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JUAN DOMINGO FERNÁNDEZ
Sábado, 4 de diciembre 2010, 02:32
Sabe lo que es organizar conciertos y gestionar espacios culturales ligados al mundo de la hostelería. Conoce las tablas de los teatros desde tres perspectivas: como espectador, como autor y como director. Por su mano pasa, desde hace una década, el teatro que ve Cáceres.
-¿El teatro es como un animal que necesita protección?
-No estoy muy seguro, la verdad. No sé si necesita protección o puede sobrevivir en cualquier circunstancia, como ha hecho siempre.
-Siempre, pero con ayudas.
-Claro, un poco de ayuda siempre tiene que tener. Es un artículo caro, no digo de lujo porque es de primera necesidad, y el público por sí mismo es muy difícil que lo pueda mantener.
-A quien se pregunta por el sentido del teatro cuando ya está el cine ¿usted qué le responde?
-El teatro es una manifestación necesaria para el ser humano. Expresarse teatralmente es una forma de arte, de comunicación, de expresión artística. Nada va a acabar con ella, como nada va a acabar con el libro.
-¿Recuerda la primera obra de teatro a la que asistió?
-Creo que fue una 'Venganza de Don Mendo' en la que mi padre hacía de actor, pero no era el don Mendo. [Risas].
-¿Qué papel hacía?
-No recuerdo muy bien, porque se representó en el Cine López de mi pueblo, yo tenía entonces once o doce años. Sin embargo, mi relación fue mucho antes con la televisión que con el teatro. Por la arquitectura tan especial de Villanueva de la Vera sí que estuve como extra a los siete u ocho años de edad en un par de rodajes de aquella televisión. Uno era 'Ya tenemos maestra'. Nos quedábamos alucinados porque íbamos corriendo, entrábamos en casa de César, en la Plaza Mayor y por dentro era la escuela del barrio. Y también recuerdo otro rodaje: la historia de unos abueletes que se iban a Madrid con los hijos, a Leganés, me parece, y se morían de pena como los gorriones y se tenían que volver. Se llamaba 'Volver al pueblo'.
-¿Dónde ha encontrado más «falsedad bien ensayada», como dice el bolero, delante o detrás del telón?
-¿Delante del telón entendemos en la vida normal? Pues delante del telón. Aunque la gente del teatro es muy complicadita...
-¿Tiene la sensación de haberse vendido en algún momento de su vida, de haberse traicionado a sí mismo?
-Bueno... a veces se hacen cosas que uno no haría, sí. Pero, vamos, tampoco mucho. Yo estoy bien aquí porque creo que tengo bastante independencia y creo que las cosas se van haciendo y se cumplen las expectativas. No he tenido injerencias importantes. Situaciones difíciles las hay en todos los sitios, en todos los trabajos. La sensación de hacer algo que yo no hubiera hecho, pues sí, pero la sensación de haberme vendido, no.
-Regentó la sala Por Ejemplo en la época en que dio el primer concierto Extremoduro.
-Sí, no lo regenté. Creamos el Por Ejemplo, lo tuvimos tres años y medio y luego lo traspasamos. Éramos tres socios y entre nuestros éxitos está el que Extremoduro diera el primer concierto. Roberto Iniesta me ha pedido muchas veces aquel cartel, que estaba hecho a mano por mí. Fui una vez a llevárselo al Hípico y no sé lo que pasó que al final no pude acceder al camerino y me volví a casa con él. Para mí hubo también otra cosa importante, que fue una exposición de artistas gráficos en aquella sala que era de marcha, casi una discoteca, y donde de lunes a viernes éramos capaces de empapelar las paredes y hacer exposiciones, como aquella con Narbón padre, Fernando Carbajal, Valentín Cintas, Luis Casero, Talavero, entonces muy jovencito... Estaban todos. Y después otra cosa muy bonita fue el premio de fotografía. Era un sitio muy activo, un contrapunto al Rita que complementó la vida cultural de entonces.
