que parecen de 'Torrente'. Y cuando me iba me preguntó: «Usted tenía prórroga en la mili». Sí, sí, le dije. «Pues ya no la tiene».

-¿Y dónde hizo la mili?

-En Almería primero y luego en Granada. Cuando llegué a Granada había un cabo y yo veía que se venía conmigo. Se me queda así mirando y me dice: «Tú eres poeta, ¿no?» ¿Tú por qué lo sabes? «No, porque se te nota». [Risas]. Y bueno, entonces conocí a la que ahora es mi mujer, se fueron juntando las cosas y ya está. Aparte de que había mucho tonto allí, mucho ilustrado analfabeto, en la Universidad. Y ahora lo corroboro en la Universidad, en la que trabajo también.

-No es amigo de capillas ni de cenáculos literarios. Pero no se muerde la lengua, precisamente. En su poema 'Para todos ellos' escribe: «Disfruto la alegría/ de todo su desprecio». Haciendo amigos...

-La amistad es algo que va en dos direcciones. Yo soy amigo tuyo, tú eres amigo mío. La enemistad, que yo no me he buscado, simplemente ha llegado...

-..sobrevenida.

-Sobrevenida, va en una dirección. Y a mí es que me dan absolutamente lo mismo. Y en efecto, «disfruto la alegría de todo su desprecio», porque me da igual. Mi cupo de vanidad lo cerré hace ya muchos años. A mí me han tenido, entre comillas, marginado, dentro de lo que puede ser el estatus de la cultura oficial y de todas estas puñetas que no valen para nada, pero me da igual porque yo seguía escribiendo y seguía publicando; si yo lo que quiero es escribir. ¿Para qué escribo? Pues para escribir, con eso me conformo. El estar en un sitio o en otro, el estar en esta antología o no estar, el que te inviten a un sitio o te lleven, me importa tres leches.

-Dígame, así en corto, que le sugieren estos nueve nombres: Jesús Delgado Valhondo.

-Mi padre.

-Santiago Castelo.

-Un buen amigo mío.

-Ángel Sánchez Pascual.

-Un buen amigo mío también.

-Ángel Campos.

-No era un amigo mío, pero es un gran poeta.

-Miguel Hernández.

-Uno de mis ídolos de juventud. Después he ido puliendo y conociendo más. Miguel Hernández ha influido mucho en mi poesía, sobre todo en la primera.

-Mario Benedeti.

-Un poeta yo creo que sobrevalorado en muchos aspectos.

-Tomás Martín Tamayo.

-Un gran amigo mío. Siempre a mi lado.

-Manuel Pecellín.

-También. Y a pesar de que yo me fui de la Asociación de Escritores Extremeños por una disputa que tuve con él, es un gran amigo mío.

-José María Casado.

-Bueno, pues digamos que el dueño de mi casa poética.

-¿Le molesta que la estatua de Pacheco, Álvarez Lencero y Delgado Valhondo se conozca popularmente como 'los tres cabezones'?

-A mí no me molesta, no. Las cosas son así. Aquí [y señala uno de los extremos del Paseo de San Francisco] había una fuente que llamaban 'La última lágrima de Carapeto', que fue la última fuente que se hizo cuando fue alcalde Ricardo Carapeto. Me parece ingenioso... Es que son cabezones... [Risas].

-¿Poéticamente, de quién se considera más próximo, de Quevedo o de San Juan de la Cruz?

-Creo que hay una mezcla ahí... Me quedo de Quevedo con la parte burlesca e incisiva, y de San Juan de la Cruz con la parte más lírica. Creo que tengo parte de los dos. Vamos, parte de los dos, bendito sea Dios, que ojalá la tuviera quiero decir.

-¿Y de quién más próximo, de Neruda o de César Vallejo?

-De Neruda. César Vallejo me encanta pero es un poeta bastante más oscuro, más críptico, y yo creo que mi poesía no es así. De Neruda tengo en casa todavía todos los libros de Losada que traía a La Alianza de extranjis Carlos Doncel. Neruda es un poeta inmenso.

-Tuvo una agria polémica con Francisco Muñoz y con Ignacio Sánchez Amor. ¿Ya está todo olvidado?

-Hombre, olvidado no, está ahí. Vamos, a mí me importa bien poco. La polémica con Francisco Muñoz fue muy sencilla. Francisco Muñoz, siendo consejero de Cultura, represalió un libro de un escritor extremeño como Manolo Pecellín. Además de represaliarlo a él. Total, porque salió un manifiesto de apoyo a Ibarra en unas elecciones autonómicas y pusieron el nombre de Pecellín sin su consentimiento. Y él lo único que hizo fue escribir cuatro líneas en una carta al diario HOY diciendo que habían utilizado su nombre sin su consentimiento, que él no había firmado eso. Aparte de la represalia personal, porque él estaba en la Diputación, tenía un libro magnífico para publicarse de la Bibliografía Extremeña, que es una labor que hace impagable, porque es una máquina de trabajar y una máquina de leer, y entonces, represaliaron un libro. Eso me pareció una cosa aberrante, me parece el Fahrenheit 451. Y yo escribí un artículo diciendo la trayectoria de don Francisco Muñoz.

-Pero un poco faltón, quizás.

