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M. BARRADO TIMÓN
Jueves, 3 de febrero 2011, 01:24
Pocos antropólogos se dedican todavía al estudio de las tribus antiguas, que casi no existen y sólo un número limitado de ellos practica la Antropología Forense, que tan de moda está en las series de televisión. El resto de los antropólogos trabaja en lo que constituye objetivo fundamental de la ciencia que practican: «En la diversidad cultural, heterogeneidad, multi e intraculturalidad de la sociedad actual -contesta el antropólogo Javier Marcos Arévalo-. La diversidad cultural es la especialidad de lo humano. Somos iguales, pero tremendamente diversos. Los antropólogos somos especialistas en lo local y en la diversidad cultural».
Javier Marcos Arévalo es el director de Etnicex, la revista de estudios antropológicos que acaba de editar APEA (Asociación Profesional Extremeña de Antropología), que trata de aglutinar a los profesionales de este área en Extremadura para defender sus intereses y potenciar esta disciplina científica en la región.
APEA está formada en la actualidad por unos 50 asociados y confía en aglutinar e impulsar este colectivo que es «una profesión muy desconocida, pero absolutamente viva y dinámica».
Esta especialidad se cursa como licenciatura de Segundo Ciclo, que en Extremadura se imparte en la Facultad de Formación del Profesorado y ya ha evacuado hacia el mercado laboral a una docena de promociones, con unos 600 licenciados aproximadamente, según explica Javier Marcos.
«Se trata de una carrera que sigue interesando a los alumnos -manifiesta el antropólogo- y que cubre anualmente las plazas que se ofertan». Algunos de los licenciados salidos de esta facultad han encontrado trabajo en Extremadura, fundamentalmente en instituciones para la investigación de asuntos como el Derecho Consuetudinario y proyectos de desarrollo relacionados con Iberoamérica.
Marcos Arévalo asegura que los antropólogos tienen «un espacio laboral preciso y muy delimitado» y está convencido del excelente futuro de la profesión, aunque duda sobre si la región podrá absorber el número total de antropólogos que sale de su Universidad.
En las circunstancias profesionales quiere incidir precisamente APEA, según Jacinta Sánchez, secretaria de la asociación. Hay que tener en cuenta que todavía no existen colegios profesionales para estos trabajadores, aunque esta es una carencia que podría resolverse en el curso de pocos años.
Otro objetivo de APEA es «poner en valor la Antropología extremeña», a lo que contribuirá sin duda la revista recientemente creada que quiere ser «divulgativa y rigurosa», según Javier Marcos y una futura web aún en estudio que anticipa Joaquín Valhondo, tesorero de la asociación.
La revista Etnicex cuenta con asesores de prestigio y un comité científico con miembros procedentes tanto de Extremadura como de Cataluña, Andalucía, Argentina, México, Portugal o España. «La revista está abierta a cualquier contribución de estudios sobre la cultura extremeña en cualquiera de sus manifestaciones como los bienes culturales, el patrimonio, la cultura tradicional y la popular o la demografía», dice el director de la misma. También tendrán acogida los estudios de dialectología, filología, lingüística, medicina popular y la relación entre la salud, la enfermedad y la cultura. Igualmente podrán considerarse bienvenidos los estudios de patrimonio en relación con el turismo y con el desarrollo sostenible.
Los trabajos de investigación que APEA trata de estimular tienen intención de llenar el gran vacío que los estudios antropológicos han sufrido en las últimas décadas en nuestra región.
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