-Y también estuvo en el Corral de las Cigüeñas.
-Sí, y dio Pedro Guerra el primer concierto en la Península, cuando se salió del grupo canario. Fue un poco trampa por parte de Luis Pastor, que es el que tenía que haber actuado. Con el Corral estuvimos siete años y medio y con Por Ejemplo tres años y medio. Lo llevaba con mi hermano y en cada caso con un socio diferente. En Por Ejemplo era Nemesio Vivas y en El Corral era Andrés Pérez.
-Pero ahí se ocupaba más de las actividades culturales ¿no?
-Si, de la parte cultural, además de trabajar cuando hacía falta, claro.
-¿La sociedad civil está perdiendo empuje frente a las iniciativas institucionales?
-Pienso que no. Ahora mismo hay muchas iniciativas. Yo veo el Habana Espacio Libre, el Belleartes, el Corral sigue haciendo cosas, La Traviata acaba de enviar un correo diciendo que si tienes algo que exponer y te atreves a que la gente diga lo bueno o lo malo que eres, que lo lleves, que lo mandes... y yo aquí, como director del Gran Teatro, he recibido muchas propuestas que hemos apoyado. Por ahí va la cosa: el Irish Fleadh, que fue una iniciativa de Luigi Giuliani y Fernanda Valdés; nosotros lo arrancamos, pero cuando vimos que funcionaba, nos fuimos retirando un poco, y se ha ido a San Jorge porque ha crecido. El Festival de Blues. Yo apadriné algunas de las reuniones. Ese tipo de iniciativas es bueno que existan y que surjan desde lo privado porque tienen a veces más posibilidades para hacer las cosas. En la Sala Dos tengo a Jacinto, el actor de la Salmantina, que está organizando unos encuentros. Esta noche tenemos Teatro Forum que organiza la asociación de Investigación Teatral de Julio César Quesada Galán y Fulgen Valares... Viene Ignacio García May, un autor, hacemos una lectura dramatizada y luego hablamos un rato con él en plan tertulia... En fin, creo que todo lo que venga de la iniciativa privada tiene que ser apoyado desde lo público y además sin cortapisas.
-¿Entonces no cree que se esté perdiendo el empuje que tuvo Cáceres en otras décadas?
-Creo que no, quizás lo que se está perdiendo es la forma de vida de los ciudadanos. Es que salimos menos. Hay muchos conciertos y no debe de ir mal porque la gente sigue yendo a los bares y se siguen haciendo conciertos. Pero quizás hay menos estudiantes en la calle porque con los estudiantes se puede contar hasta el jueves, porque después el fin de semana se van. En aquellos años de los que hablamos era todo lo contrario: estaban deseando quedarse. Nos quedábamos aquí los que veníamos a estudiar a Cáceres. Y enriquecíamos un poco más la noche y lo alternativo.
-Está en el Gran Teatro desde el año 2001. ¿Es mitómano? ¿Se ha fotografiado con las grandes figuras que pasan por Cáceres?
-Tengo algunas fotos, pero no creo que más de quince o veinte. A mí me cuesta mucho molestar y soy cortado.
-Hace poco declaraba que si le pagaran, trabajaría como lector. ¿Y como espectador de cine?
-El cine lo tengo un poco abandonado, pero me atrae muchísimo. Si me pagarán también trabajaría como espectador de cine, debe de estar entre los tres o cuatro mejores trabajos que hay.
-¿Y siente predilección por algún director?
-Soy muy forofo de Jacques Tati.
-Tiene un humor que no es muy español...
-No, es muy francés, pero me encanta. Me encanta 'Mi tío', me encanta 'Las vacaciones de monsieur Hulot'. He sacado muchas cosas de ahí, sobre todo para mis cursos de teatro. Expresar con el cuerpo. Es una referencia. Y si hablamos de españoles, pues Fernando Trueba, pero también otros muchos, claro.
-¿Qué le quita el sueño?
