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ESTEFANÍA ZARALLO ezarallo@hoy.es
Domingo, 21 de noviembre 2010, 13:41
AGUARDAN tranquilos, en un cercado ubicado en el siempre idílico paisaje de la dehesa, en las rayanas tierras que intercalan España con Portugal a la altura de Alconchel. Un vehículo les sorprende instantes después del amanecer, circulando por un camino anexo. Es lo único que perturba su paz.
Tienen mirada noble y en algunos de ellos se vislumbra trapío y eso que aún son becerros. En concreto 64. Aún son pequeños pero cuando el inevitable devenir del tiempo deje sobre ellos su impronta se convertirán en las vacas y en los toros que harán que perviva el ganado bravo en el campo extremeño. Pero para eso aún falta mucho.
Para ellos acaba de comenzar un nuevo día pero este no será uno cualquiera. Estos animales pasarán a formar parte de la historia de la ganadería de Marqués de Villalba de los Llanos. Serán inscritos en el libro genealógico y quién sabe si alguno de ellos será indultado, si darán éxitos y triunfos a sendos toreros o si serán las vacas que críen a los futuros animales que preserven la pureza de esta ganadería. En la finca 'La Cercada' hoy es día de herradero. El fuego grabará sobre su cuerpo el número que les identificará, su guarismo y los sellos de la ganadería y de la Unión de Criadores de Toros de Lidia (UCTL).
La jornada empieza poco después del amanecer, sobre las ocho de la mañana. En esos instantes de niebla y tibios rayos de sol, comienzan a prepararse los caballos con los que se realizará la labor ganadera. Presto a llevarla a cabo se encuentra el propio ganadero, Miguel Moreno, acompañado del matador de toros Santiago Ambel Posada, que es, a su vez, su sobrino. También hay otros toreros ayudando, el novillero Jesús Díez Larios 'El Fini', quien lleva temas administrativos para la ganadería y el banderillero Fernando González que este año ha actuado en la cuadrilla de Ambel. No podía faltar el mayoral, Antonio, y los vaqueros, junto a la veterinaria Carmen Arrobas y una pareja de la Guardia Civil que vela porque todo se desarrolle con la máxima rigurosidad.
La primera tarea puede parecer la más sencilla pero es quizás la más compleja. A caballo deben conducir al grupo de becerros de un cercado a los corrales, paso previo al herradero. Se encuentran junto a algunas vacas y dos de los sementales que les han transmitido su estirpe. Por el tiempo que llevan tienen la querencia en ese lugar por lo que podría resultar complejo su traslado. Los mansos ayudan en esta labor iniciando el camino y rodeándolos para conducirlos a los corrales. Esta labor no les lleva mucho tiempo y por fortuna todo se desarrolla sin incidentes. La manada llega en unos minutos. El primer paso está hecho.
Ya con los animales en los corrales es el momento de separar los machos de las hembras, aunque obviamente primero hay que dejar a un lado a las vacas de cría y a los sementales que les acompañan. Mientras se realiza esta tarea, el ganadero habla de ellos. Explica que compró la ganadería de Martín Berrocal que provenía de Carlos Núñez. «Aquí le hemos echado un semental que aprobamos aquí mismo de lo que venía. Después tenemos también un toro que nos ha prestado Antonio Briones, de Carriquiri, que es del mismo encaste Núñez», narra Miguel Moreno que reconoce que es una satisfacción que salgan becerros de toros aprobados por él.
El toro aprobado en esta casa es digno de admiración por sus hechuras, trapío y mirada noble. El maestro Ambel Posada fue el encargado de lidiarlo en el campo, en la coqueta plaza de tientas de 'La cercada' que tiene la peculiaridad de ser cubierta, aunque a pocos metros de la zona donde se lleva a cabo el herradero se prevé construir una nueva. A simple vista, echando un ojo a los becerros se puede reconocer a algunos de sus descendientes aunque no es turno ahora de buscar genealogía sino de separar a los machos de las hembras.
La pregunta es casi obligada. ¿Cómo saben desde arriba cuáles serán futuras vacas y cuales toros?. Responde Ambel Posada. «Por la cara. Mira -dice mientras señala a un becerro- este es macho seguro porque tiene la forma de la cabeza más ancha y aquella de allí -vuelve a señalar- es una hembrita». Lo cierto es que lo que parece complejo no lo es tanto y observando con detalle se aprende a diferenciar por sexos a los animales.
Esta distinción se hace porque toros y vacas llevan un número de hierro distinto. El año pasado, la última vaca que se herró llevaba el número 133 por lo que la primera de esta camada llevará el 134. Por su parte los machos comenzarán a herrarse con el número uno.
