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JUAN DOMINGO FERNÁNDEZ
Sábado, 9 de octubre 2010, 14:27
A Román Hernández le gusta la soledad y pasear en solitario. «El hombre que camina solo pone las ideas en fila», asegura. Pero también necesita escaparse a su pueblo y relacionarse con la gente. Es el signo de quien posee una voluntad de hierro y pasión por el trabajo.
-¿En un museo hay que tener mucha mano izquierda para no dañar la vanidad de los artistas que quieren estar representados en sus fondos?
-Uff... [Risas]. ¡Es que saca usted un tema! Efectivamente, hay que tener mucha sensibilidad con los artistas no representados, con los artistas que no tienen una representación suficiente y claro, a veces es comprometido. Como todos sabemos, hay artistas y artistas. Yo digo que hay genios de la pintura y hay pintores. Hay pintores de primera, de segunda y de tercera. Cuando hay una falta de espacio tan grave, la representación del artista genera problemas de incomprensión.
-Hace unos días el ensayista francés Marc Fumaroli proponía que no se llamara 'arte' al arte contemporáneo. ¿Está de acuerdo con eso?
-¿Al arte contemporáneo 'arte'?
-Sí, se refería sobre todo a ciertas obras o a instalaciones, como esas de Damien Hirst, con tiburones en formol...
-Sí, sí. Yo lo he dicho y además lo he escrito: en el arte contemporáneo, en el arte actual, creo que no todo es arte. Partiendo de la base de que debemos ser muy respetuosos con los nuevos lenguajes artísticos, que debemos estar abiertos a las nuevas propuestas y que el arte tiene que evolucionar, también hay que decir que no todo es arte; hay cosas que se intentan pasar por arte y no llegan al nivel ni de ocurrencias. Hay arte que se quiere colar como arte y no va más allá de un decorativismo. Hay arte que está falto de inteligencia y de dotes, pero hay un arte contemporáneo que se está desarrollando y que es el que debemos mantener, porque es el que pasará a la historia cuando la guadaña de la historia del arte actúe.
-Nació en Torre de Miguel Sesmero, el mismo pueblo de Juan Barjola.
-Sí, además tengo una casa allí, a escasos metros de la casa de Juan Barjola.
-¿Le conoció personalmente, le trató?
-Tratarle no, porque él era de una generación mayor; pero sí le conocí, y a su padre, que le decían 'Pitillo'. Vivo a unos metros de donde él nació y donde ahora vive su hermana Candelaria.
-Pero sus gustos personales se inclinan más por la pintura figurativa, realista ¿no?
-Evidentemente, lo figurativo... Mi formación es muy clásica. Soy de aquellos que estudiaban muchos años de Latín y de Griego.
-¿Dónde hizo el Bachillerato?
-Yo entré en el Seminario de Badajoz en el año 1962. Hay que tener en cuenta que en aquella época nada más había un instituto, que era el de Badajoz, y entonces a los que éramos de pueblo nos resultaba muy difícil estudiar en Badajoz si no teníamos una tía, un pariente... Y si además eras pobre, pues la solución era el seminario.
-Al seminario se le llamaba entonces «el instituto de los pobres».
-Recuerdo que con 12 años, después de estar tres meses en el seminario, llegué a una conclusión: «Aquí somos todos pobres. ¿Qué pasa, que somos todos pobres?» Y es que, efectivamente, es lo que tú dices, era el instituto de los pobres. Pero la verdad, tengo que decir que fue una educación clásica, muy disciplinada y muy importante para los hábitos de mi vida.
-¿Usted se peleó alguna vez de muchacho?
-Sí, claro que me peleé. No sé si contarlo. A mí me echaron del Seminario por díscolo y rebelde. Y así empieza mi currículum. Yo era un muchacho de pueblo, normal, y como muchacho, pues me peleaba con alguno y me abrazaba con otros.
-Aparte de más espacio, ¿qué echa de menos en el Museo de Bellas Artes de Badajoz?
-Evidentemente. Lo primero es más espacio y luego también, aunque no es que esté mal de presupuesto, pero si tuviese más dinero haría más cosas. Por ejemplo, este año la exposición de Murillo ha pasado muy cerca de aquí: del Museo de Bellas Artes de Bilbao al Museo de Bellas Artes de Sevilla. Si yo hubiese tenido espacio y dinero, se hubiese quedado un tiempo en Badajoz. Eso se ha perdido.
-Es doctor en Historia del Arte y dedicó su tesis a los retablos de Extremadura. ¿Cuál es su preferido, cuál salvaría?
-Difícil me lo pones. Porque si fuera un retablo del siglo XVI tendría que salvar el de Calzadilla de los Barros. Si es del siglo XVII no sé si habría que salvar el de Arroyo de la Luz, el que se quemó de Almendralejo o el de Guadalupe... Si es del siglo XVIII, vámonos a Jerez de los Caballeros y salvamos cualquiera de sus retablos dieciochescos. Es muy complicado.
-Tras el Concilio Vaticano II y la modernización de muchos templos ¿hubo retablos que acabaron en manos de anticuarios o de coleccionistas?
-Sí, con el 'aggiornamento' algunos retablos se vendieron. La pregunta es delicada porque, la verdad, algunos responsables de parroquias aparte de marear algunos santos de retablo en retablo, mudando imágenes y tableros que donde mejor estaban era donde estaban ubicados originariamente...
-Para dar el cambiazo, se supone...
-Sí, algún manejo habría. Es cierto que algunos cambios de manos y de sitios se produjeron.