-En el teatro me quitan el sueño dos cosas: el público y los dineros. Para pagar al día, las administraciones, la verdad, no funcionan. La gente viene, trabaja y a lo mejor cobra quince o veinte días después; no somos como los ayuntamientos, pero cobramos cuando cobramos... Y el público, porque si tú apuestas por algo y no sale bien, es como tirar el dinero a la calle. Eso también me preocupa.
-¿Recuerda la última vez que ha llorado?
-Lloro bastante a menudo.
-¿Sí?
-Sí. Doy una imagen de tranquilo y de mucho autocontrol, pero lloro con frecuencia. La última vez hace dos semanas, con mi madre, que tiene alzhéimer, agarrado de su mano. Está en una residencia en Villanueva de la Vera.
-En alguna ocasión se han referido a usted como un activista cultural. ¿Para eso qué se necesita, más voluntad o más presupuesto?
-Creo que ahora ya estoy más alejado de esa figura. Porque esa figura es más para la calle, para el que lo hace con sus propios medios y yo lo hago con medios públicos. Para hacer ese tipo de cosas hacen falta más voluntad y tiempo que presupuesto.
-Pero también se puede ser un activista cultural desde las instituciones.
-Sobre todo si se tiene esa independencia que yo digo que tengo y procuras no perder el norte. A mí me preocupa mucho estar pendiente de lo que pasa. Cuando presentemos Escenas de Invierno, con el teatro contemporáneo para enero y febrero se verá que estamos preocupados por todo: por la situación, por las compañías, por el público...
-Cuando deje el Consorcio del Gran Teatro ¿qué piensa hacer?
-Desde luego ya no me puedo separar del teatro, de ninguna de las maneras, soy del teatro y tengo un cordón que se ha afianzado. Estoy unido al teatro por la literatura, en lo personal, porque es lo único que creo que debo hacer. Y luego puedo dedicarme a cualquier cosa como medio de vida. No tengo ningún problema en volver a la hostelería o a lo que haga falta.
-Escribió relatos eróticos a finales de los años noventa. ¿Se atrevería a escribir uno sobre fútbol?
-Perfectamente. El fútbol me interesa, sobre todo desde que leí 'Saber perder', de David Trueba. Aunque no soy nada futbolero.
-¿Sigue escribiendo relatos?
-Sí, he empezado hace cinco o seis años una novela que se llama 'El sembrador de adoquines' y que se desarrolla en Cáceres. Pero necesito tiempo y yo además del teatro tengo la familia, con los niños pequeños, y eso influye. No puedo dedicarle demasiado tiempo. Una obra de teatro son 60.000 caracteres y se puede escribir más o menos rápido, pero una novela, no. Entonces me he tirado al relato. He empezado otra cosa que se llama 'Paseo Alto y otros cuentos'.
-¿Quién sería ahora, en España, el Lope de nuestro teatro clásico?
-Pues hay varios que podrían estar ahí perfectamente. El otro día me sorprendió Paco Becerra, que es un chavalín, que tiene aspecto de chavalín además, que ha ganado el Calderón y el Premio Nacional de Teatro y nadie le ha representado ninguna obra. A mí me parece que Juan Luis Mira está bien; y Leila Ripoll. Hay muchos: está Sinisterra, Alonso de Santos, evidentemente, Sergi Belbel... Paloma Pedrero, cómo no. Yo creo que no hay tanta crisis de autores. Además, es gente que está escribiendo de lo que preocupa a la sociedad actual. Lo que quizás falta es que las compañías monten más obras de autores contemporáneos.
-¿Las redes sociales son un poco como los mentideros de nuestra época?
-Las redes sociales son una cosa rara. Yo no me quiero despistar mucho de las tecnologías, y hago cosas, pero la verdad es que me defraudan. Creo que en ellas hay mucha banalidad. Facebook, por ejemplo, me parece una gran tontería. Y tampoco puedes meter nada serio porque inmediatamente puede tener una interpretación que no te guste. Me gustan más los blogs.
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