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ISABEL URRUTIA
Viernes, 1 de abril 2011, 11:53
No es un chiste. Háganos caso, que no mentimos: hoy se celebra el Día Internacional de la Diversión en el Trabajo. Y sí, estamos de acuerdo en que este invento americano se importó en muy mala hora. La efemérides se estrenó en España con gran revuelo mediático en abril de 2008, cuando aquí se tachaba la crisis económica de cuento para viejas. Así que, bueno, maldita la gracia. ¿Quién se podía imaginar lo que se avecinaba? Con cerca de cinco millones de parados (4.696.600) y una precariedad laboral galopante, que no respeta ni las canas ni la ilusión de los más jóvenes, parece que no hay muchas razones para pegar saltos de alegría. Basta con mantenerse a flote y sentirse agradecido.
Un panorama que, claro está, no se vislumbraba hace tres años. O, al menos, es lo que repetía machaconamente nuestro Gobierno. De ahí que al titular de Trabajo, Jesús Caldera, se le escapara la risita floja al conocer las reivindicaciones de los entusiastas que se dejaron caer en su ministerio luciendo traje y bombín de pega. No eran barrigones, ni llevaban tirantes, ni gafas ahumadas ni reloj con leontina de oro macizo, pero parecían el vivo retrato de una viñeta de Forges. Se presentaban como la avanzadilla de una consultora llamada Humor Positivo -o sea, los que tuvieron la ocurrencia de implantar en España esta jornada tan desternillante- y ya entonces sus demandas arrancaban sonrisas de todo tipo: abiertas, esquinadas y la mayoría a medio camino entre el 'ohhh' y el 'je, je, je'.
Unos lechuguinos
¿Dónde se había visto que se exigiera un día señalado para recordar la importancia del 'buenrollismo' en la oficina? ¿Quién se podría imaginar que los juegos de mesa, las sesiones de papiroflexia o los bailes hawaianos debían de ser primordiales? Todo esto, y mucho más, se les debió de ocurrir a los promotores de la iniciativa, mientras se arrancaban con un 'chiki-chiki' corporativo delante de las cámaras, al poco de aterrizar en el ministerio aquel soleado uno de abril de 2008. ¡Viva el salero, la alegría y el desparrame entre colegas!
Es lo que vendían los fundadores de la consultora de marras -de nombre Humor Positivo, recuerden- y ahí siguen. No piensan cambiar a pesar de la debacle que ha puesto el mundo patas arriba. Ni Eduardo Jáuregui ni Jesús Damián Fernández -psicólogo y pedagogo respectivamente- se apean de una idea que forjó en 1996 la agencia estadounidense Playfair, dispuesta a marcar tendencia y apuntarse un tanto. El ambiente laboral se había vuelto irrespirable en EE UU, con demasiados lechuguinos o veteranos reciclados que se morían de ganas por parecerse a un 'tiburón' de Wall Street. Daba igual que se tratara de un banco o una peluquería, la agresividad se mascaba y a muchos les sentaba como un tiro. Playfair lo veía claro y, por el bien de los trabajadores, decidió acabar con los malos humos de un plumazo.
Recurrieron a unos cuantos estudios científicos para confirmar que las endorfinas (hormonas que se disparan apenas te echas unas risas) tienen efectos analgésicos, estimulan la imaginación y aumentan la productividad. De cualquier cosa: lo mismo artículos sesudos sobre los calcetines del que fuera marido de la Duquesa de Alba, el sin par Jesús Aguirre, como experimentos dirigidos a combatir alguna de las muchas enfermedades mortales que todavía nos amenazan. El estado de ánimo es determinante en el rendimiento. Por eso, hay empresas norteamericanas que no se limitan a tomar buena nota del coeficiente intelectual en las entrevistas de trabajo; lo más 'in' es fijarse en el 'coeficiente humorístico' de los candidatos. La capacidad para carcajearse a mandíbula batiente se valora, a veces, casi tanto como el dominio del chino mandarín.
Pescados por el aire
Como lo oyen, esa variable tronchante empezó a ganar peso antes de la crisis, sobre todo después de que la pescadería Seattle Pike Place Fish se hiciera famosa en medio mundo: sus empleados se liaron la manta a la cabeza y convirtieron el jolgorio en su santo y seña. Ni cortos ni perezosos, se dedicaron a repartir besos y achuchones entre la clientela y no dudaban en lanzar la mercancía por los aires antes de envolverla. ¡Entretenido ya parece!
El éxito de Seattle Pike Place Fish responde a una época de vacas gordas, cuando la gente se sentía confiada, con energía y dispuesta a gastar lo que no tenía... Ahora el futuro se muestra cargado de nubarrones y la mayoría solo quiere ponerse a cubierto. Tan sencillo como eso.
¿Diversión en el trabajo? A estas alturas, disponer de ingresos fijos y dignos es motivo suficiente para saltar de un brinco todas las mañanas. Aunque todavía haya quienes se lamentan porque su actividad profesional les aburre o les toca sufrir un jefe tan sumamente corrosivo que les ha causado una úlcera. O igual están hartos de las intrigas en la empresa, con media plantilla llevando un cuchillo entre los dientes y la otra mitad escondida debajo de la mesa. Nadie dijo que fuera fácil ganarse el pan de cada día.
Así las cosas, la última genialidad de los impulsores del Día de la Diversión en el Trabajo en España será la organización de un 'encierro'. No uno cualquiera. A saber, un puñado de voluntarios -ataviados una vez más de ejecutivos decimonónicos- correrá hoy por las calles de Madrid con un pañuelito rojo al cuello delante de... ¡la crisis económica! Algo simbólico, claro. Han anunciado que la mantearán entre risas y veras. Y ojalá, en serio, fuera verdad. Eso sí que nos quitaría un peso tremendo de encima.
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