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ANTONIO GILGADO
Jueves, 25 de agosto 2011, 13:42
Lo que sucede en el azud del Guadiana ya no extraña a nadie, lleva tantos años abandonado que los usuarios habituales de la zona -piragüistas y pescadores principalmente- no se escandalizan cuando se topan con bolsas de plástico, botellas de cristal o restos de un picnic.
Pero el deterioro en este parque natural avanza y en verano se acentúa mucho más. La basura que se acumula en los márgenes del camino asfaltado que sale desde el Puente Real se multiplica estos días por la afluencia de grupos y parejas durante la noche al embarcadero.
Por la mañana, al amanecer, los pescadores y piragüistas más madrugadores se cruzan con jóvenes que aún no han terminado su noche de fiesta. Cuenta Bárbara Broza, monitora del club de piragüismo, que este año se ha puesto de moda venir hasta aquí de botellón al final de la noche y bañarse con algunas copas demás.
Más allá del temor a que algún día la fiesta termine en tragedia, la primera consecuencia palpable de estas noches de verano se guardan en los tres grandes sacos de basura que ayer se amontonaron en la caseta del club de piragüismo.
Los restos se recogieron a primera hora de la mañana por los propios piragüistas, hoy previsiblemente volverán a hacer los mismo -depende de cómo vaya la noche- y el lunes con toda seguridad tendrán que coger de nuevo el cepillo y el recogedor. Los chicos no tienen ninguna obligación de ejercer de barrenderos, pero es la única manera de asegurar que los más de cien niños que acuden cada mañana con las piraguas no se corten con cristales o tengan algún desagradable tropiezo entre los muchos preservativos que hay en el suelo.
Al incivismo de los que acuden cada noche se une también el abandono de las administraciones. En todo el paseo no hay ni una sola papelera donde tirar restos, tampoco hay contenedores, lo que obliga a los miembros del club a transportar los sacos de basura en sus propios coches. En el club ya se han quejado varias veces al Ayuntamiento de lo que allí sucede, pero en el Consistorio le reiteran que se trata de un problema que debe solventar la Confederación Hidrográfica del Guadiana porque el azud entra dentro de los terrenos de su competencia, y en la Confederación les responden que la limpieza de los márgenes debería asumirla el Ayuntamiento.
El viejo refrán que reza 'uno por otro y la casa sin barrer' sirve para explicar por qué los camiones de la contrata de limpieza municipal no acuden o por qué los técnicos de Confederación del Guadiana sólo actúan tras las crecidas del río en otoño para limpiar el barro.
La vegetación sólo se poda cuando se disputa alguna prueba nacional de piragüismo, durante el resto del año, tanto Confederación como Ayuntamiento parecen desentenderse de la zona, según denuncian los responsables del club de piragüismo.
A Juan Antonio Gutiérrez, monitor del club, le molesta tanto el mal trato que muchos hacen del río como el poco caso que prestan las administraciones. «Aquí se une todo, que unos pueden hacer lo que quieran sin vigilancia y que otros no se comprometen a cuidarlo».
Han pedido al Ayuntamiento que los martes mande al azud a la misma cuadrilla que se encarga de recoger los restos del mercadillo, pero la propuesta, de momento, no ha tenido mucho éxito.
Mientras llegan a un acuerdo, el deterioro en el entorno se acrecienta. La maleza que crece en los márgenes del camino asfaltado inunda ya parte de la acera, las farolas han quedado totalmente inutilizadas tras muchos saqueos de rastreadores de cobre, las alcantarillas se han convertido en hoyos a esquivar por los coches y los pocos bancos para sentarse junto al río se han arrancado de cuajo.
Con este panorama, no extraña que un enclave diseñado para convertirse en una de las zonas de recreo más emblemáticas de la ciudad, al final se haya quedado como punto de encuentro para citas sexuales. Pero la situación puede cambiar en un futuro no muy lejano, las obras de adecuación del Río Guadiana a su paso por Badajoz también contemplan actuar en el azud, aunque no se conoce con detalle en qué consiste. La cantidad de especies que utilizan los dormideros de los márgenes convierten al azud en una zona de especial protección para aves, una figura ambiental que limita las obras y los proyectos que se puedan llevar a cabo en el entorno.
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