-¿Qué le frustra más, que una buena exposición no sea muy visitada o que el museo guarde obras que nunca llegarán a exponerse?
-Las dos cosas. A mí me frustra mucho que haya pintura de calidad en los almacenes, pintura que podría exponer por su categoría y que no se cuelga. Luego, lo otro, me entristece. Yo hice una exposición aquí del vidrio de La Granja de San Ildefonso y me decepcionó mucho las pocas visitas que tuvo. Y fue una exposición que nos costó horrores tanto desde el punto de vista del esfuerzo personal como del económico. Ahora, eso de tener obras en el almacén y no poderlas sacar...
-¿Cuántos cuadros, aproximadamente, tiene en su casa?
-Pues tengo algunos cuadros que me han regalado pintores amigos, porque hay pintores que son muy generosos; otros no. Tengo cuadros por ejemplo, de mi paisano Barjola, unos dibujos que me regaló su hijo; de mi gran amigo, desaparecido, Juan Tena, algunas cositas muy interesantes; algunas obras del gran acuarelista Antonio Martín Cid, regaladas por él; de mi gran amigo, ya longevo, Rogelio García Vázquez también tengo cosas; de Cañamero...
-En Badajoz vive desde hace décadas posiblemente el artista vivo que ha pintado más retablos: Julián de Campos. ¿Cree que la ciudad y la región le han reconocido el mérito a su trabajo?
-En absoluto. Clarísimamente no. Ni a él ni a otros. Precisamente, aquí tenemos otro [señala uno de los cuadros expuestos ahora en el Museo] al que no se le ha reconocido, Aparicio Quintana, de Don Benito. Por eso, una de las líneas de trabajo que con más firmeza sigo en el museo es la de ir haciendo exposiciones temporales a nuestros pintores y escultores. Documentándolas, haciendo buenos catálogos, mostrando sus obras durante dos meses y poniéndolos en valor. A Julián de Campos por supuesto que no se le ha reconocido.
-¿La sensibilidad artística es más importante para los creadores modernos que para los de siglos anteriores, en que era más prioritario vender las obras?
-No. Antes, en los siglos del Renacimiento o del Barroco, el artista vivía de su trabajo, tanto de los retablos como de la pintura. De tal modo que sale a buscar contratos y no hay fronteras para él en aquellos siglos. Él busca trabajo. Y allá donde lo encuentra, allá que se va. Es increíble ver la movilidad de los artistas de la época. Por ejemplo, a Morales lo vemos trabajando tanto en Badajoz como en Arroyo de la Luz o en Salamanca, por poner un ejemplo señero. Actualmente, yo creo que el artista también trabaja por una recompensa económica, de prestigio... como en siglos anteriores. Quizás ahora el artista tenga más formas de expresión, porque antes, el que era pintor era pintor y no hacía otra cosa que pintar; incluso siendo pintor, había dos tipos de pintores, el que policromaba y el que pintaba lienzos. Pero todo el mundo trabaja por dinero.
-Los retablos en las iglesias, ¿quién los pagaba, los fieles, la jerarquía?
-No, no. Hay una frase en la documentación que dice con mucha frecuencia: «Hízose de limosna». Que quiere decir que lo pagó el pueblo previo permiso y autorización de las autoridades eclesiásticas. Y alguna veces la presión era tan grande, por ejemplo en el desaparecido retablo de Azuaga, en el que el Ayuntamiento se empeñó tanto en el retablo que vendió todos los beneficios de la dehesa boyal: la hierba, la bellota; incluso no tenía para dorarlo y vendió la sementera, es decir, la cosecha de cereales. Y la cosecha de cereales fue segada, ¡gratuitamente!, por los jornaleros de Azuaga en días festivos, previa autorización eclesiástica. Eso fue en el siglo XVI. Pero en el de Zafra, que es del siglo XVII, los monjes de la ex colegiata (ahora es parroquia) iban pidiendo por las calles de Zafra, puerta a puerta y, bueno, si no se contribuía... se les recordaba desde el púlpito el domingo. «Hízose de limosna», con el dinero de todos los fieles.
-Dice que la creación de una Facultad de Bellas Artes mitigaría la diáspora extremeña, pero la ubicación sería motivo de peleas seguramente.
-Sí, pero eso pasó también cuando empezó la universidad en Extremadura, que hubo una polémica acerca de dónde se ponía. Pero lo importante sería que hubiese facultad; el segundo problema dónde, y el tercero, que funcionase.
-¿Se disfraza en Carnaval?
-Yo voy disfrazado todo el año. [Risas]. No, no soy carnavalero.
-¿Y deportista?
-A mi edad, con más de sesenta años, el deporte que practico es ir caminando a todas partes. No cojo el coche nunca. Me suelo hacer todos los días un mínimo de cuatro a ocho kilómetros. Luego tengo mucha actividad al aire libre. Los fines de semana me voy con mi mujer a Torre de Miguel Sesmero y camino mucho por la Sierra de Monsalud, que me parece un ámbito maravilloso. Soy recolector de setas. También me gusta recoger hierbas aromáticas, berros y otras cosas.
-¿Y diría que es más de hablar o de escuchar?
-Yo creo que, lamentablemente, soy más de hablar.
-¿Por qué lamentablemente?
-Porque muchas veces se dispara uno hablando y no escucha al otro. Y a veces hasta el silencio es terriblemente elocuente.
-¿Si tuviera que subirse a un tren que se llama 'tradición' o a otro que se llama 'modernidad', ¿a cuál se subiría?
-¿No hay ninguno que zigzaguee entre modernidad y tradición?, porque es que me subiría en ese.
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