-Un poco... faltón, puede ser; un poco fuerte. Pero la trayectoria de cada cual es la que es. Y además acababa diciendo que éste, Francisco Muñoz, acabaría en el puesto de trabajo que le buscó Manuel Pecellín en la Diputación entrando por la gatera. Y al final es lo que ha pasado. Yo me acuerdo de los desvelos de Pecellín por Francisco Muñoz y cuando fue consejero ¡le represalió un libro! Eso fue. Y encima me pide 50 millones de pesetas de indemnización. Pues mire usted, al final gané los dos juicios: en primera instancia y luego en la Audiencia. Tengo idea de que él quiso seguir hasta el Tribunal Supremo o hasta donde vaya eso y que Ibarra, por una vez fue inteligente, de las pocas veces que lo ha sido, y dijo: estate quieto ya, no hagas más el ridículo. Y después has dicho Ignacio Sánchez Amor...

-Sí, Sánchez Amor.

-Esa fue otra polémica, porque yo me metí con las becas que daba la Consejería de Cultura. Y yo a este señor es que ni lo conocía. Y escribió un artículo absolutamente... dices tú que el mío era faltón, vamos, el que él escribió, 'La exacta amargura de un relojero de provincias', vamos, eso fue... Y era un señor que yo no sabía quién coño era. Es verdad. Ahora lo sé, pero lo ignoro; pero antes no sabía ni quién era. ¿Pero bueno, este tío de dónde sale? Porque me metía con la política de becas de la Consejería de Cultura y a última hora doña Leonor Flores me vino a dar la razón, porque en una entrevista que le hicisteis en el HOY dijo: se acabó el café para todos y se acabó el dar subvenciones aquí para que no nos critiquen, con lo cual, al cabo del dios-te-salve, coño, pues la misma consejera de Cultura me da la razón. Pero yo me lo pasé muy bien con la polémica esa. Con la de los 50 millones no tanto, pero con la de Ignacio Sánchez Amor me lo pasé bomba.

-Si el PP ganara en Extremadura, ¿cree que su amigo Martín Tamayo sería consejero de Cultura?

-Yo creo que no. Tomás, el jodido, es que es complicado. Ahora ya, a estas alturas, creo que no; hace cinco, seis o siete años, creo que sí, pero ahora ya no. Pero... yo que sé.

-¿Cuál es el último libro que ha regalado o que ha recomendado?

-El último que he recomendado es 'Mañana no será lo que Dios quiera', una biografía de Ángel González escrita por Luis García Montero. Un libro precioso. Ángel González es un poeta que me da una envidia... Los últimos libros que fue sacando, como 'El otoño y otras luces' los leía y me ponía rabioso de la envidia. Porque es un poeta de una sencillez tan complicada... Dice tantas cosas en cuatro palabras...

-¿Echa algo de menos del Badajoz de su infancia?

-Para empezar, mi infancia. Es que el Badajoz de mi infancia era otra cosa, era un refugio casi. Yo iba al colegio a la calle Donoso Cortés andando. Estabas protegido. Tuve una infancia muy feliz.

-Incluso echará de menos el cine.

-Por supuesto. Los cines. Hoy hemos estado hablando en la Universidad de los cines de verano que había en Badajoz. Creo que nos han salido ocho o nueve. El Cine Goya, el Cine Ideal (empresa Parroquial), el Cine San Fernando, el Cine Avenida, el Cine Santa Marina, la Plaza de Toros. El cine ha sido mi infancia también. El venirte aquí a las sesiones infantiles del Menacho e ir andando tan campante... El cine es mágico.

-Dígame tres novelistas extremeños que le parezcan imprescindibles.

-Gabriel y Galán, José Antonio; Felipe Trigo y Tomás Martín Tamayo, que tiene una novela publicada sobre Poncio Pilatos y otra no publicada todavía que son palabras mayores.

-¿Y contemporáneos como Landero o Cercas, no?

-He leído de Cercas lo que escribió del 23-F y me pareció que le sobraba la mitad del libro. Repetía, repetía, repetía... La verdad es que no estoy muy al tanto. No soy un experto. Yo digo lo que me gusta. De Landero empecé a leer 'Juegos de la edad tardía' y no pude leerla. Y el cura este...

-Sánchez Adalid.

-Tampoco... Me aburre. Que no soy un lector de novela, ¡eh!

-¿Justo Vila tampoco?

-¿Justo Vila? 'La agonía del búho chico', pero eso no es una novela. Me gustó la novela de Jorge Márquez que ganó el Premio Ciudad de Salamanca, pero me parece que, bueno..., que ya está.

-¿La política le interesa solo como espectador?

-Sí, solo como espectador. De siempre.Yo estuve siete meses en la Editora Regional (no en puesto político, estaba de coordinador) y eso no hay quien lo aguante. Lo que yo viví, eh. Un sectarismo y una cerrazón... Los partidos políticos que he conocido son las organizaciones más antidemocráticas que existen. Fíjate la que está liada con Tomás Gómez en Madrid... Y este le ha echado dos cojones. Es «por aquí, por aquí, y no te salgas, que te vas». Además desde fuera es mucho más fácil porque puedes decir lo que te dé la gana. [Risas].

-Publicó su último libro, 'Presagio del silencio', en 2006. ¿Para cuándo el próximo?

-Tengo un libro bastante avanzado. Quizás para 2011, 2012... Pero no tengo prisa porque las prisas, como decía Juncal, para los ladrones y para los malos toreros. Le puse 'Palíndromos' porque con la edad que uno tiene trata de vivir la vida en las dos direcciones. Ya me quedan más recuerdos que vivencias. Pero no me esfuerzo, porque forzarse en creación no es bueno.

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