Tras separarlos llega la hora de ir haciéndoles pasar uno a uno hasta el cajón de curas. Antes de eso, la joven veterinaria Carmen Arrobas toma nota del número de crotal -que es un trozo de plástico que se coloca en la oreja las horas posteriores al nacimiento del becerro con los datos que lo identifican- y anota el hierro con el que serán marcados así como la capa y alguna particularidad que pudiese tener.
Una vez 'registrado' es el momento de pasar al cajón donde son inmovilizados. Previamente el fuego ha ido calentando los hierros que están ya dispuestos para marcar a las reses. La primera es una hembra que recibe el número 134 en el costillar, mientras que en la paletilla se marca con el guarismo cero. Este corresponde al último dígito del año de nacimiento (2010).
Año ganadero y año natural
No obstante, el año ganadero no se corresponde con el año natural. Como bien comenta Miguel Moreno, «los que herramos hoy son los nacidos de junio de 2009 a junio de 2010». Así los becerros que hayan sido paridos en el primer semestre del año se marcarán con la última cifra del año en el que han nacido mientras que los que nacen en el segundo semestre llevan la cifra del año siguiente.
Junto al número y al guarismo va, sobre la parte superior del anca, el hierro de la ganadería de Marqués de Villalba de los Llanos. Esta debe estar inscrita en una de las asociaciones de cría de toro bravo. En este caso, la Unión de Criadores de Toros de Lidia, por lo que se lo coloca una letra 'u' encima del hierro. Si perteneciese a la Asociación Nacional de Ganaderías llevaría una 'a', a la Agrupación de Ganaderos de Lidia una 'e' mientras que si fuese asociado de Ganaderos de Lidia Unidos llevaría una letra 'l'.<
Esta ganadería no realiza ningún corte ni hace ninguna señal o incisión en las orejas de los becerros, tienen lo que se denomina 'orejisana'. Lo único que se hace es retirar el crotal en el caso de los futuros toros. Incluso en algunas plazas han llegado a salir astados con los crotales aún en sus orejas, algo que sin duda afea estéticamente la estampa del toro bravo.
Miguel Moreno, Ambel Posada, 'El Fini'... entre todos llevan a cabo esta faena típica del ganado bravo. Poco a poco se va convirtiendo casi en una rutina. Tras poner los hierros, se rocían las marcas con un spray que protege las heridas de posibles infecciones. Eso sí, conviene tener cuidado cuando el animal sale del cajón, pues alguno de ellos podría 'volverse' y dar un pequeño susto a todos los que están realizando la labor.
Miguel Moreno afirma que es un día de trabajo pero también una jornada de mucha ilusión. «Estos becerros -afirma el ganadero- son hijos de toros nuevos que hemos echado y estamos deseando herrarlos para probar a las eralas y a los machos irlos tentando para ir probándolos. Es un día en el que comienzan las ilusiones».
No es para menos. Es compleja la labor del ganadero y en el fondo, gran parte de los resultados dependen del azar, pues la naturaleza es sabia pero no siempre dos y dos son cuatro. No hablaba de toros de lidia pero sí de naturaleza Luis Chamizo que como bien escribió en sus fandangos extremeños, a veces juntar al burro grande y 'jaronazo' y a la burra pequeña pero despierta no da como resultado un animal con las mejores cualidades de sus progenitores.
En este sentido se expresa Miguel Moreno. «Tienes una vaca buena -comenta- y le echas un toro que ha sido bueno y que ha embestido. Lo normal es que ligue y que salga bueno el becerro, pero puede ser que sean buenos pero no liguen». Sin embargo, eso también hace interesante y bonita la labor del ganadero.
Bien lo saben en esta casa. «Si fuera fácil -narra Miguel- todos seríamos ganaderos y todos saldrían embistiendo, pero como se ven en las plazas salen muy pocos».
Pasada la una del mediodía terminan de herrarse todos los becerros. Todos ellos vuelven al cercado inicial en el que se ubicaban, conducidos nuevamente por los mansos. Permanecerán en 'La cercada' hasta que el ganadero así lo decida. Su labor no es sencilla, pero sin duda una labor vocacional como la del ganadero de bravo lleva impreso también un amplio conocimiento del toro y del campo, que en su caso podría decirse que es genético pues este ganadero es hijo de uno de los rejoneadores más importantes que ha tenido este país: Gregorio Moreno Pidal.
Nada más bonito que un padre transmita a un hijo su amor por la tauromaquia y nada más importante como que éste sepa mantener todos esos conocimientos y llevarlos tan bien a cabo como el ganadero Miguel Moreno al frente de Marqués de Villalba de los Llanos.
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